sábado 14  de  marzo 2026
RESEÑA

La crudeza del sublenguaje marca el ritmo en "Frank y Leo"

Esta obra, que bien pudiera situarse dentro del teatro de la crueldad, la trabaja la directora Miriam Bermúdez de una manera muy directa, sin cortapisas

Por LUIS DE LA PAZ

MIAMI.- Sala llena, sillas adicionales a los lados y público acomodado lo más discretamente posible en un extremo del escenario. Todo esto describe el sábado de la segunda y última semana de Frank & Leo, versión de Irán Capote de la obra Gota de agua sobre piedras calientes del dramaturgo Rainer Werner Fassbinder (1945-1982), bajo la dirección de Miriam Bermúdez, en la sala Artefactus de Kendall.

La obra de Fassbinder, teatro, cine y televisión le imprimió un giro a la escena alemana, y su reconocimiento se extendió rápidamente por el planeta. Su obra Gota de agua sobre piedras calientes (1965) conectó con el público rápidamente, al abordar en ella las relaciones de parejas y la manipulación.

Esta obra, que bien pudiera situarse dentro del teatro de la crueldad, la trabaja la directora Miriam Bermúdez de una manera muy directa, sin cortapisas, exponiendo la crudeza en el sublenguaje del texto, que prevalece todo el tiempo marcando el ritmo, mientras muestra los rostros de dos hombres, Leo y Frank, que establecen un vínculo condenado desde el mismo inicio al fracaso. Hay una frase que sentencia el curso del texto: “He dejado de ser yo para convertirme en él”, expresa Frank.

En la obra, Frank llega a casa de Leo que está alquilándola. Luego resulta que cambió de opinión y comienza a establecerse entre ellos una escena homoerótica. Finalmente Frank se queda a vivir en la casa y se va exponiendo la manera que influye y domina el comportamiento de Frank.

Por otro lado, Frank tiene una novia, Ana, con la que constantemente tiene conflictos, se separan, se reencuentran. Se desean, pero Ana le dice: “No puedo sacarte de mi cabeza”.

El propio Leo vivió siete años con Vera, pero la relación se deshizo. Una Vera que aparece imprimiéndole un giro inesperado a la obra y al desenlace final.

Los actores resultaron muy armónicos, lo que le aporta energía adicional a la propuesta. Leo lo interpreta Héctor Alejandro González, actor con mucha experiencia bajo la dirección de Miriam Bermúdez. Héctor Alejandro se proyecta convincente, dominante como requiere su personaje, un ser que hace de la manipulación un modo de vida.

Esta obra se sustenta en la sicología de los personajes, sus debilidades y fracturas. Ese ser débil, inseguro lo maneja con puntualidad José Carlos Bermejo, que sabe lo que hay que hacer en escena y consigue llegar al público esa condición de pusilánime que demanda su Frank.

La protagonista femenina, Laura Alemán como Ana, la enamorada de Frank, marca su personaje con buen ritmo, se deja seducir por Leo, que también ejerce presión sobre ella. La actriz es joven, bella y eso refresca la tensión de las escenas.

La aparición de Vera, como ya se apuntó, le imprime un giro a Frank & Leo. El personaje lo interpreta Heidy Hidalgo-Gato, una actriz cubana que hace su debut en Miami. Proviene de Teatro Estudio, una sólida escuela de actuación y se integra perfectamente al equipo. Vera, la exmujer de Leo, llega con la intención de vender la casa y llevarse su parte.

Pero Vera es otra víctima del dominio de Leo, que hace que deje de ser Víctor y se convierta en Vera, algo que hizo para “complacer a Leo”.

Toda la obra trascurre en la sala de una casa, donde hay una percha, lámparas y un sofá de espalda al público. Una escenografía simple y funcional (como no hay programa no hay a quien darle el crédito, como el de las canciones seleccionadas, que son muy buenas). La pistola en medio de la escena le imprime una tensión inicial al espectáculo, pero queda como algo secundario, tal vez como símbolo del dominio sobre los demás, pero esto es pura especulación.

Toda la fuerza visual de esta obra radica en el contacto entre los personajes, hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombre mujer, todos juntos. Esa cochambre, en el sentido que se le da en Cuba al término, es un fuerte gancho para atraer público que goza lo erótico (eso explica, quizás, la abarrotada sala). Vale destacar que en la obra abunda la sexualidad, pero no hay sexo. Todo lo maneja la directora con mucho tacto.

Frank & Leo es en su conjunto una pieza interesante, que ya no escandaliza como cuando se estrenó. Un texto muy de los sesenta, época de los efectos de la segunda guerra, la contracultura y la incomunicación tan enarbolada por Antonioni, el cineasta francés. Ese vivir intensamente el instante y de la manera más individual posible.

Frank & Leo debería volver a la cartelera, tiene un público asegurado.

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