domingo 5  de  julio 2026
Opinión

El béisbol también perdió

Cuando la Liga Mayor de Béisbol Profesional anunció la suspensión de su temporada, quedó claro que la tragedia había sobrepasado cualquier discusión deportiva

Diario las Américas | REYES UREÑA
Por REYES UREÑA

Cuando la Liga Mayor de Béisbol Profesional anunció la suspensión de su temporada, quedó claro que la tragedia había sobrepasado cualquier discusión deportiva. Ya no importaban las posiciones, los lideratos ofensivos ni la carrera por el campeonato. El terremoto del 24 de junio en La Guaira, Venezuela, también había entrado al terreno de juego.

Porque el béisbol venezolano nunca ha estado aislado de la realidad del país. Sus jugadores son hijos, padres, hermanos y vecinos de las mismas comunidades que hoy lloran a miles de víctimas. Muchos de ellos despertaron los últimos días pendientes de una llamada, buscando entre listas de sobrevivientes o intentando comunicarse con familiares de quienes no tenían noticias. Algunos recibieron la peor respuesta posible.

También hubo peloteros venezolanos en las Grandes Ligas que debieron hacer lo que millones de compatriotas en la diáspora conocen demasiado bien: seguir trabajando mientras el corazón permanece en Venezuela. Salieron al terreno porque era su profesión, como otros llegaron a una oficina, atendieron pacientes, condujeron un autobús o sirvieron una mesa con la angustia de no saber qué estaba ocurriendo al otro lado del teléfono.

No es frialdad. Es supervivencia. A veces se confunde fortaleza con ausencia de dolor. La verdadera fortaleza consiste, precisamente, en cumplir con la obligación mientras por dentro todo parece derrumbarse. Eso hicieron muchos venezolanos durante estos días. También los peloteros.

Pero hay una pérdida de la que probablemente nunca se hablará lo suficiente. Entre las víctimas también había niños que soñaban con jugar béisbol. Algunos entrenaban en escuelas, otros empezaban en pequeñas ligas y muchos apenas descubrían el deporte. Ninguno aparecerá jamás en un tryout, en una firma internacional o en un roster profesional. No sabremos cuántas carreras quedaron truncadas antes siquiera de comenzar, porque la tragedia no solo arrebató vidas: también borró futuros.

El campeonato podrá reprogramarse. Los estadios volverán a escuchar, algún día, la voz de "play ball". El béisbol, como ocurre siempre, encontrará la manera de seguir adelante.

Lo que no volverá será esa generación de venezolanos que el terremoto se llevó consigo. Tampoco los peloteros que perdieron a sus seres queridos regresarán siendo los mismos después del 24 de junio. Y cuando el béisbol vuelva a reunirnos, también tendrá el deber de recordar. Recordar a quienes quedaron bajo los escombros, a los niños que nunca podrán perseguir el sueño de vestir un uniforme y a las familias que aún intentan reconstruir sus vidas. Porque si algo ha enseñado este deporte a los venezolanos es que la grandeza no solo se mide por las victorias, sino también por la capacidad de honrar a quienes ya no están y jugar, desde la memoria, por ellos.

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