sábado 21  de  febrero 2026
LÍNEA DE FAIR

Bryce Harper, una apuesta segura

Bryce Harper y Mike Trout protagonizan las Grandes Ligas de la misma forma en que hace algunos años lo hicieron Ken Griffey Jr. y Barry Bonds

Por IVÁN GONZÁLEZ

A comienzos de los años 90 del siglo pasado, no había debate entre los aficionados y seguidores del béisbol que no pasara por discutir quién era el mejor pelotero entre Barry Bonds y Ken Griffey jr. Como  suele pasar, sobraban estrellas en este juego, pero todo gravitaba alrededor de este par, no sólo por sus números, sino por la posibilidad que cada uno tenía de hacer cosas en el terreno. La polémica no murió, ni con el tiempo, ni con las hazañas de otros jugadores. Siempre sobraron los argumentos para que cada quien defendiera su favorito.

Desde 2012 sucede algo similar cuando se compara a Bryce Harper con Mike Trout. Números aparte, los dos representan una manera de jugar a la pelota que resulta cautivadora. El anuncio de que los Nacionales de Washington o que los Angelinos de Anaheim visitan una ciudad se convierte en un imán, pues ambos muchachos estarán demostrando lo que saben hacer. Y la discusión no se detiene debido a que los dos tienen herramientas para cambiar el destino de un partido, tanto a la ofensiva como a la defensiva.

Yo tomo parte por Harper, como en su momento lo hice por Griffey. Queda claro que si fuese mi decisión, jamás despreciaría contar en mi equipo con Bonds o con Trout, pero sólo serían superados en la posibilidad de escogencia por ese par antes mencionado.  Y lo de Harper no viene dado por su desempeño de la semana pasada, cuando trepó hacia los lideratos de jonrones y carreras remolcadas, entre otras cosas por despachar un par de jonrones con las bases llenas en un lapso de seis partidos. Se trata del talento que le puede hacer capaz de conquistar una triple corona de bateo en cualquier momento, quién sabe si en esta misma campaña.

Hay indicios para que los pensamientos sobre Harper se conviertan en afirmaciones respecto a su talento, aunque tan sólo tiene 23 años. No es sólo que se haya convertido en el octavo pelotero más joven de las mayores que llega a los 100 vuelacercas, o que haya sido la primera selección del draft universitario apenas unos meses antes de estrenarse en la gran carpa. Es que cuando se tiene el valor de señalar que el béisbol, como se juega hoy en día con un montón de reglas no escritas que son obstáculo para el espectáculo y la diversión, es porque se tiene que tener pólvora de sobra en su arsenal. A mí no se me olvida que entre este chico y Ozzie Guillén, otro que tampoco se queda callado con facilidad, se produjo una pequeña confrontación de dugout a dugout, todo apenas en el segundo año de experiencia del jardinero.

La adaptación y la salud también han jugado un papel importante en lo que viene ocurriendo en el transcurso de estos años con Harper. En eso también se parece a Griffey, quien tuvo como gran obstáculo las lesiones. Si uno suma el total de los partidos perdidos por el recién electo al Salón de la Fama (por cierto, con la marca del porcentaje más elevado de la historia, gracias a 99,32%), se consigue un estimado de tres temporadas de ausencia, lo que pudo haber representado otros 100 vuelacercas a su cosecha, algo sumamente representativo para quien finalizara su carrera con 630 jonrones.

Harper ha dejado saber que sano no tiene rivales, ni en cuanto a las estadísticas ni respecto a su impacto en el transcurso de un partido y eso ha sido apreciado por la gente del béisbol, a quien todos observan con fruición a la espera de que se convierta en agente libre. Si eso sucediera, al término de la temporada de 2017, podremos pensar en un multimillonario con un contrato de larga duración y nada más que con 25 años de edad. Es la apuesta más segura hacia la cumbre.

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