sábado 21  de  febrero 2026
TRIBUTO

Rubén Darío, el niño poeta que llegó lejos

El poeta creció en la casa de su tía abuela materna y el esposo, a quienes consideraba sus padres

Diario las Américas | WILMA HERNÁNDEZ
Por WILMA HERNÁNDEZ

MIAMI.- A pocos días del natalicio de Rubén Darío, el Nobel de la Paz Óscar Arias Sánchez dedicó un escrito al poeta nicaragüense.

En su sitio web oficial, el expresidente de Costa Rica expresó su admiración por la poesía de Rubén Darío.

“Rubén Darío fue mi Virgilio, mi baquiano en esta exploración de la belleza literaria. De su mano subí las gradas que me llevaron hacia la plenitud poética. Él fue mi iniciador, mi lazarillo a través de esa portentosa aventura lingüística que es la poesía. La música de las palabras, el sortilegio de las sonoridades, la hipnosis de las letanías”, expuso el exmandatario costarricense en el artículo que tituló Rubén Darío: la música de las palabras.

Nacido el 18 de enero en 1867 en una ciudad nicaragüense que hoy lleva por nombre su apellido, Rubén Darío fue hijo de una pareja de primos segundos que obtuvo permiso eclesiástico para casarse. El alcoholismo de su padre obligó a su madre abandonar el hogar familiar cargando a su primogénito en el vientre. Luego la pareja se reconcilió y tuvo una hija que falleció días después de haber nacido. Pero el matrimonio se deterioró y la madre del escritor volvió a marcharse, esta vez rumbo Honduras, se lee en la biografía del autor en Wikipedia.

El poeta, que nació con el nombre Félix Rubén García Sarmiento, creció en la casa de su tía abuela materna y el esposo, a quienes consideraba sus padres. A penas se comunicaba con su madre, quien rehizo vida con otro hombre.

Amparado por sus tíos, el pequeño Rubén comenzó a dar muestra de su intelecto; con apenas tres años aprendió a leer y poco después a escribir sus primeros versos. Publicó su primer soneto, que aún se conserva, a los 13 años.

Su inspiración literaria le llegó de poetas españoles contemporáneos a José Zorrilla, Ramón de Campoamor, Gaspar Nuñez de Arce y Ventura de la Vega. Sus escritos exponían un liberalismo hostil hacia la Iglesia Católico, que quedó plasmado en el ensayo El jesuita, que escribió en 1881, mismo año en el que se mudó a Managua.

Un año después viajó a El Salvador, donde disfrutó de su fama y de una intensa vida social. Pero en ese país vecino encontró dificultades económicas y contrajo la viruela. Así que una vez ya conocido por sus poemas e historias amor, el poeta desembarcó en Valparaíso, Chile, en 1886, por donde dejó su huella literaria, aunque también vivió el rechazo de la aristocracia chilena por su tez trigueña. El poemario Azul fue publicado durante su estancia en Chile, antes de su regreso a Centroamérica. Luego de una breve estancia en su tierra natal, pasó por El Salvador y Guatemala en busca de progresar económicamente, hasta llegar a Costa Rica en 1891, año en que nació su primogénito. Endeudado y con dificultades para mantener a su familia, un año después volvió a emprender vuelo, esta vez solo, buscando nuevas oportunidades.

Asimismo, Arias Sánchez recordó que el poeta estuvo casado con una escritora costarricense.

“Su vínculo con Costa Rica fue entrañable. Como bien sabemos, su primera esposa, Rafaela Contreras Cañas (quien firmaba sus cuentos con el seudónimo Stella), era costarricense. Esta talentosísima y fascinante mujer vino apenas a saludar la vida, y tan pronto hizo eclosión hacia la luz, la muerte la segó a los 23 años. Costa Rica le debe todavía un serio ensayo biográfico, la edición crítica de su obra breve pero significativa, y la atención académica especializada que sin duda merece”, expresó Óscar Arias Sánchez.

"Rubén Darío, peregrino de mil caminos, probó suerte en Costa Rica y dejó en nuestro país una huella honda, indeleble. Tanto genio tuvo este hombre singular que incluso supo fabricarse el más bello nombre literario: Rubén Darío. ¡Todo un poema! Un hermoso nombre es una mera casualidad, pero un bello seudónimo es prueba de infinito talento, como es el caso de Pablo Neruda, Stendhal, Gabriela Mistral, Jorge Debravo, Ana Istarú, nombres llenos de magia”, agregó.

Darío también viajo por Europa. Vivió en París donde publicó Prosas profanas en 1901. Años antes pasó por Madrid, donde el amor lo sorprendió estando aún. Pero enviudó en 1893 y años después reencontró a Francisca Sánchez del Pozo, una campesina española analfabeta que lo acompaño hasta el fin de sus días. Tuvieron cuatro hijos que murieron: la primera en nacer fue una niña que no sobrevivió la viruela y a quien el poeta no llegó a conocer.

Rubén Darío falleció el 6 de febrero de 1916, a los 49 años, en León, Nicaragua, la misma ciudad que lo vio crecer y donde surgieron sus primeros versos.

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