El desinterés mostrado por la Casa Blanca levantó contundentes críticas entre los estadounidenses, pobladores y legisladores republicanos.
Sin embargo, a su llegada a Kiev y durante su encuentro con el presidente Volodimir Zelenski, Biden reafirmó el firme compromiso de la Casa Blanca con Ucrania.
El total de dinero de los contribuyentes estadounidenses para la guerra en esa nación sobrepasa los 130.000 millones de dólares en apenas 12 meses, al tiempo que se anunciaban 6.000 millones de dólares a gobiernos extranjeros y organizaciones no gubernamentales en la lucha contra la hipótesis de cambio climático. Además de otros 400 millones de dólares solo en municiones para el ejército ucraniano.
Acciones de Trump y críticas a Joe Biden
A diferencia de la respuesta de Biden, el expresidente Donald Trump acudió al lugar y dialogó con funcionarios, policías y rescatistas, y se preocupó por la situación de los residentes y los daños. Pero no viajó solo. Horas antes, y [pagado todo de su bolsillo], se descargó en la zona de desastre una caravana de camiones con alimentos no perecederos, agua potable, productos higiénicos y medicamentos de primera necesidad, entre otros.
Trump y un nutrido grupo de republicanos multiplicaron sus críticas al gobierno de Biden por su manejo del siniestro ocurrido el 3 de febrero y el viaje sorpresa del inquilino de la Casa Blanca a Ucrania y Polonia, por encima de la desgracia de los residentes en East Palestine y otros poblados cercanos.
“Hay gente en Ohio que necesita ayuda desesperadamente”, indicó Trump. “Son gente extraordinaria y los abandonaron”, reiteró en una entrevista con Real America’s Voice.
La pregunta que se hicieron millones de personas en las redes sociales es dónde estaban ahora Green Peace, los asesores ecologistas de Biden y Obama, la holywoodense Greta Thumberg, los demócratas verdes y los medios de prensa de izquierda que anuncian de forma incisiva desde hace años una “inminente hecatombe ecológica”.
Los residentes abandonados de East Palestine ratificaron la hipocresía de organizaciones, grupos y del actual gobierno sobre el interés real por proteger el medio ambiente; como ha manifestado en reiteradas ocasiones el cofundador y expresidente de Green Peace, Patrick Moore.
"El calentamiento global es la mayor estafa de la historia (…) la catástrofe climática es estrictamente una campaña de miedo que se ha apoderado del mundo científico”, mientras asegura que “está impulsada por científicos corruptos enganchados a subvenciones gubernamentales".
Mientras, se ha convertido en un arma de manipulación, fundamentalmente de los políticos “progresistas” de izquierda, para controlar la mente de los electores y que los vean como “salvadores del planeta”.
La hipocresía de la izquierda y de los ambientalistas
Ohio demostró la incongruencia de los denominados "grupos verdes" o ambientalistas junto a sus padrinos de propaganda: los gobiernos de izquierda, los promotores del pánico a nivel internacional, lo que explica en gran medida la complicidad de silencio y la minimización de la magnitud del desastre bajo el gobierno de Biden.
¿Qué hubiera ocurrido si en vez de Biden, en la Presidencia hubiese estado Trump? Todo hubiera sido muy diferente: Protestas en defensa de las víctimas del desastre, enérgica condena a su gabinete por sus ideas “anticlimáticas”, caravanas de ayuda colectadas por Organizaciones No Gubernamentales (ONG), los grandes medios despotricando del conservadurismo pragmático contra el aire que respiramos y el agua que bebemos, y así una extensa cadena de críticas y acciones. Pero ahora no… es Biden, con la misma agenda “ecologista” de Barack Obama y el estribillo trillado de una élite que se enriquece y embauca a millones de personas y donantes, sobre todo donantes, para “salvar al planeta frente al cambio climático”.
El cloruro de vinilo es un gas incoloro que se utiliza en una diversidad de productos plásticos y materiales de embalaje. Cuando se quema puede crear fosgeno, una sustancia altamente tóxica utilizada como arma química en la Primera Guerra Mundial.
Las autoridades tomaron la decisión de incendiar vagones y gran parte del químico derramado y elevarlo a la atmósfera, después de alegar que recogerlo aumentaba los riesgos de una mayor contaminación y una gran explosión.
La compañía ferroviaria Norfolk Southern, propietaria del tren descarrilado, advirtió que la operación liberaría vapores "mortales si se inhalan", confirmando el grave peligro y las consecuencias de la tragedia.
Desastre ecológico en más de 15 millas
Una gigantesca nube negra de varias millas cuadradas y un hedor intenso se posó sobre la zona del incidente, cerca de los límites con Pennsylvania.
Además del cloruro de vinilo, al menos otras tres sustancias —acrilato de butilo, acrilato de etilhexilo y éter monobutílico de etilenglicol— se liberaron en el aire, el suelo y el agua, según una carta de la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA) que notificó al operador ferroviario Norfolk Southern, sobre su responsabilidad por los costos de limpieza.
