MIAMI.- La añoranza, el dolor y la esencia de una diáspora quedaron plasmadas en las páginas de Yo inmigrante, de la ilustradora venezolana Rayma Suprani, quien presentó el libro el jueves 10 de julio en Aventura, sur de Florida.
Entre caricaturas acompañadas por subtítulos o descripciones, Rayma Suprani hilvana la historia de un exilio que no olvida sus raíces
MIAMI.- La añoranza, el dolor y la esencia de una diáspora quedaron plasmadas en las páginas de Yo inmigrante, de la ilustradora venezolana Rayma Suprani, quien presentó el libro el jueves 10 de julio en Aventura, sur de Florida.
Entre caricaturas acompañadas por subtítulos o descripciones, Suprani hilvana la historia de un exilio que no olvida sus raíces, pero sabe que emigrar significa seguir adelante en nuevo lugar intentando reinventarse en medio de otra realidad. La caricaturista estuvo acompañada por Asdrúbal Aguiar, jurista, politólogo y escritor venezolano, quien, citando pasajes de la historia de Venezuela, se dirigió a los presentes para agradecer a la autora y resaltar la importancia del libro
Yo inmigrante recopila obras que la ilustradora mostró en EEUU, México y España, en cinco exposiciones, además, contiene cuatro textos curatoriales. El libro nace a raíz de una necesidad de la artista que dejó su natal Venezuela hace una década para afincarse en Miami.
“Es un libro que empezó como mi propia búsqueda terapéutica dentro de lo que es el tema de la inmigración, porque es algo que era nuevo para mí y que terminó siendo una terapia colectiva, porque de alguna manera los dibujos representan a la diáspora venezolana en su conjunto, en su problemática, en la búsqueda de la identidad, de la resiliencia, en lo que somos, en lo que comemos, en lo que extrañamos, en las nostalgias. Y se volvió un tema tan infinito que ha sido un gusto poder hacerlo, después de varias exposiciones, porque todos esos materiales de dibujo se llevaron a varias ciudades como Ciudad de México, Miami, Houston, Madrid, Barcelona”, dijo Rayma Suprani a DIARIO LAS AMÉRICAS.
La autora quiso que el libro sirviera como reflexión, pero desde el optimismo y el humor, porque así lo requiere la esencia alegre que identifica y une a los venezolanos a pesar de la separación que han enfrentado por un exilio forzado.
“La inmigración es una oportunidad muy dura, es una escuela dura, pero es una escuela que te permite crecer, salir de tu zona de confort, aunque haya sido triste y obligatorio. Te permite trabajar el cambio, muchas cosas como la resiliencia, la disciplina, el amor, tantas cosas que te llevan a ser tu mejor versión. Y yo creo en eso, porque quedarse pegado a una nostalgia, en una tristeza siempre es algo que no es productivo. Yo voy más hacia la acción, hacia lo que debemos pensar, que es lo que nos ha pasado. Y es un poco lo que da el libro, utiliza el humor para que la jocosidad te haga pensar y reflexionar, y te puedas sentir identificado, pero va más allá, va en un mensaje positivo, no naif (ingenuo), pero positivo para seguir adelante y entender que no somos los únicos que hemos vivido esto”, expuso la artista.
Y es que el venezolano había conocido la inmigración desde otra perspectiva cuando el país, en su etapa próspera, acogió a inmigrantes provenientes de Europa, Asia, Medio Oriente y América Latina.
“No es lo mismo recibir que salir sin un norte y entender que tienes que reinventarte y buscar opciones de vida. Es una gran escuela, un aprendizaje enorme que nos ha tocado y que ahora comprendemos más lo que ha sido los movimientos migratorios del mundo. Estos temas tienen tiempos bíblicos; tanta gente ha tenido que irse de su país. Los cubanos y de otros países totalitarios donde han destruido el núcleo de la sociedad. En la Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía tuvo que irse huyendo, ni siquiera pudieron hacer una maleta ni despedirse de familiares. Entonces, es una reflexión para activar la idea del humor, que siempre trata de transformar la risa en reflexión”, dijo.
Para Suprani, sus conterráneos continúan unidos dondequiera que estén por un mismo sentimiento: el amor por Venezuela.
“Es interesante porque podríamos decir que se generó un quiebre inicialmente, un quiebre de estructura, con los que están afuera, los que están adentro, pero yo siento que hay un gran amor al país que crea puentes todos los días. Cuando hubo elecciones en Venezuela, el 28 de julio, todos los que estábamos afuera no pudimos votar, porque no nos permitieron votar y solamente podían votar los que estaban adentro. Ellos votaron por nosotros y eligieron, lo que nosotros no podíamos hacer. Y nosotros desde afuera estamos denunciando, dibujando todas las cosas terribles que hace la dictadura, estamos opinando por ellos que no lo pueden hacer desde adentro. Entonces hemos creado una identidad unida para que el país siga existiendo y seguir luchando en la resiliencia que nos ha tocado a la inmigración”, expresó.
“Yo creo que hay algo fundamental, que son las conexiones, la familia. Por algo las dictaduras lo primero que atacan es la familia, las separaciones familiares. Y otra cosa que atacan es el libre pensamiento, las universidades. Entonces, por fortuna creo que la familia se está fortaleciendo. A pesar de que estamos geográficamente en muchos sitios, ahora valoramos más el tiempo que estamos juntos, el tiempo que tenemos para compartir”.
