Para un deportista de alto rendimiento, una de las mayores metas, más allá de la monetaria, es su legado: vestirse de gloria olímpica, llegar al podio mundial, destrozar récords. Llegar a ser parte la élite conlleva una mezcla de talento y sacrificio. Ahora bien, es cuando menos triste que llegue a alcanzarlo y luego se le prive de competir al máximo nivel. Como sucede en muchos deportes como el Volleyball o el Béisbol, los cubanos que migran en busca de un futuro, libertades y oportunidades, son tachados del algoritmo competitivo del movimiento deportivo adjunto al régimen castrista.
El velocista antillano Reynier Mena destrozó la marca nacional de los 200 metros planos con un tiempazo de 19,63 segundos (tercero en la clasificación 2022) pero a pesar de reunir los requisitos no podrá exponer sus capacidades en el campeonato del orbe de Eugene, EEUU. Una situación denigrante que bien la Federación Mundial de Atletismo pudiera solventar o buscar iniciativas para que estos atletas puedan competir de forma independiente. Al final pierden ellos y perdemos los aficionados.
Esta semana Mena estuvo enorme en la localidad suiza de La Chaux de Fonds. Con apenas una hora de diferencia consiguió bajar de los 10 segundos en los 100 metros lisos (9,99s) antes de registrar la tremenda actuación en los 200 con viento a favor permitido de +1,5m/s.
El delito de Mena fue instalarse en Portugal, ser uno más de los millones de cubanos que hemos sido empujados a migrar por el desgobierno, la paupérrima situación económica, la falta de expectativas, la represión y ausencia de libertades elementales.
Desde hace un año, Mena compite por el Benfica, el mismo club del actual campeón olímpico de triple salto Pedro Pablo Pichardo. ¿Quieren más atropellos? Al haber sido expulsado del equipo cubano las autoridades de la isla podrían no reconocer su nuevo récord nacional, y dejar en los libros a Roberto Skyers y sus 20,02s de 2015.
En las gradas de Eugene se disfrutará una gran fiesta del deporte. Habrá llanto, alegría, aplausos, abucheos frente a los atletas. En la garganta y el corazón de los cubanos libres: la impotencia. ¿De qué vale organizar una competencia de tal magnitud y que los mejores no compitan?
¿Existe algún lineamiento oculto para no entrometerse con la dictadura obsoleta del tardocastrismo o a qué se debe tanta concesión de organizaciones oficiales internacionales?