MIAMI- ¿Busca un empleo? Hay millones de posiciones vacantes en Estados Unidos, mientras las empresas intentan sortear la escasez crónica de trabajadores y la alta cifra de oportunidades abiertas por más de un año.

Resulta “fascinante” o [alucinante], después de 18 meses de sufrimiento de los consumidores estadounidenses bajo la peor escalada de precios en los últimos 50 años, que el presidente Joe Biden celebrara la merma al 8,5% de inflación luego de un soberbio 9,1% anunciado en junio.

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No existe nada que festejar con una economía que pasó de la recuperación más asombrosa y sólida -durante la pandemia- con el gobierno del expresidente Donald Trump a la recesión fomentada por la actual administración y una agenda apegada a las políticas de extrema izquierda.

El otro motivo de entusiasmo de Biden es el desempleo en 3,5%... En tiempos normales, el dato es motivo suficiente para ensalzar, como sucedió en 2019. Sin embargo, detrás de esa estadística se refugia uno de los principales problemas de la economía estadounidense: los 10,7 millones de empleos disponibles en todo el país que desde mayo del 2021 las empresas no pueden cubrir.

La cifra aumentó en marzo de este año a 11,9 millones de puestos de trabajo sin cubrir, al tiempo que el dolor de cabeza en la industria y la manufactura de Estados Unidos se arraiga como otra de las crisis crónicas establecidas por la administración de Joe Biden.

En los días finales de junio, el número se ubicó en 10,7 millones de empleos en oferta en la mayor economía mundial, según los datos de la Oficina de Estadísticas (BLS), frente a 11,3 millones a finales de mayo.

El exceso de ayudas federales entregadas el año pasado, bajo advertencias de los republicanos, contribuyó a desatar el grave problema.

Dos grandes paquetes [innecesarios] de estímulo económico, aprobados por el Congreso con una simple mayoría, se sumaron a la deuda y a la inflación en EEUU junto a los precios de la gasolina y el petróleo. Uno de 900.000 millones de dólares a finales de diciembre del 2020 y otro de 1,9 billones de dólares en marzo del 2021. Casi $3 billones en total (trillions, en inglés).

A partir de ese momento, se disparó la cifra de deserción y la oleada de desestimulo laboral. Como consecuencia inmediata: la falta de empleados, que aceleró el déficit comercial, la escasez de productos en la red minorista y un enorme atraso en varios puertos del país, en especial en California; donde los estímulos federales estuvieron entre los mayores. Una persona sin trabajar recibía entre 900 y 1.200 dólares semanales.

Desde noviembre de 2021, es la primera vez que la cifra desciende la barrera de los 11 millones de vacantes laborales y se ubica en 10,7 millones. Sin embargo, en plena crisis de oferta de empleos, la cantidad era de 10,3 millones.

El mandatario también convirtió ese descenso en un [supuesto] "triunfo" de su cuestionada política económica.

Biden hace campaña con una economía en recesión

Aupado, acariciado y justificado por los grandes medios liberales de prensa, Biden se atrevió a decir que la cifra de desempleo es un gran éxito y "el resultado de mi plan económico".

Desde que llegó a la Oficina Oval, el mandatario [deambula] por un mundo virtual frente a una realidad muy diferente, con una economía en recesión por sus erradas premisas, escasez de productos esenciales, déficit comercial récord de casi 80.000 millones de dólares en junio, deuda sobre los 30 billones de dólares (trillions), retroceso del Producto Interno Bruto (PIB) en dos trimestres consecutivos [1,6% y 0,9%], inflación de 8,5% que llegó a 9,1% en junio; el freno notable del consumo con tasas elevadas de interés, baja confianza de los consumidores... y así sigue una lista de indicadores negativos.

"Queda trabajo por hacer, pero el informe sobre el empleo muestra que logramos buenos progresos" añadió Biden, quien definitivamente anda en sentido opuesto al sufrimiento de la mayoría de los estadounidenses en los últimos 18 meses.

La administración Biden, al parecer, ha presionado a las instituciones del país encargadas de declarar la recesión tras dos contracciones del PIB en EEUU, siempre con el respaldo de la prensa liberal alineada a la agenda de extrema izquierda del actual gobierno.

En una clara campaña política y electoral, las autoridades se niegan a reconocer oficialmente [la recesión], luego de dos períodos trimestrales consecutivos en negativo del PIB. Pero el tecnicismo no borra el abrupto camino que ha transitado la mayoría de los 335 millones de estadounidenses, desde el arribo de Biden a la Casa Blanca.

El desplome de la productividad

Entre abril y junio, la productividad cayó un 2,5% en comparación con el mismo período del año pasado, según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS). Se trata de la mayor caída anual desde 1948, cuando se comenzaron a registrar los datos.

