Antes de que el presidente Joe Biden fuera casi obligado a renunciar a su carrera por la reelección, las probabilidades de que Kamala Harris llegara a dirigir en algún momento la Casa Blanca eran del 1% o menos.
Ningún otro candidato que no sea Kamala Harris aceptaría el bastón perdedor que entregó Joe Biden. ¿Podrá la versión falsificada y fabricada de Harris convencer a los votantes?
Antes de que el presidente Joe Biden fuera casi obligado a renunciar a su carrera por la reelección, las probabilidades de que Kamala Harris llegara a dirigir en algún momento la Casa Blanca eran del 1% o menos.
Eso lo supo siempre la élite del Partido Demócrata y de la extrema izquierda que representa Harris, lo sabían también los republicanos y la gran mayoría del pueblo estadounidense.
Una mujer con un trabajo igual de pésimo que su jefe o quizás peor en la Casa Blanca; con un pasado reciente controversial, con la crítica y la burla como perennes aliados en las redes sociales y medios de prensa, pero instalada en la vicepresidencia, se convirtió en la última y única carta de los demócratas y de la extrema izquierda en Washington, a escasos meses para las elecciones presidenciales en noviembre.
Ningún otro candidato que no fuera Kamala Harris, con aspiraciones a presentarse en los comicios de 2028, hubiera aceptado el bastón perdedor que entrega Joe Biden. Sólo su compañera de fórmula, conocida por sus desmesuradas ambiciones políticas, podía encargarse de semejante posición: tratar de dirigir la Casa Blanca después de ser coautora del gran fracaso demócrata en el actual período.
La lista de fiascos supera lo imaginable para un mandato en la Oficina Oval: Casi cuatro años de la peor inflación en los últimos 50 años, una guerra incentivada en Ucrania y perdida desde el comienzo con un gasto superior a los 200.000 millones de dólares; crisis bancaria con la quiebra de cuatro bancos y el rescate por 300.000 millones de dólares; crisis hipotecaria con un récord de caída de ventas durante 14 meses consecutivos y más de dos años en la misma tendencia que aún prosigue; la tasa referencial de interés mayor en los últimos 22 años (5,25%-5,50%) y una debacle incentivada por políticas de la Casa Blanca en la frontera sur del país que ha permitido la entrada de más de 12 millones de ilegales detectados, mientras que el costo en cuatro años se calcula en más de 800.000 millones de dólares, de forma directa e indirecta.
A grandes rasgos, este el escenario protagonizado por Biden y Harris.
La escalada de precios causada por la administración Biden-Harris ha significado para la familia estadounidense promedio unos 26.000 dólares adicionales, debido al desorbitante aumento del costo de vida.
Los precios generales se han disparado un 20,1%, los alimentos han subido un 21,3%, la electricidad un 31,6% y el promedio nacional de la gasolina regular se ha elevado casi un 50%.
El fiasco de la promesa de Biden de la transición de la industria del petróleo a las supuestas “energías limpias” se suma a su descalabro económico y político.
Hoy EEUU, para contener el avance inflacionario, produce un millón más de barriles diarios de petróleo que durante el gobierno de Trump, en una marcha atrás a la política de cambio climático que la dupla Biden-Harris quiso implementar como prioridad. El tema terminó con súplicas a las compañías petroleras para incrementar la extracción y procesamiento de crudo.
El pago promedio de una propiedad ha subido casi 1.000 dólares por mes, mientras los costos básicos de la vivienda que incluyen seguro, impuestos, productos del hogar, etc., han ascendido casi un 50%. El costo de ser propietario alcanza su nivel más alto en tres décadas.
La deuda pública de Estados Unidos sobrepasa los 35 billones (trillions), cuando en el 2019 bajo el gobierno del presidente Donald Trump y antes de la pandemia era de 23 billones (trillions).
Lo anterior obligó a la élite de izquierda a reunirse con la gran prensa propagandista de la misma tendencia, prometerles más dinero y luego intentar convencer a los grandes donantes demócratas de que aportaran su dinero frente a ninguna otra alternativa viable y contrarreloj.
