MIAMI.-La eterna Suprema, una de las consagradas del pop y de los ritmos del llamado género soul, una reina del escenario. Cualquiera de estos apelativos le va muy bien a la legendaria Diana Ross. En sus más recientes conciertos ha dado muestras de ello, el show traído a Miami el domingo 25 de junio, en el Ziff Opera House del Adrienne Arsht Center es un ejemplo.

Pasión desbordada en un espectáculo de aproximadamente una hora; una sonrisa perenne salida del regocijo de ver al público cantar y bailar con cada una de sus interpretaciones; el vestuario impecable y hasta el toque de improvisación que se permitió cuando invitó a subir al escenario a varias niñas del público, junto a su propio nieto; todas son muestras de un talento indiscutible que permanece a prueba del tiempo y de cualquier nueva tendencia de la industria musical.

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La sala se abrió con puntualidad absoluta para la diva a las 7:30 de la noche. La bienvenida a los fans estuvo a cargo de su hija Rondha que calentó motores acompañada de un pequeño grupo. Después la ovación y con los primeros acordes de la banda integrada por siete músicos y tres vocalistas, la aparición de la estrella provocó una apoteosis de júbilo que sin dudas ella recibió.

Cómo puede una artista con casi 50 años de carrera conservar la capacidad de sorprender y emocionar. Eso sólo lo logran los consagrados e indiscutiblemente Diana Ross lo es. Por eso, aunque Miami con su población mayoritariamente hispana luciera como una plaza no muy tentadora para traer estrellas del estilo y repertorio que interpreta Diana Ross, instituciones como el Adrienne Arsht dan en el blanco cuando apuestan por este tipo de presentaciones, porque el buen arte y la música de excelencia trascienden las barreras del idioma y del tiempo.

Por eso, los asistentes al concierto tarareamos junto a ella melodías como Endless Love, que en los 80 popularizara a dúo con Lionel Richie; Touch me in the morning; Upside down y el cierre magistral para la despedida, I will survive.

A teatro lleno estuvo la sala de principio a fin del concierto. La anfitriona de la noche así lo mereció, al igual que lo impecable de los músicos con los que se hizo acompañar. La acogida del público fue evidente, Diana Ross tiene que haberse ido de Miami muy feliz como felices dejó a todos los que la admiramos por su calidez, su gracia y sus canciones de siempre.

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