Si bien la producción aumentó 1,5%, el número de horas trabajadas se elevó hasta el 4,1%. Esto significa que, por la misma compensación salarial, los estadounidenses fueron forzados a trabajar más horas y suplir el contenido laboral de las plazas vacantes, al tiempo que el poder adquisitivo de sus ingresos se redujo considerablemente ante los altos costos de casi todos los productos de primera necesidad.

La insuficiente cantidad de empleados en las compañías reveló un déficit de puestos de trabajo que se acumulaba lentamente desde finales de la administración de George Bush y se hizo más notable en la de Barack Obama. Trump comenzaba a revertir la situación, cuando se vio obligado a dejar la Casa Blanca, después de [los controversiales] comicios que le otorgaron el triunfo al candidato demócrata y exvicepresidente, Joe Biden.

La caída en la productividad, sumada al aumento de salarios por cuenta del bajo número de empleados, generó para las empresas un incremento en el costo de mano de obra de 9,5%, el mayor en más 40 años.

La crisis de los empleos vacantes

El gobierno de Biden -frente a elecciones decisivas legislativas en noviembre- intenta disfrazar los 10,7 millones de vacantes como un logro, cuando en realidad persiste la crisis de oferta de empleos, al tiempo que las empresas supuestamente agregaron en julio 528.000 puestos de trabajo.

La creación de empleos en mayo y junio también fue presuntamente superior a lo anunciado, con 386.000 y 398.000 puestos respectivamente, 28.000 tras una revisión alza, según las cifras ofrecidas por el gobierno.

El desempleo en 3,5% es prácticamente la única bandera económico-política de la administración Biden para encubrir su desacertada plataforma.

El mayor problema ahora en EEUU [no es el desempleo], sino los millones de plazas laborales disponibles, dato que debe aumentar en agosto de acuerdo con las elevadas cifras que ha dado el gobierno sobre la creación de trabajo.

Las empresas en busca de contrataciones desesperadas pusieron sobre la mesa opciones y beneficios que prácticamente habían desaparecido durante la administración Obama y la crisis económica que dejó por resolver Bush.

Los trabajadores ahora obtienen por lo tanto mejores condiciones salariales en algunos estados, pero los empleadores también exigen más tiempo de trabajo y mayor rendimiento por mejoras en sus seguros de salud o retiro y frente a la crisis de posiciones abiertas. Todos esos presuntos beneficios se han dilapidado con la inflación récord de 9,1% en junio y de 8,5% en julio, durante una espiral de año y medio bajo un altísimo costo de vida.

El gasto de las familias y la deserción laboral

En junio, se registraron 4,2 millones de dimisiones laborales, un nivel que sigue cercano al récord histórico de noviembre de 2021, cuando alcanzó los 4,5 millones.

Por el contrario, el número de despidos es muy bajo: 1,3 millones en junio, frente a 1,7-1,9 millones antes de la pandemia.

Entre el 2021 y lo que va del 2022, cada familia estadounidense gasta casi 1.000 dólares mensuales [adicionales] en comparación con años anteriores a la pandemia del coronavirus.

Las cifras de desempleo también esconden otra crisis: los empleados a tiempo parcial, que necesitan dos empleos para poder pagar sus cuentas básicas. Finalmente, laboran como promedio entre 12 y 14 horas al día para ganar lo mismo que un contratado a tiempo completo por 8 horas diarias, que en muchos casos tampoco cubre los gastos. Sin embargo, las estadísticas lo recogen como la creación de dos puestos de trabajo.

A pesar de la subida del salario mínimo obligatorio en 2021 en 7 estados del país, con el mayor aumento en California de 15 dólares por hora, la inflación ha devorado cualquier ventaja en los ingresos de la mayoría de los empleados.

Más del 80% del sueldo de un trabajador promedio en EEUU -que gana anualmente entre 30.000 dólares y 40.000 dólares- se evapora entre renta o hipoteca y gastos imprescindibles como electricidad, alimentos, seguros y otros.

Por su parte, la falta de mano de obra ha alimentado la escasez junto a la dependencia de EEUU de la cadena de suministros y las medidas impuestas por la administración Biden contra la industria estadounidense del petróleo, que provocó la espiral de precios en la gasolina y el desfalco del bolsillo de los consumidores.

En las últimas semanas, el costo por cada galón regular ha descendido como consecuencia del débil consumo (-11% promedio) registrado en junio y julio, frente a la asfixia financiera de millones de estadounidenses. Sin embargo, Biden celebra sus supuestos triunfos económicos.

lmorales@diariolasamericas.com

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¿La emigración interna en EEUU ha impulsado el aumento de precios? 30.83%
¿Los gobiernos locales deben ofrecer alternativas asequibles ante el alza de precios de alquileres? 35.64%
¿Las personas jubiladas deben recibir algún tipo de asistencia para poder enfrentar esos precios? 33.53%
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