INGRID REINO

Especial

Israel era para mí el gran desconocido. Antes de visitar el país y conocer a su gente, la nación judía era, en mi natal España, casi siempre presentada como un Goliat abusivo y opresor.

Sin embargo, llegar a Tel Aviv como parte de un grupo invitado por Fuente Latina -organización sin fines de lucro fundada y presidida por Leah Soibel- el día en el que se recordaba el Holocausto, fue una coincidencia que marcaría el torbellino de sensaciones que se iban a desatar en los siete días que estuvimos allí.

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El inicio

Nuestra visita comenzó con un desayuno en Tel Aviv con el periodista especializado en temas del Medio Oriente Henrique Cymerman.

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El grupo que viajó a Israel. De izq. a der., Karen
El grupo que viajó a Israel. De izq. a der., Karen "La Chechi" Martínez, Vania Bludau, Marcos Peréz, Danella Urbay, Roberto Hernández, Ingrid Reino y Rafael Aníbal, coordinador del viaje.

Mi adolescencia y juventud estuvieron permeadas por sus reportes como corresponsal de los medios más importantes de televisión y prensa de mi país. Hablábamos de Europa y el mundo en general compartiendo la preocupación por la creciente ola de antisemitismo y racismo que hoy nos amenaza.

Cuando dieron las 10 en punto de la mañana, una fúnebre y tétrica sirena comenzó a sonar en la calle. Todos a nuestro alrededor se levantaron y guardaron un profundo silencio. Caminé hasta la calle y vi lo que probablemente sea la imagen más sobrecogedora que he presenciado en mi vida. Los coches estaban parados en plena vía con los conductores de pie, inmóviles.

Un país moderno

Cuando yo pensaba en Israel desde luego no me imaginaba una ciudad como Tel Aviv, moderna y bohemia con una increíble vida en sus calles. Una vez más me volví a equivocar. Es una metrópolis con gran vida cultural y gastronómica. Israel es, además, el segundo país después de EEUU con mayor cantidad de empresas de tecnología de punta que cotizan en Nasdaq. No debería ser sorprendente: el 57% de la población de Tel Aviv posee estudios superiores.

Para los jóvenes israelíes, el servicio militar es obligatorio (tres años para los hombres, dos para las mujeres) y no es de sorprenderse: los nueve millones de habitantes del país viven en la única democracia del Medio Oriente y están rodeados de vecinos que le son hostiles.

Una vez terminado su tránsito por las fuerzas armadas, la preparación profesional de estos jóvenes para enfrentar el futuro es digna de admiración. Ese es el caso de Reut, una de las productoras del viaje, quien con escasos 27 años ya ha cursado Estudios Latinoamericanos y estudió en países como Canadá, Brasil y España. Además de hablar hebreo, inglés, árabe, francés y español, lleva un blog y posee una página maravillosa de viajes en Instagram.

En Tel Aviv puedes encontrarte zonas como Florentine, otrora un barrio decadente y marginal dónde a mitad de siglo pasado llegaban los judíos emigrantes pobres y hoy se ha convertido en un barrio bohemio que atrae a grupos de turistas por sus paredes llenas de grafitis.

Un país generoso

La geografía del país es increíble y en cuanto sales de Tel Aviv y te encaminas por el desierto de Judea, es cuando realmente eres consciente de su belleza natural.

Pero es un país tremendamente generoso con sus habitantes.

Nuestra guía Mónica, nacida en Argentina, quien con 19 años decidió irse a vivir a Israel, contaba como cuando llegó al país trabajó en un kibutz. Era algo muy común para los que emigraban a Israel. Los kibutz fueron el origen de la creación del Estado. Son granjas dónde la gente era recibida y cada uno brindaba su trabajo y recibían según sus necesidades. Además de que todas las decisiones eran tomadas en asamblea y por tanto fueron los que sentaron los cimientos para la próspera economía del país. Emocionada, contó que de allí pasó a estudiar Literatura Latinoamericana y conoció al que sería su esposo.

En Israel solo hay un 3,7% de desempleo. Dentro de ese número están mayormente los judíos ortodoxos que dedican su vida al estudio de los textos sagrados. El Estado ofrece asistencia de salud pública y educación gratuita y obligatoria. Esas bondades, a las que los israelíes contribuyen con sus impuestos, van de la mano de una economía de mercado, basada en la libre empresa y la propiedad privada.

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Un barrio en el área de Tel Aviv-Yafo.
Un barrio en el área de Tel Aviv-Yafo.

Jerusalén

La vista de Tierra Santa desde el Monte de los Olivos impacta. Cada piedra, cada estructura de esta ciudad, que es el centro de tres religiones, tienen tanta historia que sobrecoge al visitante.

Recorrer sus calles es envolverse en una mística indescriptible. El visitante queda atrapado en la historia y las muchedumbres que copan la Vía Dolorosa, sus cuatro barrios (musulmán, judío, cristiano y armenio) y el Muro de las Lamentaciones.

Pero Jerusalén es más que su parte vieja, nos contó Rafael Aníbal, director de Comunicaciones de Fuente Latina en Madrid: también la conforman vecindarios maravillosos y modernos que no deben escapar a los ojos de quienes la visitan.

De ese lado menos conocido de la ciudad y de sus planes de futuro nos habló Fleur Hassan-Nahoum, vicealcaldesa de Jerusalén, una mujer enérgica y directa, nacida en Gibraltar.

Hassan Nahoum nos contó que lleva la política en la sangre -su padre fue el histórico premier de Gibraltar, Joshua Abraham Hassan- y de sus orígenes sefardíes –sus padres eran judíos provenientes de Marruecos-.

Al hablar sobre las “desventajas” que enfrenta en su rol de mujer con un alto cargo político en una ciudad tan variada demográficamente, afirmó que al final “siempre te subestiman y no te ven venir”, pero el empoderamiento de la mujer en Israel es tangible.

Ha enfocado su labor -aseguró- en los sectores más desfavorecidos de la población. Según ella, nadie que viva en la pobreza y sin igualdad de oportunidades puede ponerse hablar de paz.

Teniendo en cuenta que Jerusalén es la ciudad de todo el país con mayor presencia de distintos grupos étnicos y religiosos, considera que es el “laboratorio” perfecto para soluciones.

El Holocausto

Acabar nuestro viaje a Israel visitando el Museo de la Historia del Holocausto Yad Vashem fue, quizás, la nota más triste de toda la visita.

Cuando uno se asoma, aunque sea por unas horas a esa, una de las etapas más oscuras y trágicas de la historia universal, no puede dejar de sobrecogerse. Si además, lo hace bajo la guía de Hilda Fainsilber, cuya familia estuvo entre las víctimas del Holocausto, la experiencia queda grabada para el resto de la vida.

Albert Einstein tenía razón cuando afirmó: “Es más fácil separar un átomo que derribar un prejuicio”, pero gracias a Fuente Latina, ese objetivo cada día está más cerca.

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