MIAMI.- Cuento de hadas es el más reciente libro de Stephen King, en el que el autor de Maine juega con ideas muy familiares para el lector, con una habilidad y maestría que insuflan nueva vida a viejas figuras literarias.
MIAMI.- Cuento de hadas es el más reciente libro de Stephen King, en el que el autor de Maine juega con ideas muy familiares para el lector, con una habilidad y maestría que insuflan nueva vida a viejas figuras literarias.
Charlie Reade parece un estudiante de instituto normal y corriente, y tal vez lo sea, juega a fútbol americano y baseball, cuida de su padre, y tiene la mente puesta en sacar buenos resultados académicos para ser aceptado en una gran universidad. Pero carga con un gran peso sobre los hombros, quizás incluso con dos grandes pesos. Cuando él solo tenía diez años, su madre fue víctima de un atropello mientras regresaba de comprar pollo frito. La tragedia empujó a su padre a la bebida durante un largo tiempo, durante el cual fue despedido del trabajo y la familia se vio casi abocada a la indigencia. Aunque era demasiado joven, Charlie tuvo que aprender a cuidarse solo, y también a ocuparse de su padre. Hasta que en un arrebato de desesperación, Charlie le promete a quien quiera que le esté escuchando, tal vez Dios, que si ayuda a su padre a recuperarse, él devolverá ese mismo bien a otra persona.
El padre de Charlie, que había sido un exitoso agente de seguros, termina por recuperarse gracias al apoyo de su hijo y al programa de Alcohólicos Anónimos. Es importante destacar aquí el profundo conocimiento de Stephen King sobre el mal del alcoholismo, pues él mismo, como narra en sus memorias de escritor, padeció esta misma adicción. Se puede sentir en la escritura y en el modo visceral en que se detallan los problemas por los que pasa el padre de Charlie, y en el mismo trauma que marca al muchacho, la forma tan terrible en la que esta adicción a una droga considerada blanda marca las vidas de millones de personas.
Ahora, con diecisiete años, Charlie está a punto de graduarse y su padre, ya sobrio, dirige su propia agencia de seguros. Todo parece encarrilado a una vida corriente, pero el muchacho se encuentra a dos amigos inesperados: una perra llamada Radar y Howard Bowditch, su anciano dueño. El señor Bowditch es un ermitaño que vive en una colina enorme, en una casa amplia que tiene un cobertizo cerrado a cal y canto en el patio trasero. A veces, sonidos extraños emergen de él. La casa es conocida en el vecindario como “la casa de psicosis”, y no hay niño o adolescente que no le tema.
Sin embargo, un día al regreso de un entrenamiento, Charlie escucha un ruido, un ladrido más bien. Radar, la perra del señor Bowditch, tiene fama de feroz. Pero esos ladridos no tienen nada de aterradores, más bien son las llamadas de auxilio de un animal asustado. Recordando la promesa que hizo a cambio de la recuperación de su padre, una promesa que nunca contó a nadie, Charlie decide saltar la verja y averiguar qué sucede. Encuentra al señor Bowditch postrado tras caer de una escalera en el exterior de la casa. Tiene hipotermia y necesita atención médica. El adolescente se ofrece a cuidar de Radar, y más tarde cuidará del propio anciano Bowditch a su regreso de una operación de cadera. Charlie deja el equipo de fútbol americano para poder pasar más tiempo con Radar, y se centra en comenzar a restaurar la destartalada casa, que cuenta con tablas sueltas, baldosas rotas, goteras, y un extraño cobertizo al que Radar suele lanzar guturales y fieros gruñidos a pesar de su avanzada edad.
Mientras Charlie se encarga de hacer recados para el señor Bowditch, Radar y él se hacen inseparables. Tan inseparables, que el anciano comienza a confiarle secretos al chico, como el paradero de un tesoro repleto de esferas de oro. Y este secreto no será el mayor que compartirá con él. Cuando el anciano fallece, le deja al chico una cinta de casete que contiene una historia increíble y el gran secreto que Bowditch ha guardado durante toda su vida: dentro de su cobertizo existe un portal que conduce a otro mundo. Un portal del que surgen enormes criaturas, que no serán la mayor amenaza a la que el muchacho se enfrentará. Pues Radar también es vieja, y no le queda mucho más tiempo que a su fallecido amo. Sin embargo, Charlie descubre que al otro lado, en ese “otro mundo” como Charlie pensará en él, hay algo capaz de devolver la vitalidad a su amiga.
El libro narra cómo la voluntad de hacer el bien puede vincular a una persona con un animal de forma íntima, y cómo, incluso en aquellos mejores intencionados, habitan pulsaciones oscuras que pueden ser controladas siempre que se sea consciente de ellas. El odio, el sadismo y el miedo son representados en los numerosos claroscuros de los personajes del libro de Stephen King. Charlie conocerá princesas, se enfrentará a muertos vivientes, luchará por un pueblo al que no conoce, y se sentirá arrastrado por el escenario de todos los cuentos infantiles que su madre le narró hace tantos años. Complejas emociones, redenciones, y nuevos senderos abiertos con un escenario de fondo que, como el título sugiere, es un cuento de hadas.
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