MIAMI— La intensa vida de Zoé Valdés es una reciente obra de la autora cubana que se une a su ya larga lista de libros. ¿Se trata de una autobiografía? Pese a las frecuentes entradas tomadas al parecer de una bitácora digital, donde comenta sobre los más disimiles temas: los excesos de los movimientos “woke” como el feminismo de tercera ola, o las peripecias de cierta disidencia política cubana, el hilo conductor se mantiene y la autora nos va narrando en forma de reminiscencias intermitentes o flash-backs su vida. En un lenguaje que alterna lo depurado y lo vernáculo, vemos su infancia en La Habana de los sesenta y su juventud en los ochenta, hasta su exilio en Paris con memorables encuentros como el de Samuel Beckett.
Una pregunta que afloró a mi mente al comenzar a leerla es: ¿Qué tenían en común esas frecuentes entradas, algunas de las cuales había ya había visto esbozada en algunos de sus posts de Facebook con las narraciones de su infancia, sus decepciones de las figuras intelectuales de la Cuba oficial y la experiencia de un exilio que contrastaba las penurias del emigrante con la fascinación ante la vida parisina? Pude respondérmelo al casi terminar de leer este libro: lo común es la experiencia de una exiliada que se queda esperando por una invasión que no tuvo lugar, por un nuevo Girón, algo que aparece dramáticamente en su sueño con Trump.
Sus frecuentes referencias a Cuba como “Cagonia” o "shit-hole", similar a la utilizada por Trump para referirse a algunos países latinoamericanos, reflejan que la condición del exiliado no es, como explica Anna Bundgard al estudiar la obra de otra escritora exiliada, María Zambrano, la del refugiado, que aspira a regresar, el exiliado no vive en ninguna parte: “En principio se vive la expulsión en el destierro, después el desterrado se transforma en refugiado, al sentirse acogido en el lugar que le recibe…. El exilio en cambio, es un sentimiento de abandono definitivo e irreversible que acontece en una etapa posterior al primer destierro …” (Bundgard, Ana: Más allá de la filosofía. Sobre el pensamiento filosófico-místico de María Zambrano. Editorial). Ella misma lo corrobora al decir al comienzo de la autobiografía: “Lo peor de ser un exiliado es que ningún lugar del mundo consigue ser el adecuado” (Trotta. Madrid, 2000. p 175.).
Su vida en retazos, tal como la registra la memoria que quiere permanecer sin el encuadramiento y -siguiendo a Zambrano-, la violencia del Logos racionalista; da testimonio de un tiempo plural, donde pasamos de la infancia a su disputa con improvisados luchadores anticastristas, a sus noches donde dormía en una librería de Paris, a sus clases de francés en la Ciudad Luz. Es este aquel mismo tiempo de la razón poética tan distinto del lineal de la historia hecha a imitación de la física. De ahí que la autora nos convence que la historia de su vida yace detrás de esta pluralidad, sin hacer caso de la alteración cronológica.
Su llegada al exilio la hace cambiar su escritura. Confiesa en esta obra haber abandonado a Lezama como modelo y adquirido el propio del choteo criticado por Mañach que valora de una manera diferente a la del autor de la célebre Indagación. Intrigado por este cambio logro preguntarle en la presentación del libro en el Books & Books de Coral Gables y me responde que su generación quiso imitar a Lezama, entonces prohibido, pero en su búsqueda del pasado cubano, que la ha llevado a escribir una trilogía sobre personajes históricos, entre ellos Batista y Martí, encuentra la tradición de la isla antillana que la lleva a ese cambio de estilo.
Aunque, a diferencia de la escritora logro distinguir entre una Cuba en potencia y la Cuba actual donde puede verse el envilecimiento de la sociedad, no dejé de disfrutar esta obra pues entre otros valores de esta obra se trata de quien supo imponerse a una circunstancia muy difícil: nacer en un solar a punto del derrumbe, pasar a un albergue, vivir la experiencia de la escuela al campo en los años 70 en pleno delirio colectivista nacional. Nada hay más lejos en esta Cuba de Zoé de la nostalgia con la que algunos cubanos recuerdan los años previos al periodo especial. Y a pesar de todo convertirse en escritora estando aun en la isla. No dejo de recordar el impacto que en mi mente adolescente causara un artículo que Valdés escribiera para Cine Cubano y esta era la misma niña que había vivido aquella traumática infancia. La misma que se lanzaría a un exilio de tres décadas donde ha encontrado un estilo literario propio. La intensa vida habrá de unirse a la empresa de los cubanos que queremos evitar la fuga de la memoria, pero también de los que quieren librarse de un tiempo lineal que haga de la historia una tiranía.