MIAMI.- JESÚS HERNÁNDEZ
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MIAMI.- Muchos prefieren celebrar la llegada del año nuevo cerca de casa, mientras otros eligen irse lejos para decirle adiós al año viejo
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Destinos para esperar la medianoche del 31 de diciembre hay muchos pero destacamos tres, donde la celebración se cruza con la historia, la cultura o incluso la naturaleza.
Nuremberg
Precisamente Núremberg, la capital de la región alemana de Bavaria, cuenta con una celebración que data del 1628 y gira entorno a la plaza Hauptmarkt, en el centro de la ciudad, donde acude un impresionante despliegue de artesanos y vendedores oportunos que tienen a la centenaria arquitectura medieval por entorno.
Incluso las calles aledañas están repletas de puestos de ventas, todos muy bien adornados acorde al carácter festivo de la fecha, donde sobresale la oferta de salchichas con mostaza y una deliciosa repostería.
Todo esto está armonizado con la presencia de un inmenso Belén, o Nacimiento, con figuras talladas en madera, y un enorme árbol de Navidad que alcanza los 35 metros de alto, donde se reúne el pueblo la última noche del año.
Ville de Québec
Si su sueño es disfrutar el fin de año rodeado de nieve, la muy afrancesada ciudad de Quebec en Canadá es el lugar idóneo. La capital de la antigua colonia francesa en Norteamérica cuenta con un promedio histórico muy alto del preciado polvo blanco.
De hecho, Quebec City celebra las fiestas del mes con un inmenso mercado navideño que llaman Marche de Noel, tal como lo nombran en Francia; donde la degustación de la buena comida, el vino y los dulces caseros es abundante.
El 31 de diciembre la gente se agolpa en las plazas y el río San Lorenzo es iluminado con fuegos artificiales. La mole del Château Frontenac luce aún más hermosa con el espectáculo de luces. Todos cuentan minuto tras minuto, hasta llegar a la tan esperada campanada de las 12. ¡Ha llegado el nuevo año! Gritan todos en francés.
Río de Janeiro
Aquí se juntan la naturaleza y la mano del hombre. La antigua capital de Brasil mira al Atlántico sur y tiene por entorno las verdes montañas de caprichosas figuras.
La colosal fiesta del 31 de diciembre tiene lugar en la playa Copacabana, donde un inmenso escenario anticipa la actuación de grandes intérpretes de la música popular.
La extensa franja de arena que separa la ciudad del océano es cubierta por más de dos millones de personas que esperan impacientes, a golpe de samba y caipirinha, la medianoche para entrar al agua y pedir bendiciones a Yemayá, la diosa del mar.