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@luisfsanchez6

Poco antes del partido contra los Nuggets de Denver en Miami, el martes pasado, Dwyane Wade tocó madera y dijo que se mantiene firme en su decisión de retirarse esta temporada, pese a que muchos quisieran disfrutar de su enorme calidad una campaña más porque su producción revela que tiene cuerda para rato.

Bastará decir que el 6 de enero pasado, "Flash" encestó su triple número 500 y con ello ingresó al exclusivo club que solo integran Michael Jordan y LeBron James como los únicos jugadores en la historia de la NBA con al menos 20,000 puntos, 5,000 asistencias, 4,000 rebotes, 1,500 robos, 800 bloqueos y el medio millar de tiros de tres puntos.

El próximo 17 de enero, Wade, nacido en Chicago, cumplirá 37 años, pero a esa edad, algunos de los legendarios basquetbolistas seguían jugando, como el propio Jordan, quien se retiró a los 40; o Kareem Abdul-Jabbar, quien estuvo activo hasta los 42.

Wade, sin embargo, ha ido madurando su decisión. Le ha costado muchísimo trabajo poner punto final a una actividad que le dio todo lo que es ahora, Pese a ello, el astro siente que llegó el momento de retirarse.

El retiro

Ese momento se ha convertido en un apoteosis que trasciende el mundo del deporte. Cada partido que juega en su última temporada, que ha bautizado como #OneLastDance (el último baile) es un acontecimiento. Los jugadores rivales, astros de otras disciplinas, aficionados e incluso gente ajena al deporte le piden cambiar camisetas.

Tener una camiseta usado por Wade en su última temporada se transforma en el fuerte deseo de poseer una reliquia, un trofeo de guerra y también una prueba de amor y admiración.

Junto con Dan Marino, Wade quizás es la pesonalidad más querida en el sur de la Florida. No solo por su contribución a los tres títulos de la NBA (2006, 2012, 2013) que ganó con el Heat de Miami, ni por sus 12 veces seleccionado al Juego de Estrellas de la NBA (que pueden sumar 13 porque marcha entre los mejores en la votación para el Clásico de Mitad de temporada que se disputará en febrero próximo), ni por la medalla de oro (Beijing 2018) que ayudó a conseguir para Estados Unidos.

Quizás la clave para ganar tanta admiración haya sido su integridad y su dedicación.

"Yo tenía el sueño de jugar en la NBA", confiesa Wade en el anuncio de su despedida en su página web. "Desde los cinco años de edad juego basquetbol y terminada la escuela secundaria me escogieron tres universidades, pero la verdad, yo no era tan bueno".

Para colmo, en su primer año en Marquette University, en Milwaukee, Wisconsin, no pudo jugar debido a sus bajas notas. Tuvo que recurrir a un tutor para mejorar en escritura, y así pudo ganarse el derecho a entrar a la cancha.

"Trabajé muy duro, creí en mí y fui con todo a la conquista de mi sueño", confesó Wade. "Puse mi cuerpo, mi dinero, mi tiempo y todo para llegar. Siempre quise ser algo más grande que yo mismo, siempre quise ser una persona que contribuyera al equipo, al juego y a lo que fuera superior a mí".

Sus palabras las ratificó con hechos.

Wade fue el artífice para que se hiciera realidad la conformación del Big Three en el Heat con las contrataciones de LeBron James y Chris Bosh. Con ellos llegaron cuatro veces a la final de la NBA y ganaron dos coronas.

Un atleta especial

Sin la generosidad de Wade aquello no hubiese sido posible. No solo renunció a millones de dólares para que la franquicia de Miami pudiera afrontar los contratos de las dos nuevas figuras, sino que en un gesto de desprendimiento rara vez visto en el egocéntrico mundo del deporte, le cedió la primera espada a LeBron. No peleó para mantenerse como el líder del equipo, que le correspondía por talento y antecedentes, porque había sido uno de los hombres clave en la conquista del primer título del Heat en el 2006.

Esa calidad humana y esa enorme nobleza convierten a Wade en una personalidad especial. Se trata de un hombre que no solo piensa en sí mismo sino en los demás, y lo hace de una manera auténtica, que le brota del corazón y que responde a su capacidad de reconocer las necesidades y aspiraciones de los demás aunque a veces tenga que pagar el precio de la renuncia.

"Mi familia me puso primera para que yo pudiera alcanzar todos mis sueños y muchas veces no estuve en los momentos que me necesitaban", explicó Wade. "Ahora quiero poner a mi familia primero, es lo que corresponde. Como padre, y teniendo un hijo [Zaire] que está también involucrado en el deporte, quiero ser parte de su viaje. El martes último que jugamos contra los Nuggets, mi hijo también tenía un juego y lo primero que hice al terminar mi partido fue llamarlo por teléfono para saber el resultado. Yo ya jugué muchos partidos y ahora más me interesan los de mi hijo que los míos".

El legado

Las realidades siempre son diferentes. Jordan se retiró tras una brillante carrera con los Bulls de Chicago, pero luego volvió para jugar con los Wizards de Washington, D.C. En estos momentos, la historia de Wade es diferente, única.

"Es difícil tomar la decisión de retirarse", reflexionó Wade. "Uno se hace muchas preguntas: ‘¿estoy físicamente apto?, ¿puedo resistir los viajes?, ¿estar lejos de mi familia?, ¿vivir sin la aclamación de los fanáticos?’. Se presentan muchas dudas, uno va de ida y vuelta. A uno lo ven como un súper héroe pero en el fondo solo soy un ser humano. Lo conversé con mi familia, con mis amigos y llegué al 100 por ciento de convicción que este es el momento de decir adiós".

Mientras, los aficionados tendrán la oportunidad de disfrutar con el juego de uno de los hombres más generosos en el mundo el deporte de seguro hasta el 10 de abril, cuando el Heat visite a los Nets de Brooklyn en Nueva York, y probablemente en los playoffs, para poder vanagloriarse y exclamar: "íYo vi jugar al gran Dwyane Wade!".

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