MIAMI- Durante los cuatro años de su administración, Donald Trump trabajó para rescatar los triunfos y la fortaleza económica que convirtieron, en décadas atrás, a Estados Unidos (EEUU) en la primera potencia del planeta.

Joe Biden, tras ser juramentado como el presidente número 46, llega a Washington con un programa similar al que cumplió durante ocho años como vicepresidente en la administración de Barack Obama, excepto algunos reajustes acordes a nuevas circunstancias.

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Las señales en el nuevo gabinete

Puestos clave los ocuparán casi las mismas personas que lo hicieron entre el 2008 y el 2016, con algunas modificaciones.

Janet Yellen, quien fuera vicepresidenta de la Reserva Federal (2010-2014) y presidenta desde febrero del 2014 a febrero del 2018, ahora estará al frente del Departamento del Tesoro en sustitución de Steve Mnuchin.

Antony Blinken, de 58 años y quien fue número dos del Departamento de Estado durante los dos últimos años de la presidencia de Barack Obama, se encargará de las Relaciones Internacionales al frente de esa cartera, uno de los puestos con más peso en el Gobierno. Blinken es un firme defensor del globalismo.

Avril Haines, de 51 años, se convertirá en la primera mujer en dirigir el Departamento de Inteligencia Nacional de Estados Unidos. Haines sirvió en la Administración de Obama como abogada de Seguridad Nacional y fue subdirectora de la CIA entre el 2013 y 2017.

Cecilia Rouse será la directora del Consejo de Asesores Económicos. Fue miembro del Consejo de Asesores Económicos (CEA) durante la administración de Obama, y del Consejo Económico Nacional durante la administración de Bill Clinton.

Katherine Tai, fue propuesta como representante de Comercio Exterior. Fungió en esa misma oficina durante la presidencia de Obama como la abogada principal y encargada de asuntos con China.

Por su parte, Neera Tanden [también de origen asiático] dirigirá la Oficina de Administración y Presupuesto.

Al frente de la secretaría de Comercio estará, Gina Raimondo, (de origen asiático) y actual gobernadora del estado de Rhode Island.

Merrick Garland ocupará el puesto de Fiscal General (equivalente al Ministro de Justicia). Obama lo designó para la Corte Suprema, pero no fue confirmado por el Senado. Sus prioridades ahora –ha dicho Garland de 68 años- serán "asegurar la igualdad racial en el sistema de justicia" y combatir "la amenaza del extremismo violento”.

Jennifer Granholm se encargará del Departamento de Energía. Es una defensora del vehículo eléctrico y del desarrollo de tecnologías energéticas alternativas.

Arranca el nuevo gobierno en Washington

Joe Biden es un político, lleva 47 años en el mundo del verbo, la diplomacia y los debates, en sus 8 años como vicepresidente de EEUU cumplió un rol visible: mediador internacional.

Durante su campaña reiteró que haría una transición de la industria petrolera a las llamadas energía eólica u otras, que en la práctica pueden ser muy limpias, pero demasiado costosas e insuficientes para abastecer incluso un tercio de la capacidad energética de EEUU.

En el criterio de especialistas, de concretarse este plan, se eliminarían más de 10 millones de puestos de trabajo directos e indirectos en la industria petrolera; además, la medida tiene en su contra que el país y el mundo atraviesan la peor pandemia y crisis económica mundial de los últimos 100 años.

Biden también ha dicho que desdeñaría la fracturación hidráulica en la industria del “oro negro”, otro desacierto de acuerdo con expertos.

Un informe de Bloomberg en el 2018 calificó a la industria petrolera como "la mejor apuesta para los trabajadores de EEUU gracias a su "capacidad de pago", con niveles salariales que "superaron a todos los sectores, incluidos los servicios públicos, la tecnología y la atención médica".

Las oportunidades de la industria del petróleo

La diversidad de oportunidades que ofrece el sector no las tiene ningún otro: geólogos, ingenieros, operadores de equipos de perforación, soldadores, electricistas, profesionales de las comunicaciones, conductores de camiones, consultores ambientales, analistas de negocios, técnicos en computación, entre otros.

