lunes 26  de  febrero 2024
RESEÑA

"Foro", de dramaturgo cubano, maquilla la realidad de la isla

"Foro", del dramaturgo Carlos Celdrán, presentada en el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami
Por LUIS DE LA PAZ

MIAMI.- En plena pandemia, un escritor cubano residente en la isla gana el Premio Milenio en España y está a punto de presentarse de manera virtual ante los medios y el jurado, para recibir de manera pública el galardón. En este contexto gravita la obra Foro, del dramaturgo Carlos Celdrán, presentada en el 37 Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.

Este hecho rutinario para cualquier escritor que alcance reconocimiento, en esta obra se convierte en un episodio traumático para el autor, que duda en si acudir o no al foro virtual. No dilataré más mi observación. Fuera del contexto cubano está obra sencillamente no se entiende.

Para contextualizar es necesario resaltar que Foro está escrita por un cubano que vive en la isla, aunque tiene residencia en España y mantiene en Cuba activo su grupo teatral Argos (con el que acudió al festival), por lo que el dramaturgo debe ser prudente a la hora de escribir, enfocar y exponer lo que se expresa. Esas son las reglas básicas de quienes siguen atados intelectualmente a la dictadura cubana.

En Foro, todos los personajes viven por distintas razones fuera de Cuba, menos el premiado escritor. Lo usual es que la mayoría permanezca en su propio país y algún que otro aventurero de la familia busque nuevos rumbos, pero en el marco cubano es todo lo contrario. Los padres del escritor, que están separados, viven en Miami. El padre se largó de Cuba cuando el éxodo de 125,000 cubanos por el Mariel. La madre, se presenta como una exitosa empresaria muy dedicada a defender a la revolución, pero al caer en desgracia con el gobierno que la aupaba, decidió “emigrar”.

Por su parte el personaje de Guillermo, un “amigo” de la “beca” del escritor (los que somos cubanos sabemos por los indicios que alude a la Lenin, exclusiva escuela para los hijos de la élite gobernante), reside en España con su esposa y dos hijos. Hasta el coordinador de la conexión virtual, es un español hijo de una cubana.

Nunca se expone por qué la inmensa mayoría de los protagonistas se ha ido de su país. Hay guiños, como suelen hacer los dramaturgos de la isla, para decir y no decir, para exponer y no exponer. La infamia llega cuando el personaje de la madre expresa que estuvo enferma y necesitó pruebas médicas: “Las pruebas las pagó el seguro. No dependo de ti, me valgo por mí sola”. Expresar eso en España puede pasar inadvertido, pero en Miami de donde salen miles de millones de remesas a Cuba, es un insulto al sacrificio de las familias cubanas en el destierro que prácticamente alimentan y visten a sus seres queridos en ese estado fallido que se llama Cuba.

Los aspectos más engorrosos de Foro se manejan por la “rara amistad” del escritor y Guillermo y la intervención de la familia y autoridades para romper los lazos que los unían, hasta que lo logran. Hay como una culpabilidad mutua por no ser lo que quisieron ser, incluso se insinúa que todo era una relación platónica.

La obra se maneja desde largos monólogos, particularmente el de Yaniel Fernández, que como Guillermo estuvo alto e intenso en todo momento, un excelente actor capaz de desdoblarse emocionalmente con facilidad y dominio. Sin embargo el personaje del escritor interpretado por Rey Montesinos, es poco expresivo, permanece casi todo el tiempo ensimismado, inseguro, recogido en largos silencios, lo que no le permitió brillar en escena.

Los otros dos actores de la obra, Yanet Sierra como la madre, condujo sus escenas con soltura, atando un poco el texto, mientras que Fidel Betancourt como el Edecán, ayudó a llevar las escenas, que tuvo sus momentos de ritmo teatral cuando todos los actores hablan a la misma vez repitiendo el mismo texto. Ese recurso brinda la posibilidad de aportar detalles que facilitaban entender un poco mejor el contexto escénico, pero el tumultuoso lenguaje colectivo dispersaba también las ideas, atropellándolas.

La simplicidad de la escenografía, dos mesas, sillas y dos computadoras, más la multimedia que prácticamente ha estado presente a lo largo de todo el festival, fue todo un acierto.

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