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MIAMI.- Sergio Roitberg visita la redacción de DIARIO LAS AMÉRICAS, no sin antes llegar por error a otra planta del edificio, donde lo encuentro sentado con tranquilidad y analizando lo que le rodea.

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En el ascensor intercambiamos algunas palabras y, no, aún no le he digo que su libro Expuestos inspira a leerlo de una sentada y que los ejemplos que comparte son muy útiles para entender este mundo veloz y transparente donde, como él suele decir, “estamos todos en ropa interior en una gran vidriera”.

Al subir a la redacción y entrar a la oficina principal ya hemos iniciado la entrevista, más bien una conversación que fluye de forma natural, donde Roitberg responde con la misma pasión que demuestra en su libro, y, en consecuencia, transmite de forma clara y directa aquello que a lo largo de los años, como reportero y líder de empresa, le ha tocado aprender.

Con un atinado dominio de la palabra y un sentido del humor que llega en los momentos más indicados, habla sobre la osadía de vivir en estos tiempos, y cómo ha aprendido a sortear todo tipo de laberintos digitales.

Cuenta que hace poco “abrí mi Instagram”, ya no es privado. A fin de cuentas, como sabe y todos sabemos, es muy difícil escondernos. Se hace necesario adaptarnos a lo nuevo, integrarnos a esa corriente vertiginosa. Ya lo dijo el emprendedor y tecnólogo argentino Santiago Bilinkis: “En los tiempos que vienen, lo único estable va a ser el cambio”.

Tomando la idea de Simon Sinek, empecemos por el porqué. ¿Por qué escribiste Expuestos?

Simon Sinek habla del porqué versus el qué. El porqué nos da mucha razón de explicar lo que hacemos. Me marcó bastante y hablé mucho de eso en el negocio, pero luego me di cuenta de que había una evolución y había que llevarlo todo al tema del propósito compartido. Y esa es la clave del libro, entender que hoy en día nos comunicamos más si nos conectamos con diferentes puntos de contacto, y para hacerlo en este mundo de actores empoderados, hay que hacerlo a través de un propósito compartido.

En este mundo donde todos tenemos estos aparatos (teléfonos celulares) y somos actores empoderados, lo que hay que hacer es conectar con algo más profundo y encontrar ese propósito compartido.

¿Cómo encontrar ese propósito compartido?

Hay un verbo que reemplaza lo que hacemos, y es conectar, en vez de comunicar. Por ejemplo, un objeto te conecta con tus sentimientos, con tus emociones. Hoy en día, aunque parece ser que somos más frívolos, y que hay cosas que no son tan positivas bajo nuestra perspectiva, el tema de la conexión y los medios sociales son muy buenos para todos.

La semana pasada hubo una reunión importante de un grupo de CEO en EEUU, como la gente de Apple, Amazon, JP Morgan, entre otros, y decidieron que su único objetivo en el mundo corporativo no podía ser darle la plusvalía a sus accionistas. El CEO lo que debe hacer es generarle valor a sus accionistas. Ese es el objetivo de un CEO. Pero la semana pasada decían que se daban cuenta de que no solamente tenían que hacer felices a sus accionistas, sino también a su entorno. El entorno es la gente. Tenemos que vivir con un propósito porque si no todo es muy efímero.

Si no tenemos una vinculación con la sociedad, no sirve, por más que uno venda 200 millones de computadoras o abra todas las cuentas corrientes del mundo.

Expuestos es un minucioso repaso de los imperios de la tecnología mundial y cómo han cambiado vertiginosamente en la era digital, así como las relaciones humanas. Cada vez los ciclos de cambio son más cortos y por eso, como apuntas, ya no se habla de cambio, “sino de procesos de sustitución”. Ya no es suficiente “adaptarse. Hay que replantearse todo”.

En este mundo, de tanto cambio, el cambio no es una decisión nuestra, tenemos que cambiar. Es muy difícil, nos cuesta mucho trabajo. Esta hiperconectividad nos obliga a cambiar y nos pone frente a un abismo. Ahí es donde está esa angustia que sentimos. La seguridad es acostumbrarnos a vivir en esa inseguridad.

