Hay historias de inmigrantes que se cuentan en números: años trabajados, negocios abiertos, empleos generados; y hay otras que se cuentan en vidas transformadas. La del inmigrante italiano Daniele Ruocco pertenece a esta segunda categoría.
Con una metodología propia y décadas de trabajo en el sur de la Florida, el sensei se consolida como referente tras consolidar al jujitsu estadounidense entre los mejores del planeta
Hay historias de inmigrantes que se cuentan en números: años trabajados, negocios abiertos, empleos generados; y hay otras que se cuentan en vidas transformadas. La del inmigrante italiano Daniele Ruocco pertenece a esta segunda categoría.
Nacido en la isla de Capri, Ruocco llegó a Estados Unidos trayendo consigo más de dos décadas de formación en las artes marciales más exigentes del mundo, una disciplina forjada en templos del deporte como el Kodokan de Tokio, y una convicción que terminaría por definir el rumbo de miles de familias del sur de Florida. Razón por la que hoy, más de veinte años después de fundar la International Martial Arts Academy (IMAA) en Fort Lauderdale, su nombre es un referente tanto en los círculos deportivos como en los educativos de la región.
Todo comenzó cuando Ruocco tenía apenas seis años y cruzó por primera vez la puerta de un dojo en su natal Capri. No imaginaba en aquel entonces que aquella disciplina se convertiría en el eje de su vida entera, ni mucho menos que terminaría cruzando el océano para construir, lejos de casa, una de las instituciones de artes marciales más respetadas de Estados Unidos.
Como tantos inmigrantes, Ruocco no llegó a un país nuevo buscando replicar lo que ya conocía. Llegó dispuesto a integrarlo con todo lo que había aprendido en sus viajes de formación por Japón, Tailandia, Corea y distintos países de Europa. Y esa capacidad de tomar lo mejor de cada cultura y convertirlo en algo propio, lejos de diluir su identidad, terminó siendo su mayor fortaleza.
"No creo que tradición e innovación sean conceptos opuestos", asegura Daniele Ruocco. "La tradición nos enseña los valores, y la ciencia e innovación nos ayuda a transmitirlos mejor".
Esa filosofía lo llevó incluso a cursar un doctorado en Ciencias del Deporte en la Universidad de Nápoles, una decisión poco común para un maestro de artes marciales, pero coherente con su manera de entender el aprendizaje: “nunca dejar de estudiar, sin importar cuánto ya se sepa”.
Como suele ocurrir con quienes llegan de afuera, Ruocco tuvo que construir su lugar desde cero. En 2004 fundó la IMAA en Fort Lauderdale, no como un gimnasio más, sino con la ambición de crear una institución educativa. Dos décadas más tarde, esa apuesta se tradujo en más de 470 estudiantes activos, dos sedes permanentes y un impacto que trasciende ampliamente el tatami: programas de liderazgo juvenil, prevención del acoso escolar, defensa personal para mujeres, y educación en seguridad infantil. Todos dirigidos a fortalecer a las familias del sur de Florida, lo que lo ha consolidado de una pieza trascendental que ayuda a reforzar el tejido social de su comunidad.
Y esta es una de las razones por las que Ruocco fue seleccionado para integrar el cuerpo técnico nacional y dirigir a Team USA en competencias internacionales, un honor reservado a entrenadores de trayectoria intachable. Y bajo su dirección técnica, Estados Unidos conquistó el título mundial por equipos en el Campeonato Mundial de 2023 celebrado en el Reino Unido, mientras tres atletas formados directamente bajo su sistema se coronaron campeones individuales.
A esa distinción se sumó el premio Instructor of the Year, otorgado por Jujitsu America, una de las organizaciones más antiguas del país en esta disciplina, fundada en 1977. Ruocco se unió así a un grupo selecto de educadores, entre ellos el legendario Wally Jay, pionero histórico del jujitsu estadounidense.
Detrás de esas medallas hay algo más que talento individual: hay un sistema. Ruocco desarrolló el Shihan Ruocco Multi-Style System, una metodología que integra Judo, Jujitsu, Karate, Muay Thai, Kickboxing y Kobudo con principios de biomecánica, psicología deportiva y desarrollo del atleta a largo plazo.
Ese modelo, nacido de la fusión de tradiciones que trajo consigo al emigrar, es hoy la base sobre la que se entrenan decenas de atletas de competencia, muchos de los cuales han vestido el uniforme de Team USA en torneos nacionales e internacionales. No es exagerado decir que el sistema deportivo estadounidense de artes marciales de combate lleva, en parte, huella italiana.
Lo más revelador de la historia de Ruocco no son sus logros individuales, sino lo que ha sabido sembrar en otros. Muchos de los niños que llegaron por primera vez a sus clases hoy son instructores certificados, entrenadores y líderes comunitarios que, a su vez, forman a una nueva generación.
En una ciudad como Miami y una zona como el sur de la Florida, donde la historia de la inmigración se escribe todos los días en cada negocio, cada aula y cada familia, la trayectoria de Daniele Ruocco funciona como espejo y como inspiración, ya que Ruocco no vino solo a Estados Unidos a triunfar, vino a construir algo que sobreviviera a él mismo. Y lo ha logrado.
