Preludio

En el último trimestre de 2008, mi amigo Jesús Hernández, fundador de la revista Contacto Magazine, me da la grata noticia de que finalmente había podido concertarme un encuentro con el profesor emeritus y compositor Aurelio de la Vega (1925).

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Esta espera tomó cerca de dos años: tenía muchos deseos de conocer a este enigmático gigante, cuya música ha resonado por todas las salas de concierto del mundo.

Aurelio de la Vega pertenece a la vanguardia musical contemporánea, sus obras tienen carácter universal y han sido interpretadas por prestigiosas orquestas sinfónicas, grupos camerales y solistas de alto vuelo. Al mismo tiempo, su trabajo ha quedado registrado en enciclopedias, libros de historia y hasta una de sus partituras gráficas fue publicada por la Librería del Congreso de los Estados Unidos, junto a los grandes de la historia de la música.

Allemande

En una mañana de noviembre de 2008, me preparo para ese encuentro especial: conocer al maestro Aurelio de la Vega. Después de manejar varias millas rumbo norte, llego a una casa de dos plantas, donde destacan los colores amarillo y carmelita oscuro. Un balcón sobresale.

Camino hacia la puerta que reposa en un techo de puntal alto, donde una hermosa lámpara de hierro cuelga en el portal, presumiendo modernidad y clasicismo a la vez, realzando el misterio de quien habita. El buzón está atestado de cartas y paquetes en el piso, evidencia de que se recibe mucha correspondencia.

Me arreglo el pelo y me examino de arriba hacia abajo para asegurarme de que estoy con la etiqueta necesaria para la ocasión, pues quería causar la mejor impresión y me estaba jugando la posibilidad de que él impartiera clases de composición. Después de percatarme de que todo estaba bien con mi apariencia, entonces (ya algo nervioso), toco el timbre.

Escucho unos pasos que se acercan y detienen detrás de la puerta, pasan unos segundos y aparece el Maestro De la Vega. Con una voz profunda y sonando como un

barítono en su tesitura más grave me saluda: "Hola, buenas tardes". Me quedé inmóvil por un instante y reaccioné contestándole: "Maestro, soy Yalil, el amigo de Jesús".

Para entonces, él ya tenía una idea de quién yo era y para qué que le visitaría. "Entre, adelante», me dice; y entrando en su casa le estrecho la mano agradeciéndole: "Mucho gusto de conocerle Maestro". Él respondió igualmente: "Mucho gusto".

Courante

Con paso avivado entro a la sala donde observo un piano añejado por el calendario, con un sonido intacto, detenido en el tiempo y cargado de historias musicales escritas en él. El instrumento está repleto de partituras en el atril, evidencia del continuo estudio del maestro.

Me doy la vuelta y veo muchas esculturas pequeñas a su alrededor, sigo girando mi vista y me detengo en las tantas obras de arte que pueblan las paredes. Por un momento me confundí, pues pensé que había llegado a la casa de un coleccionista de arte, no de un compositor.

Esta primera impresión no resultó para nada equívoca, el Doctor De la Vega no es sólo un gran compositor y profesor, es también abogado, ensayista, pintor y coleccionista, siendo capaz de llenar cada rincón de su existencia con frescos, esculturas y objetos antiguos que hacen de su hogar un verdadero paraíso artístico.

Me acomodo en un sofá color marfil con pequeñas figuras que crean cierto patrón regular. Se acerca su asistente y pregunta si deseo café. Como buen criollo que soy no pude resistirme a la tentación y acepté la cordial invitación.

Aurelio se sienta frente a mí. Ha caminado hasta el asiento con una cadencia perfecta, en tiempo lento y cómodo como una composición musical, exhibiendo una fuerza juvenil envidiable. Se acomoda en su silla y comenzamos a charlar.

Zarabanda

"¿En qué le puedo ayudar?", pregunta Aurelio. Yo le contesto:"Maestro, estoy interesado en recibir clases de composición, quiero ser compositor y es mi sueño de

vida». Me responde que ya está retirado y no se dedica a dar clases, que está disfrutando su retiro, pero que le muestre algo, está curioso por ver mi trabajo. Interrumpe la conversación su asistente con el café, servidas en unas tasas de porcelana blanca curtidas por el tiempo, con ribetes que se asemejan al color del sol.

Entonces me lleno de valor y desentierro de mi carpeta una obra que llevaba para la ocasión. El maestro ya con sus espejuelos puestos frunce el ceño y con una mirada de águila hojea página tras página, luego la escucha, y la vuelve a revisar una vez más.

Estos minutos resultaron eternos para mí, tal parecía que estaba viviendo en una cadencia imperfecta (en donde nunca hay respuesta y se mantiene siempre la tensión). Luego de examinarla, me mira intensamente y me dice: "Tienes buenas ideas, el ritmo es bueno e interesante, creo que podemos trabajar".

Al escuchar esto, casi salto del sofá por el regocijo que esto provocó, pero recordé un detalle importante y definitorio, le pregunté entonces: "Maestro, muchas gracias, pero dígame cuánto me va a cobrar por clases, pues no tengo muchos recursos para pagarle, soy músico y tengo dos niños pequeños". Entonces me expresó sonriendo: "No se preocupe por eso, no le voy a cobrar nada".

No lo podía creer, era cómo el sueño que deseaba cumplir. Parecía una fantasía algo surreal, pues no es lo normal acá, y por ello no me canso de dar las gracias a Dios y a él por este regalo de vida.

En ese primer encuentro tuve también la oportunidad de conocer a su primera esposa: Sara de la Vega, quien también me recibió con mucho cariño y amabilidad. Pude conocerla un poco más en los meses posteriores, antes de su fallecimiento a finales de 2009. Fue una gran mujer y le profesé gran cariño y estima.

