@RicardoEMontes

Con una sonrisa; así se recordará por siempre a José Fernández. Un pelotero auténtico, que disfrutaba lo que hacía y que valoraba cada segundo de esa vida que pasó uniformado con la camiseta de los Marlins. Vida que terminó, en un abrir y cerrar de ojos, en la madrugada de este domingo.

¿Cómo describir la vida de José Fernández?

José Fernández es el retrato de los cubanos en Miami. El reflejo del llamado “sueño americano”, que a pesar de las mayores dificultades, había conseguido su sueño de lanzar en las Grandes Ligas.

“Lo logramos”, fueron las palabras de Fernández cuando subió a la loma por primera vez en su carrera con los Marlins de Miami, refiriéndose a él, a su familia y a todos los cubanos que sueñan con lo que en ese momento estaba viviendo.

Esas palabras significan mucho. “Lo Logramos” no tiene el mismo significado para la mayoría de los peloteros que consiguen la meta de jugar en las Grandes Ligas. “Lo logramos” significa haber superado tres intentos fallidos de abandonar la isla, significa haberle salvado la vida a su madre en plenas aguas abiertas del océano, significa haber aprendido el inglés mientras otros niños se enfocaban sólo en jugar, significa haber podido traer, después de años, a su abuela para que lo viera jugar pelota, significa el lujo de poder vivir en libertad, algo que siempre estuvo consciente de tener.

“Tu naciste en libertad, por eso no entiendes lo que es”, dijo en múltiples ocasiones el talentoso serpentinero nacido en Santa Clara el 31 de julio de 1992, a sus compañeros de equipo, entrenadores o cualquier persona que le preguntara sobre su vida en Cuba.

Es por eso que siempre estaba sonriente mientras jugaba pelota. Para “Joseíto” el béisbol era un juego, nada más; un lujo que la vida le había regalado, que ni una cirugía Tommy John le podía quitar. Ese gusto e intensidad por el béisbol que disfrutaba cada segundo, era contagioso. Lanzara o no, siempre podía verse a Fernández disfrutando en el dogout de los Marlins.

¿Cómo sentir presión, malestar o frustración por el juego, cuando en algún momento de su vida lo único que podría esperar Fernández era estar vivo?

La vida es cruel e irónica en ocasiones.

La primeras tres veces que Fernández intentó salir de Cuba con destino a Miami —una ciudad que años después lo convertiría en su ídolo— terminó siendo devuelto por la Guardia Costera y ganándose incluso un período en prisión en Cuba, con 14 años de edad.

La cuarta fue la vencida, cambiando su destino a México, en un viaje que pudo haber terminado con la muerte de su madre, quien había caído al mar producto a la gran marea que azotó al bote que los llevaba, sin embargo Fernández no lo permitió, y saltó al mar en auxilio de su madre, consiguiendo salvarle la vida.

Lo lograron. Llegaron a salvo a tierras mexicanas, en donde tuvieron que enfrentar otros obstáculos para pasar la frontera. Pero lo hicieron, por fin consiguieron ingresar a los Estados Unidos.

Posteriormente se establecieron en Tampa, en donde comenzó a crecer el Fernández pelotero, con logros que posteriormente fueron dignos para ser escogido en el 14to puesto del Draft del 2011 por los Marlins.

Dos años después debutó con el equipo, teniendo una campaña merecedora para ganarse el Novato del Año de la Liga Nacional, con marca de 12-6 y 2.19 de efectividad. Se esperaba que lo mejor estuviera por venir para el serpentinero de entonces 20 años de edad. Pero en el 2014 comenzaron otros percances, uno que para la mayoría de los lanzadores es una pesadilla.

Fernández necesitó realizarse la cirugía "Tommy John" en el 2014, tras apenas ocho encuentros. Sin embargo el cubano lo enfrentó como sólo él sabía, con una sonrisa. A pocas semanas de la cirugía, Fernández no dudó en subirse a la tarima en donde estaban cantando sus coterráneos “Gente de Zona” en un concierto en el Marlins Park, aún con su brazo inmovilizado, demostrando una vez más, que la vida iba mucho más allá del béisbol.

Siguiendo la tendencia de su vida, tuvo la paciencia y perseverancia para volver en julio del 2015.

Días antes de su fallecimiento y después de maniatar a los Nacionales de Washington con tres imparables permitidos en ocho entradas en blanco —en lo que sería el último juego de su vida— Fernández dijo que simplemente estaba satisfecho por haberse mantenido saludable todo el año...

De pronto allí estaban Martín Prado, David Samson, Michael Hill y Don Mattingly compartiendo el podio, con el resto de la plantilla parada detrás de ellos, para hacer oficial la noticia con lágrimas en los ojos: José Fernández falleció, dejando implantado para siempre a su nombre el “qué hubiese pasado”.

José Fernández simbolizará por siempre el amor por la pelota; esa razón por la que un niño juega béisbol y que él nunca perdió.

Descansa en paz, José Fernández.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario