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Andy Mostert, reconocido cocinero de origen venezolano, fundador de un sencillo restaurante en un entorno rodeado de oficinas en la zona industrial de Fort Lauderdale, al norte de Miami, ha demostrado que la regla del éxito “location, location, location” también tiene su excepción.

DIARIO LAS AMÉRICAS, atraído por los excelentes comentarios y referencias sobre “Eats Good 33”, quiso entrevistar al creador de este “singular comedor”, como a su dueño le gusta llamarle, para que nos revelara los secretos de un éxito que ya suma la nada desdeñable cifra de 10 años.

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“El restaurante lo montamos porque quería proponerle a la gente de la zona un lugar donde pudieran comer sabroso, todos los días sin dejarse el bolsillo”, así abrió la entrevista Mostert.

Comida sana

“Lo fundamental es que fuera comida saludable, nada de refritos, ni grasas saturadas, ni sazonadores artificiales. Tal es así que no tenemos freidoras en nuestra cocina. Con nuestro concepto les damos a nuestros clientes acceso a una comida casera, como la preparada por nuestras abuelas. Por cierto, muchas de las recetas venezolanas utilizadas aquí las heredé de la abuela de mi esposa, la señora Helena Urrutia de Jaén, quien escribió un recetario familiar que yo he explotado al máximo”.

“En Eats Good 33 lo que hacemos es saltear, asar, gratinar, estofar, o utilizamos la parrilla. Solo montamos una pequeña sartén para preparar los tequeños que tanto les gustan a los niños”, explicó este chef egresado del Florida Culinary Institute en 2005.

Ingeniero civil

Mostert no descubrió su amor por la cocina de forma temprana. De hecho estudió Ingeniería Civil en la Universidad Metropolitana de Caracas. Ejerció la carrera muy brevemente durante una pasantía en la construcción de un edificio de 7 pisos. “Era un complejo urbanístico pequeño que tomé cuando estaba en movimiento de tierra y lo llevé hasta que se pusieron las estructuras. Esto era cuando en Venezuela la construcción era algo muy pujante. Llegamos a ser considerados la Suiza de América en los años 90.

Emigrante

Pero su vida dio un vuelco inesperado cuando en 2002 tuvo lugar el Paro Nacional. “Comenzó en Venezuela una época de incertidumbre, los precios se dispararon, nada se vendía, había huelgas encubiertas de brazos caídos, no se veía un futuro claro”. Por ello el joven ingeniero, aprovechando un viaje de vacaciones a Miami junto a su entonces novia, Aida Helena Jaén, decidió no regresar a Venezuela. Así comenzó su vida en Estados Unidos, donde descubrió una pasión que llevaba oculta en sus entrañas.

El joven chef recuerda que cuando era estudiante de la Metropolitana frecuentaba la Arepa Factory, un sitio gourmet de arepas y fantaseaba con la idea de tener un restaurante como ese. Pero fue una abogada de emigración en Miami quien revivió ese sueño cuando le indicó cuales eran los oficios más requeridos en EEUU. “Me dijo que para encontrar trabajo había que ser enfermero y cocinero. Es así como en 2003 comencé a estudiar para hacerme chef”.

El chef

Antes de abrir “Eats Good 33”, Mostert absorbió toda la experiencia posible. Trabajó en el célebre restaurante “Cacao” de Edgar Leal a quien considera su maestro y “uno de los chef más importante de la culinaria venezolana”, su paso por el Michys lo especializó en cocina fría. Más tarde se fue a Nueva York a aprender pastelería en el Tisserie, de los hermanos Harrar, los dueños de la famosa St Honore de Caracas. “Con mi edad la mejor forma de aprender este oficio era ejercerlo en diferentes sitios, con diferentes maestros y así hice”, confesó el cocinero.

