Mientras todos los ojos de la tierra estaban atentos a los goles del Mundial de fútbol, Estados Unidos y China comenzaron la anunciada guerra comercial. Ambos países se imponen mutuamente aranceles por un valor de 34.000 millones de dólares.

Con estas medidas Washington pretende castigar a Pekín por “las prácticas desleales con las que presionan a las empresas extranjeras interesadas en invertir en China para que desvelen sus tecnologías”. La gran preocupación de las autoridades estadounidenses es que el liderazgo tecnológico e industrial de la primera potencia quede a disposición de su principal adversario económico.

Por su parte, China en un comunicado explicó que “se vieron forzados a imponer aranceles del 25% a una lista de 500 productos estadounidenses en represalia”. Según la lista difundida la pasada semana por el periódico oficial chino People´s Daily serán afectados particularmente la soya, la carne de cerdo, los vehículos eléctricos.

Las primeras consecuencias de la guerra comercial entre las dos potencias comenzaron a notarse en el parque bursátil donde los futuros de la harina de soja china cayeron más de un 2 % el viernes por la tarde y luego se corrigió esta tendencia cuando se confirmó que China había implementado nuevos aranceles sobre una lista de bienes estadounidenses.

China es el mayor consumidor de la oleaginosa del mundo y el pasado año compró soja por más de 12.000 millones de dólares.

El principal índice bursátil de Japón, el Nikkei 225, ganó un 1,1 % y el Shanghai Composite Index subió 0,5% y el Hang Seng de Hong Kong se elevó a 0,5%.

Según Reuters, Trump informó que en dos semanas aplicará nuevas tarifas a los bienes importados de China por un valor adicional de 16.000 millones de dólares.

La escalada hostil está servida. El presidente estadounidense dijo estar listo para gravar importaciones chinas valoradas en 200.000 millones de dólares adicionales y después 300.000 millones más si Pekín no cede a las demandas de Washington. Durante el año 2017 las exportaciones de China a EEUU alcanzaron los 506.000 millones de dólares.

Entre otras demandas EEUU pide que las autoridades chinas tomen medidas relativas a la protección de los derechos de propiedad intelectual y respetar los derechos básicos a los poseedores de patentes.

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