Y por eso creo que con el pensamiento orbital hay una recategorización de lo que siempre llamamos target, convirtiéndose en actor empoderado, y cómo conectamos a través de ese propósito compartido.

¿Por qué ha cambiado, o en qué sentido ha cambiado nuestra forma de percibir el mundo, de actuar y comunicarnos?

Depende de las generaciones. La de mis hijos, que tienen menos de 20 años… pues ellos nacieron con ese chip y tienen su forma de sacarse fotografías, de conectarse, de usar emojis. Nosotros hacemos lo que podemos, estamos en un momento bisagra, donde vivimos las cosas del pasado y estamos empezando a transitar este mundo del futuro. Nos estamos tambaleando porque pensamos que dominamos algo y a los 10 minutos no. Vivimos un mundo del update permanente. Las cosas nunca alcanzan a encontrar su versión definitiva. Como el teléfono.

Como mencionas en el libro, “una PlayStation de hoy tiene más poder computacional que un ordenador militar de 1996”.

Hoy en día vivimos a una velocidad increíble. El mundo se mueve a una velocidad que nos hace dar saltos importantes, hay momentos en que son cuánticos. La velocidad es una de las cuatro reglas.

Las cuatro reglas que planteas en el libro: velocidad, transparencia, colaboración y conciencia social, que, como apuntas, son cuatro fuerzas que “moldean todas las intenciones actuales y no pueden ignorarse”.

Sí. Adaptarte a vivir en un mundo veloz es importante. Eso no quiere decir textear y conducir un carro al mismo tiempo.

Y morir poco después.

Exacto. Por ejemplo, uno de los desafíos que tenía con el libro era cómo hacer para que los ejemplos no se pasaran de tiempo. El caso de Uber era un caso bastante particular, y la idea no es si hay un caso más reciente que otro, sino cómo hacer que esos casos marquen una etapa en esta adaptación que estamos viviendo.

Justo en el libro dices que Uber y otras empresas “son grandes innovadores (...) pero siguen manejando la comunicación (...) de la misma forma en que se manejaba en la época en que Ford inventó la línea de producción masiva de automóviles”.

El de Uber, creo que tiene dos partes: cómo la economía disruptiva cambia la historia de hoy, y cómo esas estructuras que tienen una forma de dedicarse al negocio en el mundo de la conexión con la gente, sobre todo corporativa, son muy antiguas.

Lo que pasó no sirve. Lo de Uber es igual, la forma de operar, por ejemplo, traer gente que viene del pasado: porque dicen ‘bueno, voy a traer a la gente que estuvo en Ford’. Entonces hay un desbalance.

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El periodista y empresario argentino Sergio Roitberg.
El periodista y empresario argentino Sergio Roitberg.

Como periodista (tienes una amplia experiencia, dos Premios Emmy, no hace falta decir más), ¿consideras que esta nueva forma de conectarnos ha afectado a los medios o la manera en que producimos historias, en que se consumen las historias?

Cuando era más joven lo importante era tener la primicia. Todavía sigue siendo algo relevante, pero al final del día estamos en una gran batidora y estamos todos revueltos, incluyendo políticos, empresarios, periodistas, decision makers. Antes había como escalafones. El periodista se encargaba, la agencia de noticias te daba la fuente, uno re-redactaba la información o la asignaba para tener una cobertura diferente. Todo ese movimiento se acabó.

Al presidente no le hacen falta los periodistas para comunicar algo. El cambio hegemónico más grande que existe es que básicamente people influence people. Antes necesitábamos a ciertos iconos para que nos contaran. Los medios de comunicación tenían dos elementos importantes: credibilidad y alcance.

Hoy, ambas cosas están en manos de la gente. La gente le cree a alguien parecido a uno. Y esa gente tiene el alcance que antes tenía un medio de comunicación. Ese poder que tenían los medios hoy en día está repartido. No quiere decir que la gente no le crea a los periodistas. Sí les creen. El rol de los medios, la amplificación de lo que los medios cuentan está en las redes sociales. Esa es una vía, producir información y que cada uno tome la información de la forma que quiere.

