sábado 21  de  febrero 2026
ESCENA

Coreógrafa de Miami celebra premio para impulsar su carrera

Melissa Cobblah Gutiérrez, una entre nueve artistas de Miami premiados por la Knight Foundation, reflexiona sobre el racismo a través de la danza
Diario las Américas | WILMA HERNÁNDEZ
Por WILMA HERNÁNDEZ

MIAMI.- Melissa Cobblah Gutiérrez recibió el “empujoncito” que necesitaba para seguir dedicándose a lo que le apasiona: la danza. La joven coreógrafa es una de los nueve artistas de Miami a quienes la Knight Foundation premió con fondos para impulsar nuevos proyectos.

“Estoy súper agradecida y honrada, me siento súper privilegiada. Esta es una oportunidad inmensa que me han dado para construir mi carrera artística de bailarina, de coreógrafa, para poder hacer mi trabajo en medio de estos tiempos que, aunque estamos saliendo poco a poco de la pandemia, las artes se han visto muy afectadas”, expresó Melissa Cobblah Gutiérrez en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.

“Me sirve para pagarle a los bailarines, para poder trabajar con un equipo y tener un espacio para ensayar. No pudiera hacer todo esto sin el premio, porque con lo que gano no me alcanza para cubrir todos los gastos que lleva una producción tan grande, así que realmente significa mucho en mi carrera”, añadió.

La ayuda económica de 300 mil dólares, de la cual Cobblah Gutiérrez obtuvo 16 mil, fue repartida según la envergadura y necesidad individual de cada proyecto, contó la ganadora, quien ya había recibido la cantidad de 10 mil a finales del pasado año, al igual que otros 17 artistas, para concebir la idea inicial y presentarla a la fundación.

“Cada proyecto lleva diferentes necesidades. El mío llevaba alquilar un lugar de ensayo, contratar a bailarines, fotógrafo y camarógrafo. En la primera etapa hice una pieza grabada profesionalmente, que dura 15 minutos; contraté a un diseñador de luces escénicas y se hizo en un escenario sin público para presentarla online”, dijo.

“Tuvimos que presentar un presupuesto. El mío es uno de los proyectos que requieren un poco menos, porque hay otros que son más complejos en términos de producción”, agregó.

La cubana, de 24 años, que llegó de Cabo Verde hace casi una década, tituló el trabajo por el cual recibió la subvención "CuBlack: No más Invisibilidad”, con el fin de abordar el racismo.

El proyecto, que presentarán este año, consiste en tres elementos: una coreografía de baile, una exposición de fotos y un documental sobre la danza.

“Vamos a presentar la coreografía, con tres bailarines, a final de noviembre, aún no se ha determinado donde será. Habrá una exhibición de fotos el mismo día del performance. También vamos a hacer un documental para que la gente pueda interactuar con el material que hemos estado trabajando antes de ver el show, y después habrá un debate sobre el tema que estoy tratando”, adelantó.

Bailar con un propósito

Con su obra novel, la artista quiere examinar lo que considera la “opresión de la negritud dentro de la comunidad cubana de Miami”, a raíz de conversaciones que surgieron en su familia.

“Es una historia que viene de atrás, pero en la pandemia pude pasar mucho tiempo en familia y, después que pasó lo de George Floyd, ahí empezó un poco más la conversación. Pero han sido varias cosas, no solo por esa desgracia. He crecido escuchando cosas en la comunidad, que nos dicen: ‘no, eso solo se dice por costumbre, no porque lo sentimos’. Pero son cosas que a uno se le va metiendo en la cabeza, como que hay que estirarse el pelo, arreglarse la nariz o casarse y mejorar la raza”, expuso.

“Mi mamá es mestiza, es un poco más clara que yo. Ella me dice: ‘Ay, Melissa, eso se ha dicho siempre. Tú te puedes casar con quien tú quieras’. Pero son cosas que se le van quedando a una desde chiquita, siempre pensando que la raza blanca era la mejor. Y es algo que no tiene nada que ver con ser buena o mala persona, sino que se ha integrado en la sociedad porque crecemos en medio de ese sistema, escuchando esas cosas. Entonces, decirle racista a alguien no es atacarlo. Se trata de cómo podemos seguir hablando de este tema, ver de dónde viene la raíz y cómo mejorar juntos; es para tomar conciencia”, reflexionó.

