MIAMI.- De su país natal, Guillermo Dávila extraña recorrer su geografía en su motocicleta y sentir la brisa del mar cuando salía a navegar. Así el cantante dejó escapar una nostalgia que no sabía que sentía y que lo invadió al recordar a Venezuela, de donde hace unos cuatro años salió para instalarse en el sur de la Florida.

“En mi moto yo recorría por cualquier parte de la tierra de ese país que para mí era mi universo, llegaba adonde fuera, conocía y aprendía y no tenía límites. No hay sensación más grande que la de salir en una embarcación a disfrutar”, recordó durante una entrevista que concedió a DIARIO LAS AMÉRICAS.

El cantante, que considera los escenarios de Miami ideales para dar continuidad a su carrera artística, se presentará el viernes 18 de mayo en el Teatro de Bellas Artes, a las 8:30 p.m., en un concierto con el que cumplirá el deseo de un gran amigo, su mánager que hace dos meses falleció.

“Ese teatro tiene para mí una historia muy especial, es uno de los más completos de lo muy chiquitico y atractivo que es. Tuvimos la idea de hacer una gira por diferentes teatros pequeños, porque me encantan, crecí en ese mundo. Y él, en un gesto de amistad conmigo, apartó ese teatro para iniciar ese proyecto, a manera de sorpresa. Lamentablemente, ese gran amigo se nos fue, ya no está con nosotros. Y voy a culminar esa idea tan bonita que él trató de comenzar”, expresó el también actor, que ahora vive en Weston.

“Este es un lugar ideal para aprender muchas cosas. Ha sido fabuloso, he vivido en otros sitios y me siento favorecido de vivir aquí. En Miami hay público para todo, porque aquí están representadas muchas nacionalidades y todos hacemos de esta ciudad un pequeño país”, agregó.

El rostro que engalanó grandes producciones de la televisión venezolana reveló que sólo un personaje que valga la pena lo haría regresar a la pantalla chica.

“Yo estoy muy bien así, soy capaz de abrirme cualquier horizonte. No estoy necesitado de formar parte de la televisión, aunque si aparece un buen proyecto, con mucho gusto lo hago. Pero las cosas están como algo fuera de la realidad, y la crisis no es solamente en Venezuela, es de todos los seres humanos, de todos los países”, reflexionó el intérprete, cuya última actuación ante las cámaras fue en Las Bandidas (2013), telenovela en la que se adentró en la piel de un prestigioso y atractivo biólogo.

“La televisión lo deja a uno seco. Es muy buena experiencia, pero se cae en los excesos haciendo esas teleseries. Me encanta todo lo que están haciendo últimamente; considero que hice cosas muy agradables y, sobre todo, dignificante para mí como ser humano”, añadió.

Sobre el estado de la escena artística en la Venezuela que dejó hace unos años atrás, comentó:

“No quiero decir deplorable, al contrario, existía un crecimiento cultural muy interesante. Pero donde hay dictadura, no crecen las flores, aunque digan ellos que sí. Y el arte es una flor”.

Aunque reconoce que quisiera volver a pisar los escenarios de su tierra, teme que su posición política, que ha expresado en varias ocasiones, sea un impedimento.

“Yo sí quisiera presentarme allá, moriría por hacer un concierto en Venezuela. Pero después de haber dicho todo lo que dicho de ese país, y de haber estado en desacuerdo con todas las injusticias, lo mínimo que me puede esperar es que entre, haga el concierto y me metan preso”, señaló.

“Me he manifestado contra la injusticia y la barbarie, y toda esa historia que le han dado un nombre, pero eso no es comunismo, eso es barbarie; no sé qué adjetivo calificativo darle. Los niveles más grandes que puedan descompensar al ser humano están allí; mi querido país es lo más cerca a la barbarie”, agregó.

En cuanto a si considera que los artistas deban o no manifestarse sobre la escena política, afirma que más que un derecho civil es un requerimiento para que el arte sea completo, porque desde tiempos prehistóricos cuando los humanos plasmaban su realidad en las cavernas, el arte ha servido como forma de expresión.

“El arte es un mecanismo para que los seres humanos manifiesten sus necesidades, en todas sus expresiones, sea en la música, la pintura, la literatura o en el cine. Entonces, ese arte no puede estar desligado a la civilización, lo que sí no puede estar ligado a un partido político”, expuso.

“Si un artista deja de manifestarse políticamente, entonces no hace arte realmente, su arte estaría incompleto. La política es un derivado de la deformación y la intención de querer formar una buena civilización. El arte está muy por encima de eso que llaman política, mas no por encima de la civilización”, teorizó.

“Los políticos deberían también ser un poquito artistas, pero tal vez quebrarían más rápido los países. Venezuela está siendo manejada por unos artistas muy malos”, agregó entre risas.

Dávila también reconoció que la fama lo alcanzó sin proponérselo.

“Yo nunca me quise preparar para llegar a ser famoso, nunca me pasó por la cabeza. Me preparé para hacer una escuela de artes escénicas, pero en mi camino se tropezó eso tan difícil que era la fama, y fue tan violento. Afortunadamente, tuve un gran maestro que me enseñó a darle la verdadera importancia que tiene el hecho de ser famoso”, recordó.

Y es que para Dávila, más importante que alcanzar la fama, es crecer interiormente y disfrutar las cosas simples de la vida, como cuando prefirió contemplar un atardecer en vez de grabar una escena.

“Hay que ser muy disciplinado en eso de la televisión; pasaba meses encerrado en los estudios de grabación. Y quise ver un atardecer, no quise rechazar eso porque tenía que grabar una escena con aire acondicionado en un estudio, donde todos estaban con cara de locos. Y quizás le ocasioné molestias a alguien, pero vi el atardecer, ese día crecí un poquito por dentro”.

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