El Departamento de Recursos Naturales de Ohio estima que el derrame afectó unas 7 millas cuadradas y mató más de 43.000 animales. Pero la magnitud real del desastre es mucho mayor, según confirmaron expertos independientes y residentes
Una mancha de contaminantes que incluyó acrilato de butilo se formó en el río Ohio, días después del descarrilamiento.
Desde el primer momento se comenzaron a ver miles de peces muertos en la zona, y se cree que la relación sea directa con el derramamiento de los químicos.
La cifra oficial dada por los funcionarios es de casi 40.000 peces pequeños muertos y unas 6.000 otras especies que incluyen otro tipo de peces, cangrejos de río y anfibios.
El bufete de abogados Murray & Murray interpuso una demanda contra Norforlk Sur en la que afirma que han muerto animales en un diámetro de unas 15 millas a causa de los químicos vertidos por el descarrilamiento, y no 7 millas como se nombra en un informe de las autoridades.
Las posibles causas
El accidente, aparentemente, ocurrió por un problema mecánico con el eje de un vagón, pero las causas reales se investigan.
Los descarrilamientos han aumentado en los últimos años en EEUU, al igual que el total de accidentes o incidentes relacionados con la seguridad ferroviaria, luego de que casi un tercio de su fuerza laboral ha sido despedida.
Los senadores Marco Rubio (republicano por Florida) y JD Vance (republicano por Ohio) exigieron una respuesta más efectiva del gobierno federal.
"No es irrazonable preguntar si una cuadrilla de dos trabajadores ferroviarios, más un aprendiz, pueden monitorear con efectividad 150 vagones”, se cuestionaron los senadores en una misiva al Departamento de Transporte.
Un detector de fallas en el camino alertó a la tripulación sobre un problema mecánico “poco antes del descarrilamiento” y se inició el frenado de emergencia, dijo un miembro de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB).
El video de seguridad de dos negocios en Salem, Ohio, muestra la parte inferior de un vagón que brilla con intensidad sobre un eje que parece arder, lo cual indica que el tren pudo haber recorrido más de 20 millas con la falla antes de descarrilarse, informó el Pittsburgh Post-Gazette. La NTSB dice que también revisa ese video.
Las revelaciones de expertos
Pero más alarmante aún es el estudio de analistas, cuyos resultados indican que la frecuencia de este tipo de accidentes en EEUU es “sorprendente”, porque ocurren cada dos días, según un informe de “The Guardian”.
“Lo que sucedió en East Palestine es algo habitual en las comunidades que viven cerca de las plantas químicas”, dijo Mathy Stanislaus, exasistente de la Oficina de Administración de la Tierra y Gestión de Emergencias de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés).
Datos recopilados por la EPA y otros grupos sin fines de lucro que rastrean accidentes químicos, incluyendo descarrilamientos de trenes, choques de camiones, rupturas de tuberías o fugas y derrames industriales, suceden frecuentemente en todo EEUU, la mayoría se registran en Texas, seguido por Louisiana y California.
A esta afirmación se suma la Coalición para Prevenir Desastres Químicos de EEUU, que estima unos 150 incidentes graves e incendios originados por productos químicos, explosiones y emisiones tóxicas que ponen en riesgo la vida de millones de personas.
Varios accidentes ferroviarios más se suscitaron en los dos primeros meses de este año en diferentes estados. Tres en Carolina del Sur: cerca de Lake City el 9 de enero, de Loris el 21 de enero y otro contiguo a Enoree el 12 de febrero. Dos en la zona rural de California; uno en el área metropolitana de Detroit y Filadelfia, y otros en Alabama, Alaska, Louisiana y Texas.
El 19 de enero se informa del descarrilamiento de otro tren con 97 vagones, también en Ohio, entre Trinway y Adam’s Mill, pero por suerte los depósitos se encontraban vacíos.
El 16 de febrero un tren que transportaba materiales peligrosos se descarrila en Van Buren Township, Michigan. Ese mismo día ocurre un incendio en un almacén de materiales y productos plásticos en Kissimmee, Florida.
El 21 de febrero se sale de la vía férrea un tren en Nebraska y en igual fecha ocurre una explosión en una fábrica en Brooklyn, Nueva York, junto a un gran incendio en un almacén en Medley, condado Miami-Dade (sur de Florida).
El 28 de febrero, un tren que trasladaba dos vagones de propano (unos 60.000 galones) se descarrila en el condado de Manatee, Florida y el 1ro de marzo se desata un gran incendio en la planta de fabricación de metales en Cleveland, Ohio, al tiempo que una explosión se reportaba en Buffalo, estado de Nueva York.
El tren de carga operado por la compañía Seminole Gulf Railway se descarriló en una zona industrial cerca del Aeropuerto Internacional de Sarasota-Bradenton, a unas 52 millas al sur de Tampa. De los seis vagones que se volcaron, cinco contenían planchas de durock (material de construcción), señalaron las autoridades.
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