Orlando Taquechel

Especial

El XXII Festival Internacional de Ballet de Miami (IBFM por sus siglas en inglés) será recordado por haber sobrevivido al huracán Irma y haber concluido con una gala llena de atractivo que este año fue de danza moderna y contemporánea, de estrellas y de clausura al mismo tiempo.

Enfrentando tribulaciones de todo tipo, Pedro Pablo Peña, su fundador y director artístico, planeó nuevas fechas según aparecían los partes meteorológicos y se conocían los reportes de daños, sustituyó artistas y cambió los programas una y otra vez.

Así las cosas, el evento acabaría ofreciendo solo dos presentaciones en Miami: el sábado 2 de septiembre en el Colony Theater de Miami Beach y el sábado 30 en el Miami-Dade County Auditorium. Además de arreglárselas para viajar a New Jersey y presentarse por primera vez el jueves 28 en el Union City Performing Arts Center con una Gala semejante a la presentada en el sur de la Florida.

En la función del Colony, identificada como Lírica y Tradicional, la Atlanta Professional Dance Academy (APDA), abrió y cerró la función con obras de grupo montadas por Sara Wong (Jasmin Flower y Beijing Opera Fusion) e incluyó también Snow’s Blossom (también de Wong) y Primavera, de Wei Dongsheng, su fundador y director artístico. Trabajos perfectamente ejecutados que fueron muy bien recibidos por el público.

Esa misma noche, la compañía neoyorquina Ballet Inc. debutaría en Miami con Les Sentiments y abriría la segunda parte del programa con “E.P.”. Dos coreografías de Aaron Atkins ejecutadas en penumbra por los atractivos Chloe Slade y Denzel Taylor.

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Una pieza de la compañía Cuban Classical Ballet of Miami.
Una pieza de la compañía Cuban Classical Ballet of Miami.

La función, a teatro lleno, presentó también talento local: Grace Art Center (GAC), con sede en Fort Lauderdale, trajo Bailar, una coreografía de Isanusi García-Rodríguez para dos bailarinas y Cuban Classical Ballet of Miami (CCBM) estrenó The Dawn of the Last Days, un solo creado por el propio Peña como vehículo estelar para Isanusi, que lo interpretó acompañado en vivo por el guitarrista Alberto Puerto. Nuevamente, los problemas de iluminación solo permitieron apreciar ambos trabajos de manera intermitente. En este contexto, CCBM repusó Habaneras de Peña y Eriberto Jiménez incluso sin la proyección de fondo que le otorgó esencia y definición en su estreno.

De todas formas, Isanusi fue muy aplaudido al finalizar su solo y sorprendió gratamente a los espectadores en el dueto de Habaneras.

Tres semanas más tarde, el IBFM regresaría a escena para ofrecer su tan esperada gala donde se entregó el Premio Una Vida Por La Danza a la notable primera bailarina brasileña Cecilia Kerche.

Melissa Oliveira y Cicero Gomes del Ballet do Theatro Municipal do Rio de Janeiro (Brasil) abrieron la función; Gabriela Mesa, Josue Justiz Brito y Fabián Morales de Dimensions Dance Theater of Miami bailaron un impecable Esferas y Virna Toppi y Massimo Garon del Ballet Teatro Alla Scala (Italia) sobresalieron en Le Papillon, un ejercicio estilístico exquisito con música de Jacques Offenbach y coreografía de Marie Taglioni.

El descubrimiento de nuevos favoritos no se hizo esperar: los estatuarios Maria Emilia Garcia y Reynaldo Alexander Duval, del Ballet Nacional Dominicano, interpretando Desde el Silencio; los carismáticos Rinaldo Venuti y Vincenzo Di Primo del Ballet Nacional Polaco con Abisso y el portentoso Francois Llorente, junto a Gretel Batista, representando al CCBM, en el pas de deux Llamas de Paris.

La segunda parte del programa comenzó con el adagio Vertigo, una breve joya coreográfica con música de Bernard Herrmann concebida por Vladimir Issaev para una Mary Carmen Catoya de proyección inédita y fluidez deslumbrante acompañada por un afectuoso Kazuya Arima.

Tjasa Kmetec y Petar Dorcevski, de la Ljubljana National Opera Ballet (Eslovenia) sobresalieron con el inquietante Doctor Zhivago; Venuti y Di Primo se revelaron como intérpretes versátiles al bailar Capturam una obra creada por ellos mismos, y Nicole Marie Graniero y Jorge Oscar Sánchez del Washington Ballet ofrecieron el mejor trabajo de pareja de la noche en un pas de deux de repertorio con Le Corsaire.

La función, que avanzó incólume ignorando algunos problemas técnicos de luz y sonido, se acercó a su gran final con la entrega hierática de la elegante Delphine Moussin, primera figura de la Opera de Paris en Madame Bovary y cerró con los brasileños Oliveira y Gomes que regresaron a escena para bailar el pas de deux Don Quijote.

En resumen, esta es la reseña del final feliz de un festival que no se dejó vencer por un huracán.

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