La relación con mi maestro (mejor aún, mi amigo Aurelio de la Vega), creció y ha prosperado por más de una década, convirtiéndome casi en el nieto que nunca tuvo: al que se le da consejos, ayuda y guía por los buenos rumbos de la vida.

Para mí, el Maestro no es sólo un educador, un amigo, es cómo un tercer abuelo, muy querido y con quien puedo compartir más que la música: la vida.

Contradanza

La cubanía de Aurelio se respira en su andar, en su sonrisa pícara, en sus gesticulaciones criollas, en su verbo cosmopolita; y, sobre todo, su carisma sinigual. Este hombre peculiar posee una simpatía que define el trazo sólido de su carácter, una línea firme y recta que ha permitido que su arte y creación sea apreciada por muchos, y su pensamiento, estudiado constantemente por musicólogos y escritores.

El pasado en él es un presente virtual parecido al que todos poseemos y que está siempre disponible con solo pensarlo o mejor aún, con sólo llamarlo a colación; pero en su caso, se convierte en un paseo único por la historia de una Cuba.

José Martí ha sido sin duda uno de los exponentes de la literatura y el pensamiento cubano que más lo han influenciado en su obra. La música popular cubana también es un elemento enriquecedor en la ritmática de su trabajo, como también disfruta de la poética melodía de aquellas añejas canciones de nuestra Cuba.

A pesar de vivir por más de sesenta años fuera del archipiélago, ha sabido conservar su herencia histórica, sus tradiciones familiares, libros, música; y, más aún, el carácter de su país natal, que tanto añora, venera y continuamente cultiva en lo más hondo de su corazón.

Su pasado vive fervientemente en su mente, y esto se respira en cada una de las notas y armonías que componen su compleja textura y lenguaje musical, añorando una Cuba que por su avanzada edad no volverá a abrazar.

Estas son las trampas del destino, inicua vida que abre caminos donde el discurso de estos, son el epílogo de nuestras propias vidas.

Pasacalle

España, su cultura y sus tradiciones, son parte de lo cotidiano en la vida del Maestro. El castellano es preservado y utilizado en todo momento en su casa. Su café con galletas no puede faltar en el desayuno, tampoco las paellas estilo español en sus fiestas más importantes. El queso y el buen vino forman parte de su arraigada tradición española, ostentando una importante reserva de vinos de España y California.

Junto a su actual esposa, la encantadora Anne Marie Ketchum de la Vega, soprano y directora de coros, conforma un maravilloso binomio donde el amor y la música han crecido tan alto como el Sequoia Sempervirens de California, siendo ella sin duda alguna su musa espiritual. Esta relación es un verdadero ejemplo de admiración, respeto y cariño mutuo.

Minueto

A lo largo de estos años he podido colaborar profesionalmente con el Maestro De la Vega, confiándome su música en múltiples ocasiones para algunas de mis producciones discográficas, llegando a ser las mismas nominadas al Grammy Latino en dos de las tres ocasiones que ha sido propuesto.

He podido contar con el apoyo moral y monetario del Maestro, para llevar a cabo estos ambiciosos proyectos musicales, y otros de carácter personal que no lo involucran a él para nada, como algunos de los conciertos que he organizado en la ciudad de Los Angeles, convirtiéndose en uno de mis patrocinadores.

Este carácter filantrópico se extiende a muchas organizaciones sin fines de lucro que apoya, realizando donaciones que fomentan la educación, la religión y la buena música.

Giga

A pesar de haber sufrido el olvido y el silencio en su tierra por varias décadas, ha logrado ver en vida un nuevo renacer y reconocimiento por su labor musical, por parte de las organizaciones culturales del país; algo que aplaudo y de lo que me considero en parte responsable.

Después de muchos viajes a la isla, logré reactivar el interés entre algunos directores y músicos: Iván Valiente, de Ensamble Solistas de la Habana; Enrique Pérez Mesa y la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, también Zenaida Romeu y la Camerata Romeu, interpretaron nuevamente la obra del Maestro Aurelio de la Vega en salas cubanas de concierto, recogiéndola en algunos fonogramas.

Otros músicos y cantantes también se han dado a la tarea de revivir su obra en Cuba, pero creo que falta mucho más: su música no está incluida en los planes de estudios del país, algo que se debería suceder.

¿Se imaginan a una Rusia sin contar con Stravinski o Rachmaninoff, o Austria sin Schoenberg, o una España sin Picasso, o una Italia sin Scarlatti? La lista de intelectuales, músicos y artistas que no viven en sus países de origen es inmensa y siempre deben formar parte del valor cultural de una nación.

También, hemos discutido sobre la importancia de la unidad música-cultura cubana, tema delicado y complejo. Siempre lo hemos abordado con respeto, conciencia, cautela y sin prejuicios; pues la preservación del legado de una nación, es responsabilidad de todos, y todos pertenecemos a ella.

Hay seres humanos que impactan la vida de otras personas y he sido privilegiado al tener grandes seres humanos a mi lado, pero Aurelio es único, pertenece a esa élite de pensadores, filósofos y creadores que han cambiado el curso de la historia musical de Cuba dentro y fuera de ella; siendo en su obra tan valiente como un mambí, tan insurrecta que no cree en dogmas; izó el blasón nacional tan alto cómo una palma real; ha cantado a Figueredo y al Himno Nacional en cada sala donde se escuchó su voz, y por sólo el amor a su país, Cuba y mejor aún, sin esperar nada a cambio.

Este 28 de noviembre, día de su nacimiento, amanecí deseándole un feliz cumpleaños al querido Maestro. Muchas gracias por su legado, su música, su amistad y por ser un fiel defensor de la cubanía desde su sofisticada trinchera musical

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