CARLOS ESCAFFI*
La capacidad de reinventarse es una característica innata, con ella nacemos y dependerá de cada uno de nosotros desarrollarla frente a las distintas circunstancias que nos toca vivir
CARLOS ESCAFFI*
Ya en el antiguo Egipto se hablaba de una leyenda, la cual relataba la existencia de un ave mitológica del tamaño de un águila, de plumaje de colores vivos e incandescentes, de pico robusto y patas flacas, con garras fuertes como navajas de acero. La cual cada quinientos años era consumida por una llama ardiente; después de arder su cuerpo, como un pequeño animal sin miembros, un gusano rojo que crece y se aloja dentro de un huevo redondo, como si fuera una oruga que se vuelve mariposa, hasta que dejando de ser implume se transforma en un ave celeste, que resurge de las cenizas, surcando el firmamento estrellado mostrando así toda su gloria y esplendor.
La referida leyenda se sigue escuchando hasta nuestros días, pues no hay que ser instruido en filosofía o historia de la humanidad para comprender los diversos periodos cíclicos de nuestro acontecer. En donde se hace necesario desarrollar habilidades que nos permitan adecuarnos al curso de la curva de la vida que nos toca afrontar, pues ésta, así como puede ser ascendente, también podrá ser descendente y es allí donde nuestra capacidad para reinventarnos debe aflorar, por cierto que después de la toma de conciencia de la situación en la que nos encontramos, en donde se hace necesario asimilarla y decidir cuál será la línea de acción a seguir.
La capacidad de reinventarse es una característica innata, con ella nacemos y dependerá de cada uno de nosotros desarrollarla frente a las distintas circunstancias que nos toca vivir. De lo contrario, nos quedaremos “pegados” en el estado en el que nos encontrábamos, simplemente no trascenderemos y esto aplica para diversas situaciones, desde los resultados académicos no tan buenos que tuvo el estudiante frente a la carrera que le apasionaba, el funcionario que tuvo que reinsertarse en el mundo privado luego de una carrera en el ámbito público, también el ejecutivo que se quedó sin trabajo y ahora debe emprender un negocio, así como el militar que después de 30 años de servicios debe jubilarse y aún se considera joven con 48 años de edad, para tener como única obligación cuidar el jardín y sacar al perro a pasear, también están aquellas circunscritas al ámbito de lo estrictamente personal, divorcios, separaciones, elecciones de vida, en donde después de la epifanía, no quedará otra alterativa que mirar adentro, (previa introspección) y concluir si es necesario un cambio que nos obligue a decidir si transcendemos o no.
Si bien podríamos pasarnos escribiendo páginas y páginas de desarrollo de teorías vinculadas a la capacidad de reinvención, lo principal es lo siguiente: primero, ser conscientes que hubo un cambio y este es inminente y segundo, la asimilación del cambio, sin éste toda acción para reinventarse será nula, pues durante el proceso de asimilación nos llevará, (queramos o no), a estar plenamente conscientes de la situación o estado que atravesamos y qué es lo que deberemos hacer para mantenernos en él o trascender, la asimilación de los hechos nos permiten incorporarlos a nuestro torrente de experiencias vividas y por consiguiente su aceptación y no a la negación y la resistencia constante, pues no hay que olvidar que toda experiencia sea buena o mala se traduce finalmente en aprendizaje.
Así las cosas, ya está en usted estimado lector en generar la capacidad de reinventarse o continuar desgastándose innecesariamente, cuestionándose el porqué del cambio de viraje de la cotidianidad de la vida, recuerde que: “dijeron que el Fénix había muerto, y en efecto, lo había hecho para renacer con toda su gloria”.
(*) Licenciado en Administración y Gerencia.
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