OAXACA.- Una fotografía del artista plástico Francisco Toledo, reconocido y respetado en México tanto por su arte como por su activismo, yacía sobre una mesa de madera. Alrededor, flores. Fuera, en las calles, veladoras y canciones.

Así fue la sencilla pero emotiva ofrenda con la que los oaxaqueños y la familia de Toledo quisieron despedir al “maestro”, como muchos le llamaban, fallecido el jueves a los 79 años. No se informaron las causas del deceso.

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“Las calles huelen a Toledo, las calles son de Toledo”, dijo Yesica Sánchez Maya, una activista que se acercó la noche del jueves al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) fundado por el artista plástico y al que acudía casi cada día. “Reconocemos en Toledo la memoria de la dignidad andante y de la solidaridad hacía todos lados”.

Las enigmáticas pinturas, grabados y esculturas de Toledo, en las que desarrolló multitud de técnicas, retrataban los animales, colores y tradiciones de Oaxaca. Su obra, cuya brillante paleta de colores también evocaba a su estado natal, presentaba insectos, felinos y otros animales en contextos casi mitológicos.

Su activismo se centró de igual modo en Oaxaca. Era crítico, altruista y estaba comprometido con sus raíces indígenas, defendiendo el maíz nativo y los ecosistemas oaxaqueños. Trabajaba por mantener viva la cultura y lo mismo impulsó la formación artística para los niños que bibliotecas para ciegos o fábricas de papel orgánico.

“El arte está de luto”, escribió en Twitter el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien describió a Toledo como un “auténtico defensor de la naturaleza, las costumbres y las tradiciones de nuestro pueblo”.

De abundante cabellera y barba, el artista lideró movimientos para salvar de los urbanistas a viejos conventos y otros edificios de la era colonial y ayudó a convertirlos en centros para las artes y jardines. También encabezó una lucha a principios de los 2000 contra la apertura de una cadena de restaurantes de comida rápida en el centro de la ciudad de Oaxaca, la capital del estado, y apoyó a las comunidades del istmo afectadas por el terremoto de septiembre de 2017.

“Ha muerto uno de los grandes”, dijo Homero Aridjis, escritor, ambientalista y amigo de Toledo, para quien el artista estaba al nivel de figuras como Diego Rivera. “Encarnó en su trayectoria artística las tradiciones de la antigua cultura zapoteca, cuya lengua hablaba”, y hasta hizo arte de radiografías de su propio cuerpo.

En Ciudad de México, una imagen de Toledo agazapado en una ventana y casi a tamaño natural, obra de una de las grandes fotógrafas mexicanas del siglo XX, Graciela Iturbide, presidía el homenaje capitalino en el Palacio de Bellas Artes.

Como ofrendas, canastas de mimbre con maíz y cometas de papel de colores con mensajes manuscritos. “¿Quién cuidará Oaxaca? Enrique Bumbury” decía uno de ellos recogiendo un tuit del conocido músico español.

La secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, escribió que el artista "caminaba surcando, caminaba sembrando, caminaba exigiendo: caminaba floreciendo”.

“Cada paso de Toledo germinaba”, indicó.

Un vals compuesto por Macedonio Alcalá que se acostumbra a tocar en los funerales en Oaxaca sonaba la noche del adiós a Toledo. Su título, “El dios nunca muere”.

FUENTE: AP

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