lunes 28  de  septiembre 2026

Autos autónomos, ¿el fin de los choferes de Uber y Lyft?

Los robots podrían desempeñar las tareas en las que hoy trabaja el 47% de la población económicamente activa
Por Redacción Diario Las Américas

Tal vez el auge y el espacio adquirido en los últimos tiempos por la tecnología no sea del todo saludable para miles de personas y sus puestos de trabajo. Por ejemplo, en el caso del deporte, a los jueces de línea del fútbol nos les convendría del todo que las jugadas de off side sean definidas por máquinas, pues quedarían despedidos de inmediato.

El asunto del remplazo de los seres humanos por máquinas o computadoras ahora invade la cabeza de diseñadores de carros autónomos; la apuesta que las ensambladoras buscan ganar en 2021. Y, ¿los choferes?, ¿dónde quedan los choferes con esta propuesta? ¿Subsistirán las esperanzas de estos profesionales ante este tipo de proyectos?

Firmas como Ford, Nissan, Volvo, BMW, Daimler, General Motors y Toyota invierten en investigación y desarrollo alrededor de 6.300 millones de dólares anuales, de los cuales, aproximadamente el 7% se enfoca a los vehículos que no requieren conductor.

La noticia es preocupante para los profesionales del volante a quienes no les debe hacer mucha gracia el asunto, y de seguro ya pensarán incluso en una huelga para reclamar por el NO avance tecnológico. El siguiente dato nos ilustra la magnitud del asunto: en los primeros 10 meses de 2015 se realizaron 30,4 millones de viajes de este tipo en toda América Latina, apunta BBC Mundo.

Y no es para menos pues mientras surgen nuevas ocupaciones otras van desapareciendo o perdiendo trabajadores a medida que los robots y las nuevas tecnologías los van sustituyendo. Según un estudio realizado por la Universidad de Oxford, en torno a 700 profesiones que serán reemplazadas por las máquinas en unos 20 años.

Los robots podrían desempeñar las tareas en las que hoy trabaja el 47% de la población económicamente activa o un equivalente a más de 1.600 millones de puestos de trabajo.

Sin embargo, a los hombres de negocio nada de ello les interesa al parecer. “Con esta tecnología buscamos una forma más segura de conducir, sin mantener las manos en el volante, ni los ojos en el camino y esa es una de las grandes ventajas de la conducción autónoma”, dijo Carlos Ghosn, presidente de la Alianza Renault-Nissan, durante el auto show de Tokio.

Interesados por la seguridad vial, olvidan las enormes dificultades económicas que provocarían a miles de choferes, quienes en menos de un cuarto de siglo estarían condenados a buscarse la vida apartados del timón de una profesión mayoritariamente longeva.

Y las alarmas ya suenan. Este año Nissan inició su plan de desarrollo con la intensión de lanzar su primera gama de 10 unidades autónomas para 2020, los cuales ya podrán evadir riesgos en el camino y moverse en intersecciones citadinas con alto nivel de tráfico.

En tanto la Ford pretende presentar el primer auto comercial en 2020, tras más de 15 años de planificación.

“Estamos enfocados en ser ahora una compañía de movilidad y no sólo automotriz, por lo que la asociación con ciudades de todo el mundo es un paso muy importante en este plan”, indicó Mark Fields, presidente y CEO de Ford Motor.

Pero los de la Ford tal vez no han tenido en cuenta que no todas las personas podrían fiarse de las máquinas; algunos preferirían a las personas al frente del automóvil; o sea un profesional de carne y hueso.

En detrimento de los conductores, también Volvo anunció hace unos días que ajustará aún más sus tecnologías de conducción autónoma a fin de crear una oferta que sea lo más relevante posible para los clientes antes de una nueva introducción comercial en torno al año 2021.

Pero donde manda capital y negocios, no queda mucha vida para empleados “incapacitados”; así que se prevé que Uber y Lyft se integren a la idea; al menos esta última línea de servicios de taxis ya firmó una alianza con General Motors para desarrollar vehículos, precisamente para competir con Uber. La inversión rondará los 500 millones de dólares, con la intensión de comercializarlos en 2021.

Para los profesionales de Uber y Lyft sería un golpe terrible si se materializara el proyecto.

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