El costo de comenzar una campaña desde cero con un candidato fuera de Washington y a menos de cuatro meses de las elecciones presidenciales el 5 de noviembre resultaban una derrota tan segura como a la que se encaminaba Biden.
Harris se traslada en los aviones y helicópteros de la Presidencia, junto al despliegue de seguridad, que le facilita hacer campaña electoral con gran parte del dinero de los contribuyentes.
Desde el primer día del anuncio de Harris como la sustituta de Biden en el camino a la Presidencia, los grandes medios y plataformas en internet, bajo la promesa de mucho dinero y el terror fomentado sobre Trump, iniciaron su trabajo: convertir la perdedora en una “potencial ganadora”, convertir el fracaso Harris en una figura idílica, inventada y saturada de mentiras sobre sus supuestos “éxitos” … inexistentes.
No es la primera vez. Una ofensiva similar se vio en 2020 cuando la candidatura de Biden, un senador y luego un vicepresidente tan opaco como Harris, pero al menos con 36 años en el Congreso de EEUU.
La gran prensa de izquierda tapó el deterioro de la salud de Biden desde su campaña electoral. Decenas de videos circularon en internet sobre sus lagunas mentales, sus equivocaciones y su desorientación. Con todas esas agravantes, lo hicieron sentarse en el escritorio presidencial en Washington.
Queda por ver si la fabricación de la imagen de Harris puede ser lo necesariamente efectiva y capaz en sólo 16 semanas para convencer a la mayoría de los votantes del país.
En las primarias demócratas de 2020, Harris apenas obtuvo el 1% de votos, pero el plan incluye -como es de suponer- la manipulación de datos en las encuestas. Harris disfruta de una campaña orquestada por los grandes intereses, sin preocuparse de dar explicaciones. La prensa y decenas de plataformas online se encargan de hacer todo el trabajo propagandístico en estos momentos, en especial de borrar la responsabilidad de Kamala Harris en el gobierno de Biden.
Uno de los principales objetivos es desvincularla del actual gobierno. En este sentido, el camino casi está trillado, porque lo que no le ha faltado a Harris es su enajenación respecto a los problemas de su gobierno y las necesidades de los estadounidenses.
Su respuesta a la lluvia de cuestionamientos siempre es la misma: se ríe y se marcha. No ha respondido ni por la fallida misión de corregir el desastre migratorio y de seguridad nacional en la frontera sur, casi el único encargo de su jefe.
Tras casi un mes, Harris se mantiene reacia a dar entrevistas que profundicen sobre su trabajo y trayectoria, conferencias de prensa; y menos responder a las acusaciones que pesan sobre ella desde que era fiscal general de California hasta su pueril risa, muchas veces acompañada de su colección de disparates verbales en su abrupto paso por Washington.
En una de las respuestas rápidas de estos últimos días sobre la responsabilidad en el costo de vida y la inflación, Kamala Harris dijo: "Los costos siguen aumentando vertiginosamente, ¡pero no tan rápido!".
El candidato presidencial republicano y expresidente Trump llevaba sobre Biden una ventaja de entre 6 y 12 puntos hasta en estados clave como Arizona, Georgia, Pennsylvania, Michigan, Florida, Ohio y Virginia. Cuando estos sondeos mencionaban a Harris, permanecía por debajo de Biden, que ya superaba el 80% de desaprobación.
Ahora, las encuestas de referencia son de las grandes cadenas de televisión de izquierda, como es de suponer y plataformas alineadas a la izquierda o universidades dirigidas por “progresistas” (socialistas o radicales de izquierda).
Mientras, Google, YouTube y Microsoft -entre otros- se encargan de la amplificación junto a las agencias de noticias, la televisión y diarios digitales.
Así expresan: “Las encuestas muestran consistentemente que la vicepresidenta Kamala Harris supera al expresidente Donald Trump desde que se convirtió en la candidata presidencial demócrata oficial (sin ser oficial hasta la Convención Demócrata).
La última encuesta de la Universidad privada de Monmouth, en Nueva Jersey, muestra que Harris tiene una ventaja de cinco puntos. Es, además, la presunta tercera encuesta de la segunda semana de agosto que dice “que ella vencería a Trump si las elecciones se celebraran hoy”.
