@BorisSGomezU

Según un estudio, llamado “El Futuro de la Movilidad en América Latina”, cuya autoría pertenece al -think-tank C230, América Latina está en el momento preciso y tiene la oportunidad de “acelerar la adopción de vehículos eléctricos (EV, por sus siglas en inglés). El 80% de los encuestados en el citado análisis, estaba dispuesto a adquirir un EV mientras, el 75% consideró que el gasto por recargarlo es menor a la compra de combustibles de origen fósil. Tales resultados indican que ya existe una conciencia ambiental y un nuevo paradigma en desarrollo, consistente en consumir más energías renovables y menos fósiles para el transporte.

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No es la primera vez que nos referimos a éste tema. Es un asunto global que va tomando fuerza. Pero hay aún temas por resolver: costos de producción, duración de la batería y costos finales para el usuario.

En esa ecuación ingresa también el estado, pero como un regulador eficiente y un catalizador del mercado.

En busca de mejores baterías

Con relación al almacenamiento de energías, las nuevas tecnologías están impulsando que haya mejores tiempos de duración de las baterías y por consiguiente mayor autonomía del EV.

Una compañía europea, Innolith AG, con sede en Suiza, ya trabaja en desarrollar “la primera batería recargable de 1.000 vatios hora por kilogramo (Wh/Kg) del mundo”, que permitirá que un EV haga un recorrido –sin recarga- de más de 1.000 km, unas 621 millas. Siendo además una

batería de litio no inflamable, amable con el medio ambiente y fabricada con los estándares éticos que exige dicha industria. Por ello, la guerra a los fósiles, combustibles derivados del petróleo, está disputándose en el terreno de la tecnología y principalmente de la movilidad.

Los precios de los EV y los gobiernos locales

Hay varios ejemplos a nivel global que señalan que principalmente desde los gobiernos locales y municipales, se está estimulando a que los ciudadanos/usuarios adquieran EV.

Un ejemplo puntual es de la Junta de Andalucía en España, que pone a disposición de la comunidad aproximadamente 19 millones de euros como incentivo para la adquisición de vehículos de energías alternativas, fundamentalmente eléctricos. Fondos que se utilizan para estimular programas de financiamiento y crear infraestructuras de recarga eléctrica.

Ese gobierno autonómico español desempeña un rol importante y tiene una política muy clara rumbo a la transición energética e intenta influir positivamente –desde lo local- al reto de combatir el cambio climático.

Adicionalmente, siguiendo con el tema de la participación del estado en el estímulo al uso de EV, existe en España un programa de incentivos a la movilidad eficiente y sostenible, llamado Moves, coordinado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDEA) que destina 45 millones de euros, para incentivar la sustitución de vehículos de combustibles fósiles por los de energías alternativas en sus modalidades de eléctricos puros BEV, de autonomía extendida REEV, híbridos para enchufe PHEV o de baterías y combustible, con o sin baterías eléctricas recargables FCV o FCHV. El estado incentiva, también, y financia la construcción de infraestructuras de recarga para vehículos eléctricos.

Acompañar al mercado

En el caso español, el rol principal lo tiene el mercado, nadie más. El Estado simplemente acompaña, sin perjudicar ni poner trabas, al desarrollo del mercado y las relaciones comerciales hacen el resto: ponen la oferta de vehículos de mejores condiciones tecnológicas, de menores costes y más accesibles.

A modo de volver a demostrar el fracaso del estatismo, creo que si se tratara de Bolivia o Venezuela –de seguro- el Estado ya habría metido su mano para instalar una “fábrica” de vehículos eléctricos, con los consabidos pésimos resultados que genera un “Estado Empresario” de tipo populista.

En Estados Unidos y Europa es el mercado –el capital privado- el que toma el riesgo, hace el desarrollo y finalmente pone en oferta sus vehículos en un escenario comercial, donde el Estado apenas da algunas facilidades impositivas y crea climas más agradables para que las inversiones florezcan.

Gracias a ese tipo de estímulos, las ventas de vehículos eléctricos crecieron un 33% en 2018 en el mercado europeo, y puso en baja la adquisición de los denominados tradicionales. En China, que representa el 55% del mercado global de vehículos eléctricos, prevén para 2019 un importante incremento de 1,6 millones de unidades en las ventas de nuevos vehículos eléctricos.

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