SEUL.- Seis décadas después de que regresaron a su país de origen, los recuerdos de miles de niños norcoreanos que quedaron huérfanos por la Guerra de Corea permanecen en los europeos, ahora ancianos, con cuyas vidas se cruzaron brevemente.

El olor de los árboles que plantaron. Las memorias de sus rostros inocentes. La canción coreana que cantaban.

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Cerca de 5.000 huérfanos fueron enviados a vivir a Polonia, Rumania, Bulgaria, Hungría, Checoslovaquia y Alemania Oriental, todos aliados comunistas de Corea del Norte, como parte de proyectos encabezados por los soviéticos para reconstruir al país azotado por la guerra.

Los huérfanos estudiaban en escuelas locales e hicieron amigos ahí, pero fueron devueltos abruptamente a Corea del Norte.

“No nos dijeron, para nada, simplemente dejaron de venir a la escuela”, dijo Halina Dobek, de 87 años, quien fue maestra de algunos de los niños norcoreanos en Polonia. “Estos niños se fueron de Polonia sin entusiasmo”.

Es un capítulo casi olvidado por completo de la Guerra Fría, ahora un nuevo documental pone luz a las vidas de estos niños sin padres cuya partida todavía pesa en los europeos que los conocieron.

El filme titulado “Kim Il Sung’s Children” -en referencia al fundador de Corea del Norte y líder bélico- será estrenado el 25 de junio en el 70 aniversario de la Guerra de Corea. El conflicto que se extendió por tres años destruyó gran parte de la península coreana, cobró la vida de más de un millón de personas y dejó huérfanos a casi 100.000 niños.

Al igual que la guerra, la reconstrucción de ambos países, incluyendo, qué hacer con los huérfanos, se volvió parte de la rivalidad de la Guerra Fría. Al mismo tiempo que los norcoreanos eran enviados para ser educados en Europa del Este, miles de huérfanos surcoreanos eran adoptados por familias en Norteamérica y Europa occidental.

“En ese entonces Estados Unidos y la Unión Soviética competían para ver quién sería el primero en enviar a alguien al espacio. Siguiendo este tono, también competían en formas de mostrar cuál sistema político era más humano y superior”, dijo Kim Deog-Young, el director de la película.

Cuando los norcoreanos comenzaron a llegar a Europa, estos países seguían tambaleándose por la devastación de la Segunda Guerra Mundial, pero a pesar de esto fueron bien recibidos.

La película muestra a los búlgaros dándole flores a los niños norcoreanos, vestidos con sombreros y chaquetas idénticas al llegar en 1952.

Katya Panalotova, quien vive en el pueblo búlgaro de Parvomay, recordó en la película que sus nuevos compañeros de clase comían cinco veces al día y usaban zapatos de piel mientras que los estudiantes locales usaban zapatos de goma.

Rápidamente surgieron lazos entre ellos.

“Jugábamos fútbol y voleibol juntos en una colina. Éramos como hermanos”, dice Veselin Kolev, otro búlgaro, en la película.

Pero también hubo momentos oscuros. Algunos de los huérfanos estaban afectados por la memoria de la guerra y los bombardeos, por lo que se escondían debajo de las mesas cuando escuchaban el sonido de los aviones.

Corea del Norte envió adultos a Europa para enseñarle a los niños coreano, historia y cultura, mientras que los maestros europeos se hacían cargo de las otras materias. Dobek les enseñó a los niños polaco en Otwock, un pueblo cerca de Varsovia, en el 56 y el 57.

Dijo a AP que los pequeños “necesitaban calor en sus corazones”.

“Los más chicos querían que les tocáramos la cabeza y los abrazáramos”, recordó.

La mayoría de los norcoreanos vivían en dormitorios, pocos se quedaban con familias locales.

La película incluye imágenes del archivo rumano nacional que muestran a los huérfanos saludando una bandera norcoreana con una imagen de Kim Il Sung y marchando con precisión militar en su nueva escuela.

Los niños norcoreanos cantaban “La canción del general Kim Il Sung” tan frecuentemente que algunos de sus compañeros de clase europea todavía recuerdan la letra. En la película algunos búlgaros viejos cantan juntos en coreano sobre “nuestro general Kim Il Sung cuyo nombre es glorioso”.

En la Escuela Primaria No. 5 de Otwock, donde estudiaban los huérfanos, todavía hay fotografías viejas de los norcoreanos, así como boletas de calificaciones en las que se muestra que tenían resultados excelentes en pintura, artesanía y comportamiento. En el pueblo los pinos que plantearon han crecido alto, y los restos de un obelisco que se colocó para conmemorar la amistad entre ambos países todavía se pueden encontrar.

Kim visitó algunos de los niños norcoreanos, incluyendo algunos de la escuela de Dobek, durante un viaje a Europa del Este en 1956.

Fue un año después, bajo las órdenes de Kim, que los norcoreanos comenzaron a regresar a casa. Para 1959 todos se habían ido.

La película muestra imágenes de 1959 de jóvenes norcoreanos sacando las manos de las ventanillas del tren para despedirse de sus amigos búlgaros.

Entre lágrimas Maria Yamalieva, de Bulgaria, dijo que ella y su amigo norcoreano Kim Jin Wu lloraron juntos mientras se abrazaban para decir adiós.

Nunca hubo una explicación pública de por qué se ordenó que los huérfanos volvieran a su país, pero la película y varios expertos suponen que Kim podría haber tenido la preocupación de que los norcoreanos tuvieran una influencia demasiado grande de una cultura extranjera en una época en la que había protestas contra los soviéticos en Europa del Este y reclamos para una reforma política.

Una vez que volvieron, algunos de los huérfanos enviaron cartas a los maestros y compañeros de clase.

Barbara Michalowska, cuya madre daba clases en Otwock, dijo a AP que un estudiante le envió a su madre una pintura que hizo de un paisaje coreano. Dijo que otros enviaban cartas diciendo que deseaban regresar a Polonia.

Después de algunos años las cartas cesaron, indicó Kim Deog-Young, director de la película.

Lo que pasó con muchos de los huérfanos es un misterio, pero hay algunas pistas.

Seo Jae-pyoung, quien desertó de Corea del Norte en el 2000, declaró a AP que su maestro de ruso de la década de 1980 había sido enviado a Rumania cuando era huérfano y recordaba darse festines con pan, leche y queso mientras estaba ahí.

Haesung Lee, jefe de estudios coreanos en la Universidad de Breslavia en Polonia indicó que tres exdiplomáticos norcoreanos enviados a Polonia y un cuarto que enseñaba polaco en la universidad de Pyongyang fueron huérfanos enviados a Polonia.

Sus amigos europeos les envían buenos deseos, donde quiera que estén.

“Desearía que mis amigos pudieran haber vivido tan inocentemente como nosotros cuando éramos niños”, dice Lilka Anatasova, una búlgara de 77 años, en la película al tiempo que recuerda algunos norcoreanos por su nombre. “Nunca los olvidaré”.

FUENTE: AP

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