Si se le pregunta a cualquier persona dónde se encuentra esta universidad, prácticamente nadie sabría decir con la excepción de quien estudia allí, vive en la zona o cerca de ella.
Sin embargo, este sondeo aparece entre los principales medios digitales como un importante referente.
Una encuesta de Economist/YouGov realizada del 11 al 13 de agosto también “encontró que el 46% de los votantes registrados emitirían su voto por Harris, mientras que el 44% votaría por Trump”.
“Harris ahora está ‘ligeramente por delante de Trump’ en cinco de los estados en disputa y empatada con su contrincante en Georgia”, de acuerdo con este sondeo.
"Muchos estadounidenses buscan una cara nueva, con nuevas ideas. Y Harris está aprovechando eso", dijo a Newsweek Michael Ryan, un experto en finanzas y fundador de MichaelRyanMoney.com.
¿Es Kamala Harris una cara nueva?... ¿Ha “dirigido” Biden el país sin vicepresidente?
La luna de miel de Tim Walz, el compañero de fórmula que le eligieron a Kamala, parece haberse quedado sin brillo y sin hospedaje de lujo en los últimos días.
La lluvia de críticas contra Walz sobre su verdadera identidad ideológica, sus estrechos vínculos o simpatía con organizaciones comunistas y otras terroristas como Hamás, que han comenzado a salir a la luz pública, ha obligado a la dirección demócrata a sentarlo de suplente en el juego hasta que el pitcheo se torne más cómodo.
La patriótica presentación de “héroe” divulgada en las primeras 24 horas, sin haber participado en ninguna guerra, no cuajó; más bien provocó un rechazo instantáneo después de conocerse su verdadera identidad política y su defensa a las teorías “Woke”, como parte de su activismo socialista enmascarado.
La Luna de Miel de Kamala Harris es muy probable que esté por finalizar también cuando medios y plataformas conservadoras profundicen en las próximas semanas en la verdadera trayectoria de esta mujer de origen indio y caribeño (madre india, padre jamaicano), que ahora presentan como afroamericana.
Si los moderadores del debate del 10 de septiembre en la cadena de televisión ABC muestran frente a Kamala Harris la cierta “agresividad” que enfrentó Joe Biden en CNN, y que fue el puntillazo final para obligarlo a renunciar a la reelección, los televidentes tendrían la oportunidad de conocer la verdadera Kamala Harris.
Si por el contrario, el debate es para seguir el show de exaltación de una imagen sobre su trayectoria y responsabilidad en el gobierno de Biden y hacerla lucir como la figura política que no es, entonces los republicanos y Trump tendrán que encargarse de revelar el lado desconocido aún y oscuro de Harris, que acompaña su cuestionable desempeño en la Casa Blanca.
En un debate en las primarias demócratas de 2020 la entonces congresista Tulsi Gabbard descaracterizó a Harris, sin que pudiera incluso molestarse y menos responder, luego de los abucheos de los asistentes al encuentro televisivo.
La exfiscal general de California “llevó a la cárcel a más de 1.500 personas, la mayoría afrodescendientes e hispanos, por dos o tres cigarrillos de marihuana o un gramo en su poder; y le impuso penas en prisión de hasta 10 años. Cuando le preguntaron si ella había fumado marihuana alguna vez, la respuesta fue reírse, como es habitual en ella”, reveló en ese momento la representante federal.
"Kamala usó a cientos de jóvenes hispanos y negros para escalar dentro del sistema judicial de California. Pero lo más grave es que a muchos de ellos cuando cumplían su sentencia, los mantenía en la cárcel de forma ilegal e injusta para que trabajaran a un mínimo costo para el sistema penitenciario y el estado de California", afirmó Gabbard, legisladora en Washington por el estado de Hawai desde el 2013 hasta 2021.
"Pero ahí no termina la maldad de Harris", continuó. "Esta mujer ocultó y negó información y pruebas de evidencia de inocencia en el caso de una persona condenada a muerte de manera injusta. Sólo después de que la Corte Suprema de California la obligara, entregó la información", agregó Gabbard.
