jueves 10  de  septiembre 2026
ARTES VISUALES

De La Habana a Nueva York: el viaje del arte cubano moderno

La curadora Cristina Figueroa habla sobre Modern Cuban Painters: From Havana to New York Revisited, una exposición que recupera la trayectoria internacional de una generación fundamental de artistas de la isla

Diario las Américas | WILMA HERNÁNDEZ
Por WILMA HERNÁNDEZ

MIAMI.- El arte cubano moderno encuentra en Modern Cuban Painters from Havana to New York un espacio para explorar los vínculos entre creación, identidad y contexto histórico. La exposición reúne una mirada a la trayectoria de artistas que, desde La Habana y posteriormente en Nueva York, formaron parte de un importante momento de transformación y proyección internacional de la pintura cubana.

La exposición se puede visitar hasta el 18 de octubre en el Frost Art Museum, ubicado en la Universidad Internacional de Florida.

Más allá de las obras y sus diferentes lenguajes visuales, la muestra propone acercarse a una etapa fundamental del arte cubano y a los intercambios culturales que marcaron la relación entre Cuba y Estados Unidos. La migración, las influencias artísticas y los cambios sociopolíticos forman parte del contexto que permite comprender mejor el trabajo de estos creadores y su lugar dentro de la historia del arte moderno.

Para conocer los criterios detrás de esta selección y profundizar en el significado de la exposición, DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con su curadora, Cristina Figueroa, quien nos habla sobre los artistas representados, el proceso de investigación y curaduría, y la importancia de revisitar hoy este capítulo de la historia del arte cubano.

- ¿Cómo nació la idea de reunir bajo una misma muestra el recorrido artístico de los pintores cubanos modernos, desde La Habana hasta Nueva York?

Modern Cuban Painters: From Havana to New York Revisited nace

de una investigación que comenzó varios años atrás y que tuvo como primer resultado el libro Modern Cuban Painters: From Havana to New York, 1939–1949 editado por la Fundación Mariano Rodríguez. Nuestro punto de partida, junto a la curadora Elizabeth Thompson Goizueta, fue un momento extraordinario: la exposición Modern Cuban Painters, presentada por The Museum of Modern Art de Nueva York en 1944, la primera y única muestra que el museo dedicó al arte moderno cubano.

- ¿Cuál es el hilo curatorial que conecta a los artistas y las obras seleccionadas?

Más que reconstruir literalmente aquella exposición, nos interesaba entender qué hizo posible ese acontecimiento y qué ocurrió alrededor de él. Cómo un grupo de artistas que estaba transformando profundamente el lenguaje de la pintura en Cuba consiguió insertarse, en un período relativamente breve, en el circuito cultural neoyorquino.

Por eso, el verdadero protagonista de la exposición es la red de circulación entre La Habana y Nueva York. Investigamos exposiciones, galerías, publicaciones, archivos, críticos, coleccionistas y agentes culturales que permitieron que, entre finales de los años treinta y finales de los cuarenta, el arte moderno cubano adquiriera una visibilidad internacional sin precedentes.

- El título de la exposición plantea un viaje geográfico y cultural. ¿Qué transformaciones experimentó el arte de estos artistas en su trayecto de Cuba a Estados Unidos?

Es importante subrayar que Nueva York no “modernizó” a estos artistas. Cuando llegaron allí, muchos habían desarrollado ya en Cuba lenguajes extraordinariamente personales y una conciencia muy clara de pertenecer a una nueva generación. La Habana de los años treinta y cuarenta era un espacio cultural muy activo, conectado con Europa, México y Estados Unidos. Nueva York significó otra escala: mayor visibilidad, nuevos públicos, mercado, museos y contacto con un sistema artístico internacional en plena transformación. Fue una relación de intercambio, no un proceso unilateral de influencia.

- ¿Qué define, desde su perspectiva, la modernidad en la pintura cubana representada en esta muestra?

El arte cubano moderno se define precisamente por esa capacidad de apropiarse de los lenguajes internacionales de la modernidad sin renunciar a una experiencia cultural propia. No existe un único estilo. Conviven distintas respuestas al cubismo, el surrealismo, la nueva figuración y otras corrientes internacionales, pero atravesadas por cuestiones vinculadas al paisaje, la arquitectura, la cultura popular, las religiones afrocubanas, la sensualidad, la historia y la construcción de una identidad nacional moderna.

- ¿Qué lugar ocupa La Habana como fuente de inspiración, memoria e identidad en estas obras?

La Habana ocupa, en ese sentido, un lugar fundamental al ser un laboratorio cultural desde el cual estos artistas construyeron una mirada propia.

- ¿Y qué representó Nueva York para estos artistas: una ruptura, un refugio, un espacio de libertad creativa o todo lo anterior?

Nueva York, por su parte, se convierte en un espacio de confrontación y expansión: allí sus obras entran en contacto con otros discursos, otros públicos y otras formas de legitimación.

Sobre los artistas y las obras

- ¿Qué nombres considera fundamentales para comprender este capítulo de la historia del arte cubano?

