MADRID.- Bunbury compartió diversos recuerdos de su cercana amistad con Pau Donés, incluyendo algunos detalles no conocidos de los últimos años del que fuera líder de Jarabe de Palo.

"Mi querido Pau Donés nos dejó hoy", empieza Bunbury, quien prosigue: "Si no me equivoco le conocí en 1998 [en realidad debió ser 1996, por lo que cuenta], cuando recién publicado su primer álbum vino a tocar a la Morrissey, una sala de conciertos de Zaragoza, de escenario y aforo modestos".

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Y añade: "'La flaca' todavía no había sido el éxito fulminante e internacional que le catapultó unos meses después. Entonces ya me fijé en el guitarrista del grupo, que me pareció sobresaliente [se refiere a Jordi Mena, guitarrista de su banda desde hace más de una década]".

Rememora Bunbury que la siguiente vez que se vieron "fue seguramente en el funeral de Joan Trayler, dueño de MusicLan Studios, en Figueres", donde ambos habían grabado: Pau 'Depende' y él 'Flamingos'.

Durante todos estos años, ambos artistas se encontraron "puntualmente en diferentes lugares del planeta, principalmente en México y Los Ángeles". "Siempre era un placer verle y charlar y abrazarnos", remarca.

"Recuerdo cuando comimos en un restaurante en Sunset Plaza en L.A., cómo me contaba apenado que lo que más le fastidiaba del éxito y las giras era haberse distanciado de su propia hija y no haber pasado con ella mucho más tiempo", continúa.

Al poco, le diagnosticaron la enfermedad y es en este punto donde Bunbury revela ciertos detalles de su cercana relación: "Unos pocos años después me llamó y me dijo que dejaba la música y se venía a vivir a Los Ángeles, a surfear y a pasar el máximo de tiempo con su hija, que se venía a estudiar".

"Les ayudamos a buscar casa y colegio y se instalaron en Venice Beach. A partir de entonces, nos vimos y hablamos mucho más a menudo. No pasaron más de dos o tres meses cuando me llamó para pedirme un bajo. Le pasé mi Fender Jazz Bass, con el que grabó todas las demos de su nuevo y último disco, 'Tragas o escupes' [editado hace apenas dos semanas por sorpresa]", relata Bunbury.

En esta línea, confiesa que cuando Pau Donés le llamó para pasarse por su casa y "escuchar las canciones del disco terminadas", le anunció que se volvía a España para una revisión: "Tuve un mal presentimiento. Al poco, me dijo que se quedaba en España y que le quedaba muy poco tiempo".

"Quería grabar su disco. Esa era su obsesión. Necesitaba ese tiempo extra y final. La muerte de Pau es una tristeza mayúscula para todos lo que le conocimos. Pero la elección de vida y muerte que nos deja, es imborrable. Murió, seguro, como vivió toda su vida. Con una sonrisa", termina un emocionado Bunbury.

FUENTE: EUROPA PRESS

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