La danza: su gran pasión

Nacida en La Habana, Cuba, hija de madre cubana y padre ghanés, Cobblah Gutiérrez vivió su infancia en Ghana y alcanzó la adolescencia en Cabo Verde, donde estuvo hasta el 2012, cuando emigró a EEUU con 15 años. Y la danza la ha acompañado en ese recorrido multicultural.

“Desde chiquita he estado haciendo coreografías. Cabo Verde es un país de pocos recursos. Cuando yo me fui en el 2012 fue que abrieron el primer estudio de baile, así que recursos artísticos no hay muchos. Pero yo desde niña creaba coreografías de cosas que veía en videos, creábamos grupos en la escuela”, recordó.

Luego, a su llegada a EEUU decidió encarar su vocación de manera profesional aun con alguna oposición de su familia.

“El baile siempre ha estado conmigo y decidí hacerlo una carrera aquí en EEUU. Cuando estaba en high school (preuniversitario) no era tan serio, pero en Miami Dade College tomé la decisión. Al principio fue difícil porque parte de mi familia no quería, pero me decidí por el baile, que era lo que me decía mi corazón. Empecé a estudiar baile, a hacer entrenamiento en técnica, que era en lo que estaba un poco más atrasada porque no había tomado ballet, tenía hasta cinco clases al día”, contó.

Y después de graduarse de la Florida State University con una licenciatura en Fine Arts and Dance (Bellas Artes y Danza), se mudó a Nueva York para formar parte de una compañía, antes de regresar a la Ciudad del Sol.

“Bailé con ellos dos años. Con la pandemia regresé a Miami. Siempre me ha encantado la coreografía. Ese ha sido uno de mis medios de inspiración y de seguir viviendo. He estudiado varios estilos: ballet, contemporáneo, West African, un poco de afrocubano, jazz, hip hop. Me gusta mucho mezclar y la fusión afro, hasta en las clases que enseño”, comentó.

“Ahora estoy empezando como coreógrafa. Me gradué en el 2019 y de ahí se disparó mi carrera, empecé a bailar, se me han abierto muchas oportunidades y he conocido a muchas personas a través del baile con quienes sigo conectada. La danza me ha enseñado mucho y me sigue enseñando. Y sé que me va a ofrecer mucho más”.

Una de las habilidades en el bagaje de un coreógrafo debe ser la flexibilidad, y no solo la que permite que el cuerpo se alargue o encorve según dicte la coreografía.

“Hay que tener una mente abierta y adaptable, me gusta mucho la colaboración. Cuando entro a un estudio de arte a trabajar no quiero ser dictadora. Yo doy pasos, doy movimientos en mi coreografía, pero me gusta preguntarle a la gente cómo se siente, porque el trabajo del coreógrafo es también hacer que los bailarines luzcan bien en el escenario, no solamente la coreografía”, explicó.

“Siempre hay que adaptarse a las circunstancias y a las situaciones, porque muchas veces llegas al estudio y las ideas que tienes en mente no funcionan de la manera que querías”, agregó.

Para Cobblah Gutiérrez, el baile es mucho más que concebir una pieza y darle forma en escena, también le ha servido de aprendizaje para apreciar características del ser humano y ahora como plataforma para hablar de un tema sobre el cual intenta llamar la atención.

“Algo que aprendí de mi primera profesora de baile es que se puede saber cómo es una persona solo con verla bailar. Por ejemplo, el flexionar la rodilla, a veces, significa que la persona es obstinada. En la salsa, como es un baile en pareja, es interesante ver cómo el caballero trata a la dama. El baile es una terapia, ha salvado a mucha gente en momentos críticos de su vida porque sienten que es un escape”, expuso.

“Si yo no hubiera estudiado esta carrera a lo mejor ni abordaría el racismo sistémico. Desde que empecé en el college he estado involucrada con ese tema. Me he dado cuenta de que en la comunidad cubana negra no tenía con quien hablar de eso, no había un lugar donde reunirnos y ver de qué manera se ha afectado la gente de raza negra en la comunidad cubana, que es con la que me identifico. Y empecé a ver eso, y me dije: cómo podré hablar de este tema a través de mi arte para crear más conciencia adentro de la comunidad cubana”, señaló.

Además de combatir el racismo sistémico como cofundadora de Florida Black Dance Artists Organization, la joven coreógrafa por estos días imparte clases al aire libre de fusión afro dos sábados al mes, intercalados, en Deering Estate, en Cutler Bay. También fue contratada en el estudio Salsa Kings como instructora de salsa.

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