Los medios están en manos de la gente.

Has dicho que cuando miras las noticias te sorprendes “tanta miopía política” en torno a una previsión de futuro. ¿Por qué es tan importante cuidar lo que hacemos y decimos, aunque sea en un chat privado? Vimos hace poco el caso del exgobernador Ricardo Rosselló.

Tenemos que acostumbrarnos a vivir en un mundo donde estamos todos en ropa interior en una gran vidriera. Eso de alguna forma nos lleva a un lugar donde estamos 24/7 en esta exposición. Tenemos que participar en un mundo en el que cualquiera puede saber lo que digo. Telegram era supuestamente una plataforma donde uno aprieta un botón y el mensaje desaparece a los 30 segundos. Bueno, hay que activar el setting. Si hubiera estado activado eso no hubiera pasado.

Y eso se conecta con el planteamiento que haces en el libro: “Hoy la percepción es más importante que la realidad”. También cuando dices que “estamos todos expuestos en una gran vidriera”. De ahí el valor de proteger la reputación a toda costa, como un activo financiero.

El activo más importante de una institución, una persona, empresa o gobierno, tiene que ver con la reputación. Cuando hablamos de reputación siempre tiene una connotación negativa. Pero es un activo que no hay que estar esperando a que le pase algo para ir a ver cómo le pone el makeup; es un activo y como activo esta en el mercado, debe visualizarse como si fuera una pantalla de Bloomberg. Veo si mi activo subió, bajó, incluso si el activo de mi trabajo cambió, porque eso impacta en mí.

Creo que ahora hay muchas más herramientas para que los que han metido la pata puedan reconvertirse. Como el caso de Gary Hart. Es un ejemplo de cómo un medio de comunicación contó lo que sucedía en un mundo donde la privacidad para el candidato era importante, dentro de la arena política, donde le parecía que eso estaba mal hecho, y lo castigó de esa manera.

Hoy en día, un personaje como Gary Hart tendría la oportunidad de poder reinventarse y empezar a reconstruir su nueva versión. Quizás no pueda ser candidato a presidente nuevamente. Pero los tiempos cambian.

Porque estamos conectados.

Vivimos en órbitas: una primaria, donde están mis clientes, empleados y proveedores. Y una órbita potencial, que no tengo. Si uno tiene un propósito compartido, desarrolla mensajes, puntos de soporte, y utiliza una cantidad de plataformas o medios, todos empiezan a impactar.

¿Crees que las personas sienten miedo frente a este carácter omnipresente y omnipotente del mundo digital?

La preocupación ahora es cómo controlar a los niños, por ejemplo. Tengo tres hijos y nunca tuve ningún password de ellos de las redes sociales. Creo que las redes sociales te pueden permitir conectarte con mucha gente, pero no puedes vivir todo el día haciendo de policía. Uno lo que tiene que hacer es darle las herramientas apropiadas a los niños. Los niños de 8 años tienen que tener ciertas prohibiciones, pero ya con 15 o 16, no. Todos a esa edad hacíamos cosas que no estaban bien.

Pero no había redes sociales.

Menos mal. Siempre hicimos cosas transgresoras.

¿Quiénes deberían leer este libro?

Todos.

La primera persona que lo leyó fue mi psicólogo, que no sabe usar el Skype. Me dijo ‘leí tu libro’. Yo no tenía suficiente confianza en que la gente lo pudiera leer. Me dijo, ‘la verdad, me hizo amigarme con la modernidad, me parece que yo puedo, y el miedo lo tengo que dejar a un costado’.

Con ese aparato uno tiene acceso a cualquier bien de consumo, a través de Amazon; con ese aparato se puede acceder al conocimiento a través de Google; puedes conectarte con cualquier persona que no conoces.

¿Qué haces cuando no estás cerca de la computadora, el celular, las redes sociales?

La pantalla que más me molesta es cuando te dice la cantidad de tiempo que pasaste en el teléfono. Pero siempre veo todo lo que nos pasa como algo positivo.

Expuestos se presenta este jueves 29 de agosto en Books & Books, Coral Gables, a las 8:00 p.m.

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