sábado 11  de  abril 2026
BIENES RAÍCES

“Juguetes” que podría tener en su yate de lujo

  

Daymaris Taboada Moreno
Especial

Para los hombres más ricos del mundo tener una casa flotante es solo uno de tantos gustos fáciles de conseguir. El reto viene cuando se trata de particularizar con algunos lujos, el yate que lo lleva a navegar aguas profundas o que, sencillamente, le sirve de espacio de goce y relax.

Insertarle a los botes tecnología inimaginable y hacer posible en alta mar, el desarrollo de los hobbies que prefieren los acaudalados, ha sido un reto un tanto difícil, pero no imposible para los diseñadores de los súper yates.

A estas alturas del desarrollo de los transporte náuticos, algunos centran sus anhelos en el desembarco terrestre de las propias embarcaciones. En ese sentido, ya existe una limosina yate, o el yate limosina, no se sabe bien cuál es la diferencia, pero lo cierto es que este yate de lujo puede viajar en tierra o es una limosina que puede nadar. Su tecnología de última generación la convierte en el primer modo viable de transporte, que propina lujo, tanto en mar como en tierra.

El Eclipse es un famoso yate propiedad del multimillonario ruso Roman Abramovich, que posee dos helipuertos en su cubierta, pero su verdadera distinción es el tener un sistema de defensa antimisiles y un láser ‘antipaparazzi’. El segundo yate de lujo más caro del mundo, valorado en 800 millones de dólares, tiene 24 camarotes localizados en sus nueve pisos, además de spa, gimnasio y un pequeño submarino.

En la actualidad muchos de los hombres más ricos del mundo han incluido esta posible forma de escape en sus embarcaciones, pues en la mayoría de los casos el submarino viaja escondido en el interior del súper yate, por lo que es imposible presenciar la huida, en caso de que sea necesaria.

El magnate de la prensa y aficionado al golf Duane Hagadone es dueño de un megayate que mide 200 pies donde se puede jugar al golf, gracias a varios agujeros flotantes que son liberados en el agua creando un campo mojado de 18 hoyos.

Además de una oficina insonorizada y una suite de 3 mil pies cuadrados, el juguete flotante del también desarrollador de bienes raíces, posee un pequeño yate que acerca a la costa a los tripulantes en zonas poco profundas, además de funcionar como carrito de golf que permite recuperar las pelotas de golf flotante.

Por su parte, el magnate naviero Anto Marden y su esposa Ealine, pagaron 15 millones de libras esterlinas por una mansión flotante llamada Adastra que tiene un sistema de control remoto incorporado que funciona hasta 50 metros de distancia. La embarcación puede controlarse utilizando un iPad, y con el fin de proteger la intimidad de sus tripulantes tiene un reflector laser anti paparazzis.

Entre las excentricidades que surcan el mar, sin duda el Turanor es una de ellas, pues se erige como el yate de energía solar más grande y lujoso que navega con 8,5 toneladas. La nave puede funcionar durante tres días con sus propias baterías de iones de litio. El costo de este prototipo que desarrolla la compañía Polar Solar está cerca de los 20 millones de dólares.

Guiados por la alta demanda de los que prefieren el lujo en el mar, la industria ya ha construido yates donde se desarrolla el concepto de calles de Mónaco con hoteles de lujo en la superficie, cual réplica real del circuito prix de la ciudad casino. Otros yates que parecieran Islas Vírgenes con sus propias cascadas y volcanes también han salido al mercado con millonarios precios.

Pistas de hielo para patinar, canchas de futboll y plateas giratorias para exhibir carros de lujos resultan algunos de los juguetes que los dueños deciden incluir en sus casas de mar. Las características personalizadas de estos bienes flotantes le conceden a sus propietarios el privilegio no solo de un yate de alta gama, sino también de un objeto exclusivo y lujoso.

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