Paso a paso

“Comencé mi propio negocio en 2009, en plena crisis. Por ello lo desarrollé por fases. El primer paso fue trabajar desde la cocina de mi propia casa, donde preparaba comida para llevar. Todo era muy sano, incluía muchos granos, vegetales, diferentes arroces, quinoa y farro. Mis clientes estaban encantados con la oferta en una zona donde proliferan los restaurantes de comida rápida. Cuando el volumen de venta fue considerable, adquirimos este local ubicado en el 6882 NW 20 Ave Fort Lauderdale, FL 33309. Tenía 33 sillas, y su zona postal contenía tres tres, una recurrencia que hizo que decidiéramos incluir el número en el nombre del restaurante, “Eats Good 33”.

Treinta y tres arepas y más

Un joven chef con un restaurante propio es una oportunidad para exhibir todo la experiencia acumulada. Y eso hizo, “al principio queríamos concebir un producto bueno para que la gente viniera a probarlo aquí. Volqué todos mis conocimientos y abarcábamos muchos tipos de comidas, teníamos un menú sumamente amplio que hemos ido reduciendo con el tiempo. Sucumbí ante la pasión por las arepas, en nuestra carta hay 33 tipos distintas, para todos los gustos”.

“Además, ofrecemos con gran éxito otros platos, como costillas estofadas con peperoni, las baby ribs con salsa de pimentón agridulce, sándwich Italiano, sándwich cubano hecho con una carne muy jugosa de cerdo horneado lentamente. También somos reconocidos por las sopas caseras. Tenemos una de lentejas muy solicitada cuya receta es simple: cebolla, pimentón, laurel, sal, agua y cariño. Nada de colorantes, ni grasas animales. Por supuesto, en nuestro menú incluimos platos veganos”.

“En general, nuestro concepto culinario es muy ecléctico, fiel reflejo de Miami, combinamos la comida americana -con sus famosos wraps- con distintos platos latinos y del mundo”.

La atención es clave

Cuando alguien lee los comentarios de los clientes sobre este negocio, la mayoría coincide en que la comida es de primera, sin embargo su mayor énfasis recae en el exquisito trato del personal. “Somos un interesante equipo de ocho personas. Tengo por norma rodearme de gente valiosas, sin malos rollos”.

“Mi mano derecha es mi amigo Carlos Luis Pacanins. Él es abogado y trabaja aquí conmigo a raíz de sufrir un derrame cerebral. Cuando vino, sólo pretendía rehabilitarse, haciendo algo útil. Y aquí está, aportando al máximo y cada vez mejor de salud.

Yo mismo soy sobreviviente de cáncer. En 2014 me operaron y tuve que estar un tiempo alejado del negocio. Somos personas que valoramos las buenas cosas de la vida donde juega un papel fundamental la alimentación sana. Y sin lugar a dudas, uno es lo que come”, sentenció Mostert.

“Y no soy bueno solo porque soy gerente y me gusta dirigir, o porque soy cocinero y me gusta cocinar, sino porque disfruto atendiendo a las personas. Me encanta, ofrecer, dar un buen servicio. Presumo de conocer a todos mis clientes y me siento realizado cuando les sirvo, cuando les cocino y cuando les atiendo”.

Abandono el lugar con la sensación de haber visitado a un monje en una modesta ermita donde sin alardes, sin pompas, a base de saber hacer conduce su negocio hacia la segunda década, rodeándose de una afortunada cofradía de fieles clientes amantes de la buena mesa.

¿Por qué alguien debería venir a este sitio?

Aquí van a encontrar platos que no existen en otros lugares, elaborados con ingredientes ciento por ciento frescos.

¿Qué servicios presta el local?

Hacemos catering para empresas, comida para llevar, menús congelados para los clientes que no tienen tiempo de cocinar.

¿A quién agradece por este restaurante?

En primer lugar a mi esposa, por creer en mí y ser pilar de esta idea. Ella lleva los números del negocio. A mis suegros quienes me apoyaron desde que decidí estudiar para cocinero. Y a los clientes que nos han acompañado durante estos 10 años.

¿Su mayor logro?

Acercar la comida latina al cliente estadounidense. Que los ejecutivos locales vengan a comer el típico asado negro.

¿Sueños?

Es hora de abrir otro restaurante. Pero para ello necesito un socio que trabaje, hasta ahora solo aparecen muchos socios capitalistas. Por otra parte, quiero desarrollar más la comida para llevar.

 

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