No se ni donde comenzar.
El escritor Gonzalo Rodríguez publica un último adiós a Mario Ernesto Sánchez, recordado dramaturgo fallecido en 2025
No se ni donde comenzar.
Nos conocimos en 1976. María Julia Casanova nos presento. Recién estaba abriendo Teatro Avante y trabajamos hombro con hombro realizando sueños que eran mutuos. Madrugadas enteras venciendo obstáculos para crear y llevar a escena nuestra pasión. Don Gil. Homenaje. Aire Frío. La Finca. Un Tranvía. Niñas Ricas. Trabajadora Milagrosa. Picnic. Las Brujas de Salem. Alguna Cosita. Damas Retiradas Electra. Hasta el Año Que Viene Monstruos Sagrados. Y una docena más. Me compenetré tanto que me convertí en parte de su familia. Ese fue el error.
Compartíamos el mismo humor negro y el mismo sarcasmo que casi nadie entiende. Nos parecíamos tanto. Nos mirábamos y sin palabras nos radiografiábamos. Ninguno de los dos éramos hipócritas en esta industria donde la hipocresía y la mentira reinan. Nosotros no teníamos máscara el uno para el otro.
Nos separamos. Llevamos a que la gente pensara que éramos “enemigos”. Seguimos persiguiendo nuestra pasión por caminos diferentes. El se convirtió en el gran Quijote teatral de Miami. Yo busque caminos tal vez más comerciales pero orgullosamente siempre viví de mi trabajo en las artes.
Lo admiraba mucho… de lejos. Dicen que el me admiraba a mi mucho… de lejos. Cuanto tiempo perdido. Cuantas palabras calladas. Cuantos sentimientos enterrados.
Nuestro amor compartido, Alina Interián, me pidio que le escribiera cuando me aviso que el final se acercaba. Empece la carta tres veces, pero la abandoné. El grado de sinceridad que teniamos Mario y yo era tal que no podia escribirle una carta rosa llena de cursilerias solo para que descansara en paz. Se hubiera reído y hubiera reconocido la hipocresia. Alina me pidio que le escribiera todo, sin tapujos. Soy realista y sincero, pero no cruel.
Lograste mucho, Chachito. Se que alcanzaste tu mayor triunfo con GJ y Verónica y esos bellos nietos que te dieron. Espero que hoy hayas alcanzado la felicidad total que siempre buscaste pero que te evadió en esta tierra. Te la mereces.
Desde aquí te mando mi aplauso eterno y todo el cariño que me callé por tantos años. Al fin te puedo confesar cuanto te quise. Espero que, por el bien de los dos, puedas leer esto desde donde estes.
¡Bravo, artista! Hasta siempre.
Gonzalo Rodríguez.
