martes 13  de  febrero 2024
INSPIRACIÓN

Peter Erdei, un artista que resalta la magia de la madera

El artista aprendió a trabajar la madera desde niño, en el taller de su abuelo y su padre. Su apellido viene de la palabra húngara Erdö, que significa “bosque”, o “el hombre del bosque”

Diario las Américas | GRETHEL DELGADO
Por GRETHEL DELGADO

MIAMI— El artista Peter Erdei es heredero de una tradición familiar que suma ya tres generaciones. Lleva en su nombre, como un destino poético, la marca de los carpinteros o artistas de la madera, pues Erdei viene de la palabra húngara Erdö, que significa “bosque”, o “el hombre del bosque”.

Su abuelo, nacido en 1902 en Rumanía, fue maestro carpintero, y le enseñó este arte a su hijo, quien a su vez se lo transmitió a Peter. Como le dijo su padre: “Los Erdei no ensamblamos muebles; construimos obras de arte vivas que duran toda la vida”.

En charla con DIARIO LAS AMÉRICAS, Peter Erdei contó que su abuelo era un maestro carpintero, y de niño, en su natal Hungría, aprendía en el taller los secretos familiares de trabajar la madera.

Como apuntó el maestro artesano radicado en Tampa, Florida, aún guarda un vago recuerdo de su abuelo: “Era enorme, un tipo grande, medía como 6 pies y 7 pulgadas, era cálido y recto”. Asimismo, “algo que se me quedó grabado de cuando era niño es el olor del taller de carpintería. Mi abuelo tenía enormes cinceles y herramientas manuales, porque en aquel entonces la maquinaria era muy poca, todo se hacía a mano”.

“El arte era algo muy extraño para la gente, porque vivíamos en un país comunista, no podíamos aprender mucho arte, idiomas o música. Debías estudiar idioma ruso, eso era obligatorio en la escuela elemental. No había tantas libertades”, recordó Erdei, quien desde los 9 años de edad, “cuando podía mover y cargar cosas”, comenzó a trabajar para ayudar a sus padres. “El arte era algo muy extraño para la gente, porque vivíamos en un país comunista, no podíamos aprender mucho arte, idiomas o música. Debías estudiar idioma ruso, eso era obligatorio en la escuela elemental. No había tantas libertades”, recordó Erdei, quien desde los 9 años de edad, “cuando podía mover y cargar cosas”, comenzó a trabajar para ayudar a sus padres.

De hecho, “pasaba casi todos mis veranos trabajando y era algo normal”. Como subrayó, “algo que aprendí en mi niñez fue trabajar duro y no esperar cosas gratis”.

En una iniciativa para conservar las tradiciones familiares, Erdei le ha enseñado a sus hijos varias técnicas en el taller de carpintería. Cuando su hijo mayor rondaba los 10 años tuvo que buscarle una plataforma para que pudiera subirse en ella y alcanzar a una de las máquinas de trabajar madera.

Libertad con barras y estrellas

Con 29 años, a finales del 2000, Peter Erdei llegó a EEUU después de trabajar como ingeniero y buzo comercial. “Cuando vine a los Estados Unidos decidí ir al sector de fabricación de piezas a medida y trabajé en varios talleres”, explicó el artista, que en 2016 tuvo la oportunidad de tener su propio taller, Erdei Designs.

Y el esfuerzo ha traído su recompensa: “Hoy trabajamos con más de 80 diseñadores en todo el país y tenemos clientes de todo Estados Unidos, Italia, Inglaterra, Nueva Zelanda y otros lugares. La libertad de hacer cosas en este país es increíble. Pero hay que trabajar, y desde hace 10 años no hay sábado que no trabaje; a veces estoy trabajando tarde en la noche, o bien temprano en la mañana, y hasta tenemos cenas familiares en el taller”.

Una de las piezas clave de su corpus creativo es la bandera de Estados Unidos. En un precioso homenaje a la libertad que este país le ha entregado, el artista consigue crear en la madera el efecto de la tela mecida por el viento, con acabados que destacan las vetas naturales del material, y que puede incluir elementos distintivos según el caso, como unos casquillos de balas sumergidos detrás de las 50 estrellas, en un potente mensaje de soberanía y fuerza militar.

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La mano del artista

La madera fue uno de los primeros materiales que el hombre tuvo en sus manos. Y para Erdei, trabajar con esta es una especie de diálogo que se teje entre cinceles, lijas y barnices. Los árboles, con raíces afincadas en la nostalgia, tienen una poderosa energía que persiste en las piezas que realiza. Cuando vierte el barniz sobre la madera se revela un secreto, una ramificación, una intrincada cadena venosa que parece viva.

Sobre el reto de trabajar con la madera, explicó que se trata de “un material muy orgánico”, y que además “existen muchos tipos diferentes de madera”. Por eso, agregó, "el desafío es ver qué hay en la madera y tratar de no alterarla mucho, pero aun así producir lo que el cliente quiere".

“Tienes algo que Dios ya hizo, algo que está en la madera, y es hermoso, pero por otro lado la persona interesada en ese mueble, por ejemplo, también quiere algo a medida. Unir las dos realidades es probablemente la parte más difícil. El objetivo es hacer que la naturaleza forme parte de la vida de los hombres”, afirmó.

Su dedicación y experiencia se notan en sus creaciones. Logra que la madera hable, revele un lenguaje propio e íntimo donde, incluso en las superficies más pulidas encontramos las texturas invisibles de una emoción, un trabajo de horas en solitario con el material.

No son piezas decorativas per se, de fabricación en serie e identidad desangelada, son obras de arte que cargan con los demonios y fantasmas de un hombre obsesionado con convertir árboles en testimonios de una naturaleza ancestral. En sus obras se unen no sólo la suma de los años del árbol, con sus deformaciones y sus anillos únicos, sino las horas, los días y hasta los meses del trabajo constante en el taller, esa labor que convierte un trozo de madera en un mensaje estético.

La creación es para Erdei un acto meditativo, de introspección, de autoconocimiento, que a la vez comprende elaboradas técnicas y una maestría al tallar que solo se logra con los años, como un saber añejo y valioso.

¿Cuáles son las tres herramientas que no pueden faltar en su taller? Le resulta difícil elegir entre tantas, pero Erdei piensa enseguida en el cincel para madera. “Siempre llevo un set de cinceles suizos”, constató. En segundo lugar, el cepillo o cuchilla de carpintero: “aunque use una máquina, a veces no corta a la perfección, entonces tienes que cortar cosas a mano, así que usas el cepillo para darle el acabado”. Por último, un lápiz, “muy importante en un taller de carpintería”.

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