La industria del gas y el petróleo en EEUU emplea a 10.3 millones de personas de forma directa y 2.7 millones de manera indirecta, con proyecciones de un incremento de casi 2 millones antes del 2035.

Además de la enorme fuente de empleo que aporta la industria del petróleo, el país regresaría a la dependencia en el consumo de combustibles líquidos, como alertó la anterior Administración Trump y los especialistas que durante muchos años reclamaron acciones para potenciar la extracción y refinamiento del crudo y otros recursos fósiles en EEUU.

Otra de las proyecciones de campaña de Joe Biden que desató preocupación fue el alza de impuestos a los más ricos, una medida aplicada durante el mandato de Obama y desactivada por Trump.

Los dueños de empresas, negocios y las multinacionales emplean a millones de norteamericanos y son el principal motor de la economía en esta nación. Las consecuencias de aumentar los impuestos a la clase pudiente se reflejarían directamente en el salario de los trabajadores y en el alza del precio de los productos de primera necesidad, lo cual no es aconsejable en medio de una recesión económica y una pandemia.

Los gastos en los programas sociales

El incremento de gastos en programas sociales es una inversión humana y sensible para ayudar a los más vulnerables, pero para ejecutarlos, se necesita una economía sólida que impida desviar fondos de fuentes de ingresos a sectores improductivos. La nueva Administración anunció el viernes que firmaría órdenes ejecutivas para poner en marcha programas de entregas de alimentos, pagos directos y fondos para los gobiernos estatales y locales.

El plan, visto por mucho como algo esperanzador, encubre la realidad: un aumento excesivo de gastos sociales en el centro de una recesión económica que dispararía la deuda pública, el déficit fiscal y la inflación. Analistas ven estas medidas con mucha preocupación por las consecuencias negativas a mediano y largo plazo. Legisladores y senadores republicanos anunciaron el viernes que se opondrán a este tipo de salidas que más que ayudar frenan la recuperación económica, que se fundamenta en el aumento de las producciones, las exportaciones y el consumo.

Biden, como la mayoría de los demócratas, es un ferviente opositor a las armas y al desarrollo de la industria armamentista. Esta industria vendió en el 2017 municiones y equipos bélicos por un valor superior a los 41.930 millones de dólares, un crecimiento del 25%, respecto al 2016. Una cifra que siguió su ascenso en los próximos años y que contribuyó a balancear y solidificar los ingresos netos en la economía estadounidense frente a los gastos extremadamente excesivos de gobierno anteriores.

El gobierno de Trump impuso restricciones a esas fugas financieras causadas por el aparato burocrático en Washington desde hace décadas.

Los contratos y las empresas militares

Contratos militares en el exterior regresaron a manos de compañías norteamericanas, como fue el caso de la fabricación de fragatas.

General Dynamics le retiró a Navantia, astillero público militar español, un convenio de casi 6.000 millones de dólares para construir una decena de fragatas para la Armada de EEUU (US Navy).

Mediante el grupo italiano Fincantieri, que adquirió hace 11 años un astillero en la costa del lago Michigan (en Wisconsin), General Dinamic ejecutará este proyecto que se ampliará a una veintena de buques de este tipo a mediano y largo plazo, que pudiera verse frustrado con una reducción del presupuesto militar en el próximo año.

Durante los dos mandatos de Obama, cuando Joe Biden era vicepresidente, se reiniciaron las guerras aérea y terrestre en Irak y Siria, mientras que la retirada de las tropas de Afganistán fue cancelada y sustituida por un "régimen militar". Además, una parte de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos operó en Libia y en Yemen, sin embargo en los últimos cuatro años de su gobierno, el Ejército vió reducido su presupuesto en más de un 22%.

En su segundo mandato, el presidente Barack Obama anunció un plan de recortes por valor de 487.000 millones de dólares en el gasto de defensa previsto para una década, pero con el arribo de Donald Trump en el 2017 a la Casa Blanca el plan dio un giro opuesto.

El retorno de los empleos a EEUU

El gobierno de Trump puso en marcha un plan esperanzador y efectivo sobre el regreso de cientos de grandes compañías asentadas en China y en otros países asiáticos. Habría que esperar si la nueva administración mantiene esa política o la flexibiliza y vuelve a facilitar la emigración de capital y empresas hacia China, como ocurrió desde los gobiernos de Bill Clinton, George Bush y el de Obama.

