domingo 22  de  febrero 2026
REPORTAJE

El canto y la música de Polo Montañez trascienden el tiempo

Fue un cubano afortunado y guajiro natural que se hizo grande arraigado a sus raíces

JOSÉ “PEPE” MARTEL
Especial

En medio de una región tabacalera, ubicada en los lomeríos de Candelaria, provincia de Pinar del Río, Cuba, se gestó una celebridad musical cubana conocida mundialmente como Polo Montañéz.

Fernando Borrego Linares, su nombre verdadero, nació en el pueblecito El Brujito,  traspatio de Soroa, el 5 de junio de 1955. De familia campesina muy humilde, constituida por sus padres Julio Borrego y Lucrecia Linares “Meche”, tuvo una dura niñez, cuando creció haciendo carbón, cortando caña y ordeñando vacas, hasta llegar a convertirse en tractorista. Su personalidad se curtió en todos los vericuetos del campo rudo, junto a sus cuatro hermanos.

Su padre componía música cuando terminaba sus faenas como carbonero. Pero el ambiente era bullanguero y las fiestas duraban dos o tres días. Construyó su primera tambora rústica del tronco hueco de un vetusto aguacate que revistió con el cuero de la panza de una vaca y unas cuántas puntillas. Más tarde aprendió a tocar guitarra, algo de piano sólo de oído y con las manos cruzadas, sin tener instrucciones de las fusas y corcheas.

Desandando de sitios a sitios, descalzos y con sus instrumentos al hombro, el joven músico formó una incipiente y familiar agrupación brindando sus primeros conciertos en Mango Bonito, San Blas, El Cuzco y otros lugares. Era Polo y sus muchachos.

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Compuso su primera canción en 1973, Este tiempo feliz, y nunca dejó de escribir música. Guardaba celosamente sus menorías y vivencias en una gaveta de su vieja cómoda. Este muchacho prodigio nunca estudió música alguna. Y escasamente terminó la enseñanza primaria ya que los maestros no querían pernotar por esa región. No existía luz eléctrica y sí estrechos senderos que él recorría a diario. Se dice que cuando se inauguró el hotel La Moca, en una comunidad nombrada Las Terrazas, en Vueltabajo, decidió profesionalizar el grupo para amenizar la estancia de visitantes al paradisíaco lugar.

Fue allí donde su amigo Rubén Gamboa le sugirió ponerse un apellido de oficio, Montañéz, a su ya conocido seudónimo Polo.

El éxito

En 1999 fue presentado al propietario de la disquera Lusafrica, José Da Silva, quién le extendió un contrato. ¿Suerte? ¿Casualidad? ¿Talento natural?  Y una manera diferente de hacer música. Vio la luz el CD Guajiro Natural. A partir de ese momento su música subió montañas, atravesó ríos y caminó de la campiña cubana hasta llegar a importantes pueblos, ciudades de Cuba y el mundo. Algunas de sus composiciones Amanecer el nuevo año, ¿Quién será?, ¿Dónde estará? y Si fueras mía, así como Un bolero, Mi mejor amiga y Un montón de estrellas tuvieron luz y vida.

Dicen las personas que lo conocieron que su evocación era “el olor de los algarrobos, el ambiente del campo, el canto de los pájaros y los sonidos de la ramas de árboles generalizan sus inspiraciones en la frescura de sus canciones, inspiradas en motivos propios y ajenos que le registrarán sus fibras de compositor natural”.

De esta manera, Polo Montañéz recorrió importantes escenarios en México, Colombia, Ecuador y Costa Rica, así como Francia, Portugal, España, Bélgica, Italia y Puerto Rico.

En Medellín y Bogotá fue un ídolo musical, siendo galardonado con el Disco de Platino y después el esperado Disco de Oro al músico extranjero más escuchado. Manifestó en una ocasión: “Colombia me ponía el corazón al revés”. Una serie de célebres cantantes alabaron e interpretaron sus canciones, entre ellos los boricuas Gilberto Santa Rosa y Cheo Feliciano, así como Isaac Delgado y Yumurí en su tierra natal.

Durante un viaje de La Habana a Pinar del Río, el 20 de noviembre de 2002, impactó su auto contra un camión en la zona conocida por La Coronela. Gravemente herido fue conducido al Hospital Militar Dr. Carlos J. Finlay, donde falleció a los seis días. Fue sepultado en el cementerio de Candelaria, Artemisa.

Tras el fallecimiento, el cantautor cubano José Valladares compuso una canción a su memoria titulada Cazador de estrellas para honrar su memoria como estrella centellante que iluminó su vida.

Su desaparición física consternó a Cuba entera y a las plazas del mundo que disfrutaron su música en escena. Su legado musical de guajiro cantautor natural hizo el disfrute y la alegría de la gente que lo seguían y coreaban sus inmortales canciones.

Y se dice que una vez dijo “yo siempre me estoy riendo, soy un contentón...Y agregó “ahora tengo sobrados motivos, ya que veo la cosecha de años de cultivar la vida”.

Polo dejó a los cubanos del mundo y a todos los que lo admiraron el arraigo a sus raíces: “Pueblo mío/ ya te hice mi canción/ y no quiero que lo agradezcas/ porque no hay un lugar/ mejor que se lo merezca…No pienso escapar de un lugar/ que me llena y me inspira/ ¡Ese es mi pueblo, esa es mi tierra!

A pesar de su acelerado y corto paso por el mundo dejó la eterna presencia de una música natural, rústica, nacida del corazón de la tierra que lo vio nacer. El Polo Montañéz, un guajiro natural.

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