MIAMI- La tempestad económica creada por la crisis de coronavirus y los gastos extraordinarios de la administración de Joe Biden se agrava a medida que avanzan los días para finalizar el 2021.

Ante un tsunami de altos precios, desabastecimiento y desaceleración económica, por citar algunos obstáculos, la secretaria del Tesoro Janet Yellen y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, fueron obligados a testificar ante el Senado en Washington.

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Desde el primer día de gobierno de Biden, ambos utilizaron la misma brújula que los adentró en una gran tormenta marítima y los alejó de tierra firme. Así navegaron durante 10 meses hasta que un 6,2% de inflación les obligó a arriar las velas para tratar de impedir que el barco zozobrara.

Yellen, aliada fiel y miembro del gabinete del expresidente Barack Obama, reiteró en múltiples ocasiones que la inflación sería “temporal” además de defender los paquetes de estímulo económico propuestos por el titular de la Casa Blanca en el 2021, muy criticados por economistas, legisladores, senadores republicanos y demócratas moderados.

La recesión

En el vórtice de una recesión económica que no termina y que los medios de comunicación liberales se niegan incluso a nombrarla y una deuda que brincará los 30 billones de dólares, Biden se vio forzado a reducir su proyecto de ley social de 3,5 billones de dólares a 1,87 billones, que ya fue aprobado en la Cámara de Representantes junto al de infraestructura de 1,2 billones (convertido en Ley de Infraestructura tras recibir el voto de beneficio en ambas Cámaras).

Con la renuencia de los republicanos y de un grupo de senadores demócratas moderados, el plan de gastos sociales de Joe Biden, supeditado a la extrema izquierda de Bernie Sanders y los mal llamados “progresistas” (radicales socialistas), transita un camino escabroso en el Senado dividido 50-50 y sólo con el voto de diferencia de la vicepresidenta Kamala Harris.

Pero si alguna cualidad envidiable tiene la izquierda es que, con el respaldo de grades medios de comunicación, saben confundir y luego rematar la capacidad de análisis de sus seguidores y no seguidores para hacer creer que tienen las mejores soluciones, cuando en realidad ocurre todo lo contrario. Sin embargo, lo que importa es convencer para que finalmente se aprueben sus propuestas.

El nuevo pánico que ya comenzaron a infundir los medios de prensa en el mundo y por supuesto en Estados Unidos (EEUU) sobre la variante ómicron del coronavirus puede convertirse en la mejor arma o [justificación] para la extrema izquierda en su anhelo de pasar en el Senado el proyecto de ley social que por décadas ha buscado el ala radical del Partido Demócrata y que ha visto en este gobierno la mejor oportunidad para lograrlo.

Las graves consecuencias económicas que implica el plan parecen importar muy poco o casi nada.

La "alta Inflación persistente"

El presidente del Banco Central y la titular del Tesoro tuvieron finalmente que reconocer hace días que [la alta inflación será persistente] y no “temporal” como se cansaron de afirmar. Incluso, Powell acaba de argumentar que no está seguro de que la inflación, la peor en 30 años, bajará en el 2022. Según analistas, es muy probable que se mantenga elevada o suba aún más.

Después de su fiasco en predicciones económicas para el 2021, el presidente de la Reserva Federal -confirmado por Biden otros cuatro años en el cargo- deja sus palabras en una nebulosa, en la misma que se encuentra el mandatario estadounidense quien más que solucionar, incrementa las crisis y los problemas para EEUU, con el mayor despilfarro en la historia del país de los fondos de los contribuyentes.

Las medidas de la Casa Blanca contra la industria del petróleo fueron el principal detonante de la actual crisis de los precios de los combustibles en EEUU al cerrar oleoductos, imponer restricciones y revertir la independencia energética lograda en el 2019 por la administración Trump. De ese [consciente error] y el incremento mundial del consumo se aprovechó la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP y OPEP+), que llevó el valor del barril a más de 80 dólares hasta el descubrimiento en Sudáfrica de la nueva variante de coronavirus ómicron.

Varios países de Europa y Asia iniciaron el cierre de sus fronteras a países africanos y otras naciones donde se ha detectado la nueva cepa del coronavirus, lo único que ha provocado la caída de los precios internacionales del crudo y no la liberación de 50 millones de barriles de la reserva estadounidense que ordenó Biden y que representan menos de [tres días] del consumo nacional. EEUU gasta 21 millones de barriles de petróleo diariamente.

Ahora la nueva variante se encuentra también en EEUU y genera mayor incertidumbre acerca de las decisiones de la administración Biden, cuyo respaldo en las encuestas es el más bajo en la historia.