En su primer día en la Casa Blanca, Biden optó por poner fin la construcción del muro en la frontera sur de EEUU, eliminó la prohibición de viajar desde algunos países de mayoría musulmana, regresó al Acuerdo París (pacto sobre el cambio climático) y a la Organización Mundial de la Salud. Revocó también la aprobación del importante oleoducto Keystone XL, mediante 15 órdenes ejecutivas, horas después de tomar posesión.

Los monopolios de las tecnologías

Las empresas de tecnología en EEUU, cuya alianza con las asiáticas Trump fracturó mediante sanciones por los vínculos de estas últimas con la industria militar china, han logrado cifras récord de ganancias y han llegado a un poder supremo. Trump se enfrentó a ese gran poder, pero necesitaba otros cuatro años para hacer cumplir las leyes antimonopolio, tras el sorprendente poder de las multinacionales como Amazon, Google, Apple, Facebook, Twitter y Youtube, entre otras. La Administración que comienza enfrenta el reto de aplicar las normas existentes.

Biden asume la Presidencia de EEUU con el desempleo en 6,7% (cuando analistas pronosticaban un 10%); con un crecimiento récord del 33,4% del Producto Interno Bruto (PBI) y una recuperación económica que comenzó desde julio del 2020 y ha continuado su progreso con cifras en positivo. Pese al abismo abierto por la pandemia, la confianza de los consumidores y los inversionistas se mantuvieron por encima de lo previsto junto a decenas de récords de Wall Street que hicieron pasar la barrera histórica de los 30.000 puntos del principal índice industrial Dow Jones y un salto inesperado de los demás indicadores bursátiles (el tecnológico Nasdaq y el empresarial SP&500).

La tasa de interés fijada por la Reserva Federal se mantiene casi en cero y los bancos cumplen estrictas regulaciones para reforzar sus reservas de liquidez y propiciar créditos atractivos para las pequeñas y medianas empresas, como ocurre desde el comienzo de la pandemia.

La nueva agenda de la Casa Blanca

El proyecto del oleoducto Keystone XL [de 9.000 millones de dólares] que conecta las arenas petrolíferas de la provincia de Alberta, Canadá, con las refinerías costeras en Texas quedó abolido el mismo 20 de enero por una de las órdenes ejecutivas firmadas por Biden.

Este martes, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, dijo que presionará a Washington para salvar esta importantísima obra de grandes beneficios para ambas naciones, pero la nueva Administración está decidida a abrir paso a la energía eólica, como anunciara en sus debates presidenciales Joe Biden.

Inmigración, un incremento de los programas sociales; los cumplimientos de las regulaciones internacionales con el Acuerdo de París, con el Foro Económico Mundial, con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial entre muchos otros; los lineamientos proambientalistas y otros temas, restarán la relevancia que la economía estadounidense necesita en plena recesión y el asecho de los enemigos consagrados de Norteamérica.

Las ayudas por la pandemia

La continuidad de la política de ayudas eroga fondos necesarios para respaldar al sector empresarial, repercute en el aumento de la deuda pública estadounidense y no estimula el avance de la recuperación y desarrollo que requiere de una mayor producción, exportaciones y medidas de saneamiento financiero.

Trump evitó todo tipo de conflicto bélico y apaciguó regímenes como el de Corea del Norte; deja un legado histórico de paz en el Medio Oriente con Israel y varios países, eliminó al Estado Islámico (ISIS); exigió pagos justos a miembros de la OTAN, Naciones Unidas y sacó a EEUU de organizaciones internacionales que exigían enormes sumas de dinero anualmente. Regresó a casa a miles de militares estadounidenses de Irak, Afganistán y otras regiones. Todo lo anterior permitió concentrar grandes recursos financieros en beneficio directo para los estadounidenses y para el país.

Luego de la firma de más de 20 órdenes ejecutivas en sus primeras 48 horas de gobierno y contrarias a las políticas de su predecesor Donald Trump, la actual Administración comenzó un giro de 180 grados sobre el destino económico y político de EEUU.

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