REDACCACIÓN.- Si no hay más anuncios extraordinarios, de esos que han cundido las oficinas de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) por estos días, se debería escuchar en exactamente un mes la voz de “play ball”.

Sin embargo, ninguno de los ocho equipos ha iniciado los entrenamientos. Los Leones del Caracas, al igual que Caribes de Anzoátegui, lo tienen pautado para el 1º de octubre, pero este año -a diferencia de otros- no tendrán las dos semanas de minicamp que venían acostumbrando.

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El archienemigo de los melenudos, los Navegantes del Magallanes también hacía minicamp ante del inicio de los entrenamientos oficiales, pero aún no hay fecha para que se reporten los peloteros. Situación similar ocurre con las otras cinco divisas que integran la LVBP. La incertidumbre va ganando en el béisbol de Venezuela, un país que sufre su peor crisis socio-política.

La tormenta fue visible ante un capricho de Diosdado Cabello, segundo al mando en el régimen chavista. Hizo que la directiva de la LVBP reculara en su intención de comenzar a jugar desde el 5 de noviembre, con un calendario de 42.

Por ahora, la fecha para dar inicio a la campaña está pautada para el 17 de octubre y serían 49 cotejos, con la postemporada a finales de diciembre.

El régimen de Maduro presionó para que se mantuviese el inicio de la temporada en octubre, como se caracteriza en el país caribeño. El patrocinio de la empresa estatal PDVSA, y algunos convenios ofrecidos con la aerolínea Conviasa para la logística, hizo que los equipos cedieran. Era el inicio de una tormenta que se convertiría en huracán.

Tras la Orden Ejecutiva de Donald Trump del 5 de agosto, que prohíbe a las personas estadounidenses (incluidos ciudadanos estadounidenses, residentes permanentes legales, entidades organizadas bajo leyes de Estados Unidos y personas físicamente ubicadas en Estados Unidos) participar en transacciones con el Gobierno de Venezuela (que incluye cualquier entidad controlada por el gobierno venezolano), el pronóstico no fue alentador y podría terminar en el peor desastre en el béisbol venezolano.

Días después, Juan José Ávila –alegando motivos personales– decidió dimitir a la presidencia de la LVBP. Fue suplantado por Giuseppe Palmisano, quien está actualmente en Estados Unidos para intentar revertir la prohibición de que peloteros, managers, coaches y scouts afiliados a alguna de las 30 organizaciones de las Grandes Ligas vayan a Venezuela, como consecuencia de las nuevas sanciones económicas impuestas por Washington al “gobierno” del usurpador Nicolás Maduro para presionar salida del poder.

Sin embargo, el nuevo rector de la LVBP busca que la Oficina para el Control de Activos en el Extranjero del Departamento del Tesoro (conocida como OFAC) se “pronuncie favorablemente”, y Venezuela “vuelva a ser afiliada” del acuerdo invernal.

Si reciben una respuesta positiva, los equipo tendrán que luchar contra el mal tiempo –además de la ya crisis económica existente– para sortear el torneo.

Si la respuesta es negativa, las consecuencias son más grandes. No solo no contarán con el personal afiliado a MLB, sino que no podrán utilizar implementos como pelotas y otros elementos que son traídos del país norteamericano para el desarrollo del campeonato.

El ojo del huracán está sobre el béisbol venezolano y aún hay que esperar, pacientemente, para saber los daños que dejará.

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