jueves 19  de  marzo 2026
CUBA

Amado del Pino y todo lo que nos perderemos sin él

Amado se hizo muy popular entre los cubanos a mediados de los 80 gracias a una simpática escena, donde alucinaba con un cubo de potaje para sus compañeros de celda, en la película Clandestinos de Fernando Pérez
Diario las Américas | LUIS LEONEL LEÓN
Por LUIS LEONEL LEÓN

MIAMI.- El dramaturgo, crítico y periodista Amado del Pino ha muerto este domingo 22 de enero, simbólicamente el Día del Teatro Cubano, a más de siete mil kilómetros de su isla, en Madrid, donde residía junto a su esposa. Tenía sólo 56 años pero hacía un tiempo luchaba contra la amenaza de la muerte, incapaz de comprender la eterna sonrisa del cubanazo que acaba de robarse.

El rostro de Amado se hizo popular entre sus compatriotas a mediados de los 80’ gracias a una simpática escena, donde alucinaba con un cubo de potaje para sus compañeros de celda, en la película Clandestinos de Fernando Pérez. “El que no se embarra no goza”, fue uno de sus parlamentos más repetidos por el público. Pero aquella y otras incursiones en la actuación eran una mezcla de aventura, divertimento, ejercicios de dramaturgo y una forma más de ganarse la vida haciendo lo que le gustaba hacer.

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El dramaturgo cubano Amado del Pino.
El dramaturgo cubano Amado del Pino.

Escribir teatro era su mayor pasión. Sus piezas (Tren hacia la dicha, Penumbra en el noveno cuarto, Triángulo, Cuatro menos y otras más) fueron llevadas a escena por compañías cubanas y de otros países. Paralelamente al teatro, desarrolló una carrera como periodista cultural y crítico teatral. Publicó varios libros, entre ellos Los amigos cubanos de Miguel Hernández, Premio Internacional de Periodismo Miguel Hernández, que escribió junto a su amada Tania Cordero.

Algunos de sus colegas y amigos, impactados por su deceso, han compartido con DIARIO LAS AMÉRICAS palabras de recordación y despedida.

Acababa dándole la razón incluso cuando defendía lo indefendible

“Por encima de todas las cosas que fue, que quiso ser y que no pudo ser, era una manera de ser cubano. Cuando leí en el muro de Abilio Estévez que había muerto, no pensé en él ni en su amada Tania. Pensé en mí, en nosotros, en todo lo que nos perderemos sin él.

Su autenticidad, su inteligencia y su humor le permitieron ser parte de la cubanía de la manera más simple y audaz posible. Ahí están su teatro y su literatura para probar lo que digo. Amadito era tan honesto, que uno acababa dándole la razón incluso cuando defendía lo indefendible. Gente como Amado del Pino no pueden perderse la Cuba del futuro, sea cual sea, y es nuestra responsabilidad asegurarnos de que lleguen hasta allí y digan lo que tienen que decir”, dijo a este rotativo desde República Dominicana el poeta y periodista cubano Camilo Venegas.

Fue perro huevero aunque le quemaran el hocico hasta el último momento

“Como ocurre en estos casos, eché atrás la memoria y recordé el día que le conocí, hace muchísimos años. Había leído algún texto suyo en la revista Tablas y le había visto en Clandestinos y en algunos programas de TV donde le invitaban como crítico. Fue una noche, al terminar una función en la Casa de la Comedia, en la Habana Vieja. Nos fuimos al frente, donde estaba el Caserón del Tango, a tomar unos tragos. Yo acababa de entrar al ISA, era un simple pichón de teatrista y ya Amadito era un nombre insoslayable en el teatro cubano. Hablamos hasta la madrugada. Luego vinieron giras nacionales, festivales de Camagüey y de La Habana. Encontrarme con él siempre fue una dicha porque era un tipo chévere, de discusión diáfana, de sonrisa limpia, de espíritu inquieto. Amado era una buena persona, un hombre de teatro, un crítico certero y hábil, un dramaturgo humanísimo y un buen actor”, expresó el escritor y director teatral Luis Enrique Valdés Duarte, residente en Valladolid, España.

“Nuestra última conversación fue reciente. Quería estar más al tanto de mis cosas, vendría con Tania a verme, le entusiasmaba que estuviera trabajando en la Fundación Jorge Guillén y me escribió: ‘La Generación del 27 es entrañable para mí. La primera motivación de la presencia mía y de mi mujer en España fue una investigación sobre la vida de Miguel Hernández y la relación con los cubanos de su tiempo, en especial con Pablo de la Torriente Brau. A partir de esa búsqueda escribí Reino dividido, que montó Celdrán y estuvo de gira por España en 2010. Jorge Guillén me interesa mucho. Me gustaría seguir al tanto de lo que hacen y, si viniera al caso, colaborar con ustedes o participar en algo’. Se quedó pendiente. Me hubiera encantado reencontrarme con él aquí en Valladolid y dejarme querer. Amado sabía querer a sus amigos”, relató Valdés Duarte, quien lamenta, con no pocas lágrimas, no haber podido asistir a su sepelio, y agregó:

“Es muy raro estar escribiendo estas cosas sobre una persona a la que siempre sentí tan vivo, tan apasionado por el teatro, por la pelota, por la amistad, por la vida. Es muy raro pensar que ha muerto y me entristece mucho. Se ha ido hoy, Día del Teatro Cubano. Fue perro huevero aunque le quemaran el hocico hasta el último momento”.

Yo por tomar, me tomo La Habana por los ingleses

“Lo conocí a comienzos de los 80’ y de entrada me dijo que mi nombre real (Oleido Rafael) no tenía nada que ver con el joven de pelo largo, flaco, desenfadado, con un jean roto que tenía delante. Me preguntó si algún apodo y le dije que mi hermana me decía Lilo. Desde ese día me bautizó como Lilo Vilaplana”, rememoró el director de cine y TV radicado entre Miami y Bogotá.

“Escribimos dos series para televisión y hoy encontré los amarillos originales mecanografiados de una de ellas. Ha sido duro. La última vez que nos vimos fue en Madrid, paseamos, fuimos con nuestras familias a Segovia, hablamos de teatro y de proyectos. Son innumerables las anécdotas que tengo con este amigo que se nos adelanté en el camino y se me juntan todas en la cabeza. No puedo olvidar el estreno de Tren hacia la dicha, los chícharos que nos dejaba su mamá Aida en el refrigerador. “Estos chícharos congelados son la vida misma y más si tienen escarchita arriba’, decía él. Compartimos muchas noches en que a la sombra de cualquier alcohol cubano leíamos poesía o nos repetíamos los mismos cuentos. ‘Mejor que una botella era tomarse por dos, porque yo por tomar, me tomo La Habana por los ingleses’, solía decir. Discutíamos sin ofendernos de temas sobre Cuba muy dolorosos, pero jamás nuestras diferencias empañaron una amistad de más de treinta años. Revisé una de nuestras últimas conversaciones por Messenger: ‘Pa’lante hermano, crear ayuda mucho a vivir, yo lo sé ahora mejor que nunca’, me escribió. Se me fue un hermano, un hombre de teatro”, concluyó Vilaplana.

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