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MIAMI.- Desde que uno entra a la Academia Conchita Espinosa, ubicada en el suroeste de Miami-Dade, puede notar que este sitio es, más que una escuela, un espacio para fomentar la imaginación. Y justamente la creación es el objetivo principal de este centro docente, que prioriza el desarrollo de los talentos de cada estudiante.

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María Ofelia Armas, directora de actividades y exalumna de la academia, ofreció a DIARIO LAS AMÉRICAS un recorrido por los espacios de una escuela que es parte de la historia artística de Miami.

Una vida dedicada a la docencia

A partir de su creación en La Habana, en el año 1933 por Conchita Espinosa (1914-2006), esta academia se ha sabido mantener viva gracias al amor por el arte y la docencia. Si bien la academia comenzó con menos de 10 estudiantes, hacia 1959 ya contaba con unos 450 alumnos.

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La profesora Conchita Espinosa, fundadora de la academia.
La profesora Conchita Espinosa, fundadora de la academia.

La labor de Espinosa fue tan admirable que el propio Ernesto Lecuona, uno de los mejores compositores de la historia musical cubana, le dijo en una ocasión: “tú naciste para enseñar”.

Una vez en la Ciudad del Sol, en 1963, no se detuvo y eligió el propio garaje de su casa para continuar con la enseñanza artística. Poco a poco logró tener un espacio en la Pequeña Habana, hasta mudarse a su actual sede que ocupa unos 10 acres en el suroeste de Miami-Dade.

La pedagoga cubana recibió varios reconocimientos por su trabajo, entre los que destacan el Richard y Dorothy Lear Memorial Distinguished Educator Award, en 1994, y el Legacy of Excellence Award, en 1999. En el año 2001, la calle 6 del suroeste, donde se encuentra la academia, recibió el nombre de Conchita Espinosa Way en su honor.

En la actualidad, la institución, dirigida por Maribel Zubieta-Díaz, cuenta con alrededor de 120 profesores, tiene cursos desde primero hasta octavo grado, con un plan docente que abarca la apreciación de las artes en su totalidad. La danza, la música, las artes marciales, las artes plásticas y escénicas se unen a los programas de clases básicos que incluyen la formación en ciencias y letras.

Para aquellos interesados en perfeccionar sus conocimientos artísticos, hay programas después de las clases regulares, en los que se dedican a ensayar un musical, una coreografía o una técnica de artes plásticas.

El periodo de admisiones es en enero, pero se suele extender hasta mayo. Sin embargo, los interesados en hacer un recorrido por el centro, pueden contactar a la escuela para coordinar una cita. La escuela exige realizar un examen de admisión, además de las pruebas regulares de matemática, inglés y literatura.

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La profesora Danella Bedford, al fondo, mientras imparte una clase de danza.
La profesora Danella Bedford, al fondo, mientras imparte una clase de danza.

Como parte de las actividades extraescolares, en años alternos realizan un festival de arte en el Miami-Dade County Auditorium, para el cual se preparan hasta el último día. Esta es una excelente oportunidad para que los estudiantes se presenten ante el público y demuestren su talento unido a la técnica que pulen con ayuda de sus profesores.

Además, los estudiantes tienen la posibilidad de asistir a campamentos de verano con programas de arte y otros cursos más intensivos.

Los resultados hablan por sí mismos. Muchos de los jóvenes que han estudiado en esta academia ponen en alto su nombre, cuando triunfan en escenarios internacionales y obtienen prestigiosos premios y becas en centros educativos superiores.

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Reconocimientos recibidos por la academia y sus estudiantes.
Reconocimientos recibidos por la academia y sus estudiantes.

Llegar al alma de un niño ha sido el lema de esta institución desde sus inicios.

“Para llegar al alma de un niño, uno debe conocerlo, guiarlo y, especialmente, amarlo”.

Conchita Espinosa

Una de las razones del éxito de esta escuela, además de un programa académico pensado para el desarrollo de un ser humano integral, es la entrega diaria de sus profesores. Con excelentes currículos y trayectoria artística probada en escenarios internacionales, estos profesionales disfrutan la docencia.

Y eso se percibe desde que uno entra a los salones de clase. Los profesores animan a sus estudiantes a ensayar una y otra vez hasta alcanzar una nota musical adecuada, un giro limpio en la coreografía, el trazo necesario para lograr un efecto de profundidad en un cuadro. La clave está en la disciplina, la constancia y el amor por lo que hacen.

Marisol Moreno, directora del Departamento de Danza Española de la academia, abrió con gusto las puertas de su salón, donde prepara con sus estudiantes una nueva coreografía. La profesora se refirió a uno de los viajes recientes, que les permitió presenciar clases y ensayos en el Ballet Nacional de España, bajo la dirección de Antonio Najarro.

“La primera vez que fuimos a España, llegamos al hotel, dejamos las maletas y fuimos al ensayo del Ballet Nacional en su sede. Fue una experiencia muy enriquecedora, porque pudimos tener acceso a la educación formal e informal del flamenco. La educación formal viene del conservatorio, pero hay una educación que la llamamos informal que se da en escuelas donde hay profesionales del flamenco también”, enfatizó Moreno.

Claudia Michiels, una de las estudiantes que viajó con el grupo a España, destacó que hubo un antes y un después de ese viaje, en el que aprendió “mucho de la cultura española y de los diferentes tipos de baile”.

Una de las mejores experiencias para los estudiantes fue constatar que el flamenco no solo se aprende en las academias, sino en las calles y los tablaos, donde se respira y se vive esta tradición danzaría.

“Es un choque entre lo que es un conservatorio: los salones, el piano, la estructura de la clase de ballet, las zapatillas, la escuela bolera, todo ese rigor, a ir a otro espacio que es más relajado pero igual de importante. Hay veces que las experiencias más importantes son fuera del aula, como puede ser ir a un tablao, conocer en un pasillo a alguien. Cuando llegas a Sevilla y ves el ambiente, te das cuenta de que la danza española es un estilo de vida, una forma de sentir. Y eso, a veces, es difícil explicarlo en una clase”, explicó Moreno.

Tanto alumnos como profesores valoran los beneficios de la educación artística, pues contribuye al crecimiento espiritual y a fomentar una disciplina que suele quedar marcada de por vida.

En este sentido, la estudiante Alexa Guardo defiende su amor por el arte, porque afirma que “se puede expresar algo que no puedes decir con palabras. Cuando estás bailando puedes mostrar emociones que normalmente no puedes decir. Y lo puedes expresar con tu cuerpo, con tu cara. Es algo bueno, porque te ayuda a liberarte y sentirte mejor”.

Por su parte, su compañera de clases, Gabriella Puig, confesó sentirse agradecida por hacer algo que realmente le apasiona.

“Pienso que el arte ayuda a las personas a vivir mejor en la sociedad. Aprendemos a ser flexibles, porque tienes que encontrar un tiempo para hacer cosas que te gustan, y esto me da felicidad”, comentó Gabriella.

El sueño de Conchita Espinosa está vivo y recorre cada día los pasillos de esta academia, que más allá de ser una escuela y un espacio para la libertad creativa, es un hogar para estos niños que se preparan para salir al mundo y triunfar.

La escuela Conchita Espinosa está ubicada en: 12975 SW 6th St, Miami, FL 33184

Para más información, llamar al: 305-227-1149

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