Hay figuras absolutamente imprescindibles para comprender este período: Wifredo Lam, Amelia Peláez, Mariano Rodríguez, René Portocarrero, Mario Carreño, Carlos Enríquez, Fidelio Ponce. Pero uno de los objetivos de la investigación ha sido precisamente evitar una historia construida exclusivamente alrededor de dos o tres grandes nombres. También nos interesaba mostrar que no existe una estética homogénea que pueda definirse simplemente como “modernismo cubano”. Sin embargo, todos participan de una voluntad común de renovación y de una búsqueda de lenguajes capaces de expresar una realidad moderna desde Cuba.

- ¿Qué técnicas, estilos o movimientos artísticos predominan en la exposición?

La exposición reúne pintura, dibujo y abundante material documental proveniente en su mayoría del archivo visual de José Gómez-Sicre, figura clave en la promoción del arte cubano moderno, porque queríamos que las obras pudieran verse junto a catálogos, fotografías, correspondencia, invitaciones, recortes de prensa.

- ¿Cuáles fueron los principales criterios para seleccionar a los artistas y las piezas que integran la exposición?

La selección parte fundamentalmente de la historia que queríamos contar. Nos interesaban aquellos artistas que participaron de manera directa en ese proceso de internacionalización del arte cubano y, particularmente, en las redes que conectaron La Habana y Nueva York entre 1939 y 1949.

- ¿Cómo dialogan entre sí las obras creadas en la isla y aquellas realizadas en el exilio? ¿Qué papel desempeñaron la memoria, la nostalgia y la identidad en la evolución artística de estos pintores?

Hablar de memoria, nostalgia o diáspora requiere cierta precisión histórica. Para muchos de estos artistas, durante los años cuarenta, Nueva York no era todavía un espacio de emigración permanente. Viajaban, exponían, regresaban a La Habana, establecían relaciones con galerías y críticos y volvían a circular. Es una dinámica transnacional mucho más fluida. Las rupturas políticas y los desplazamientos definitivos que marcaran posteriormente la historia cultural cubana pertenecen, en buena medida, a otro momento histórico. Por eso prefiero hablar de circulación y de intercambio.

- ¿Qué aspectos de esta historia artística siguen siendo poco conocidos por el gran público?

Uno de los aspectos menos conocidos por el gran público es precisamente la magnitud de la recepción que tuvo el arte cubano en Nueva York durante los años cuarenta. No se trató únicamente de la exposición en el MoMA en 1944. Hubo galerías, exposiciones individuales y colectivas, críticos, coleccionistas y agentes culturales que contribuyeron a construir una presencia sostenida. Reconstruir esas redes permite modificar una historia que durante mucho tiempo se contó de manera fragmentaria.

- ¿Qué puede decirnos hoy esta muestra sobre el arte como espacio de pertenencia y memoria?

En un presente en el que identidad y pertenencia continúan siendo cuestiones fundamentales, recuperar esta historia adquiere además una nueva resonancia. Necesitamos rescatar la memoria para poder avanzar. Para mí, la identidad no debe entenderse como algo inmóvil ni como una frontera que nos encierra. Es, al contrario, una herramienta que nos permite reconocernos y posicionarnos frente al mundo. En ese sentido, me gusta pensar en la identidad como nuestra lanza y nuestra coraza: aquello que nos protege, pero también aquello que nos permite proyectarnos más allá de nuestro lugar de origen. Estos artistas lo demostraron extraordinariamente bien, pudieron dialogar con los lenguajes internacionales de su tiempo sin perder la singularidad de la cultura desde la que hablaban.

- ¿Qué diría fue lo más revelador o emocionante del proceso de investigación?

Uno de los aspectos más emocionantes de este proyecto ha sido comprobar cómo una investigación histórica puede seguir produciendo descubrimientos más de ochenta años después. La exposición nos permitió localizar obras, reconstruir procedencias y recuperar historias que habían desaparecido prácticamente de la historiografía. Personalmente, fue especialmente satisfactorio encontrar tres obras de Mariano Rodríguez que no se habían vuelto a exhibir desde los años cuarenta y cuyo paradero desconocíamos. Dos de ellas aparecieron en una colección privada en California y habían permanecido en la misma familia desde aquella época. La tercera surgió casi por casualidad en una pequeña subasta online. Encontrarse físicamente frente a obras que conocíamos fundamentalmente a través de documentos, referencias o fotografías históricas fue uno de esos momentos extraordinarios que justifican años de investigación.

- ¿Qué le gustaría que el público sintiera o comprendiera al recorrer la exposición?

Me gustaría que el público saliera de la exposición con una sensación de orgullo, pero también de descubrimiento. Orgullo al comprobar el extraordinario nivel alcanzado por el arte moderno cubano y el reconocimiento internacional que estos artistas consiguieron en su momento; y descubrimiento porque una parte importante de esa historia todavía es poco conocida. Cuando vemos estas obras reunidas por primera vez y las ponemos nuevamente en relación con la documentación de la época, entendemos que el lugar que alcanzaron estos artistas no fue circunstancial, respondía a la calidad, originalidad y madurez de sus propuestas.

- ¿Cómo resumiría la esencia de la exposición?

Es una exposición que demuestra, una vez más, que el arte cubano siempre encuentra su lugar en la historia a través de su resiliencia, su identidad y su originalidad. Esta generación consiguió hacerlo desde La Habana y proyectarse internacionalmente en un momento histórico muy particular. Recuperar hoy esa historia no significa solamente mirar hacia el pasado, sino devolverle su lugar dentro de una historia más amplia.

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