El exceso de liquidez

El otro problema creado por Washington en el 2021 fue la continuidad de las bondadosas ayudas federales, que al principio de la pandemia en el 2020 ayudaron a la mayoría de las familias y empresas estadounidense a sobrevivir la tragedia sanitario- económica, pero que después desestimularon la búsqueda de empleos y frenaron la recuperación. Hoy persisten 10.4 millones de puestos de trabajo vacantes que han impactado la producción de bienes, unido a la escasez de materias primas y los mandatos obligatorios de vacunación con decenas de miles de [despidos involuntarios].

La cantidad de liquidez en manos de los estadounidenses y en las reservas bancarias sobrepasó los 6 billones de dólares entre el 2020 y a menos de un mes de concluir el 2021, según datos de la Reserva Federal. Se estima que el 22% del circulante actual en el país se imprimió a mediados del año pasado, el mayor suministro de dinero desde que se creó la moneda norteamericana. Este dato agrava la crisis de inflación.

A los tres paquetes de estímulo económico utilizados en el 2020 para paliar los efectos de la pandemia del COVID-19, se sumó otro de 1,9 billones impulsado por los demócratas y que analistas y republicanos catalogaron de “dañino, absurdo y totalmente innecesario”. Las consecuencias, las sufrimos hoy.

La alarmante deuda pública de EEUU

De aprobarse los 1.87 billones de la propuesta social de Biden y la extrema izquierda, la deuda pública rebasaría ampliamente los $30 billones y concede más dependencia de EEUU a los designios de China, quien controla junto a Japón la mayor parte de la deuda estadounidense.

China utiliza los bonos del Tesoro como su principal arma comercial y política contra Norteamérica. La excesiva deuda, excepto que se apliquen medidas regulatorias especiales por parte del sistema financiero de EEUU, pone en peligrosa inestabilidad el valor del dólar y de sus productos de exportación, cuando ya existe un déficit comercial promedio de más de 70.000 millones de dólares mensualmente y que en octubre llegó a los $80.000 millones (cifra récord).

Powell anunció la retirada de estímulos federales al sistema financiero de EEUU mucho más rápido de lo previsto y con él la inminente subida de las tasas de interés… lo que frenaría las inversiones, la compraventa de propiedades y desacelera aún más la recuperación económica. Esta combinación es extremadamente desfavorable para retomar la sólida recuperación económica que comenzó desde finales de julio del año pasado por las efectivas medidas del gobierno de Trump y que desarticuló Biden con decenas de órdenes ejecutivas.

Un mayor desastre en camino

La altamente costosa e inoportuna propuesta de Biden y de la extrema izquierda destina 320.000 millones de dólares a subsidios fiscales para vehículos eléctricos, energía solar y turbinas eólicas; $7.500 millones sólo para estaciones de recarga eléctrica automotriz.

El plan incluye otros $555.000 millones de incentivos fiscales a la llamada energía limpia (eléctrica, solar, eólica y atómica). Prevé $400,000 millones para la educación gratuita de niños de entre 3 y 4 años, los dos años previos de ingreso a la escuela primaria; y $200,000 millones en un año adicional de créditos fiscales para las familias de menores ingresos con hijos. Los menores de 5 años recibirán por otro año mensualidades de 300 dólares y los mayores a esa edad hasta 17 años, 250 dólares.

El proyecto de ley deja la puerta abierta a $100.000 millones para inmigración.

A grandes rasgos, en eso consiste la mayor parte del alarmante plan de gastos del presidente y los radicales socialistas en EEUU. La financiación, también puesta en duda por expertos, se basa en la imposición de una tasa del 15% para las grandes empresas, dentro del acuerdo global de un impuesto mínimo internacional a las multinacionales, pero también un aumento a las pequeñas y medianas empresas mediante la medida nombrada reconciliación demócrata, que excluye totalmente al Partido Republicano.

La congresista republicana por Florida, María Elvira Salazar junto a otros legisladores y senadores cubanoamericanos han definido este proyecto de [socialista].

“Todo es una mentira de que esta ley no costará. Por supuesto que les costará a todos los contribuyentes. El gobierno no produce nada, son los ciudadanos quienes producen. No se equivoque: los impuestos van hacia arriba, el suyo y el de su negocio”, dijo Elvira Salazar.

“Que esto es un proyecto de ley que se aprobó en la Cámara Baja de forma bipartidista, [otra gran mentira]. Es un proyecto de ley que impusieron los demócratas y radicales de izquierda a los republicanos y a todos los estadounidenses. Será una bancarrota económica, porque la inflación seguirá hacia adelante y frenará el crecimiento de EEUU. Esto [es un desastre y no es una ayuda tampoco]. En el 2020, el gobierno asignó 6 billones a la economía por el impacto de la pandemia. Esto [es socialismo]; más impuestos, menos desarrollo y más control del gobierno”, concluyó la congresista.

lmorales@diariolasamericas.com

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