MIAMI- El incremento del límite de la deuda pública de Estados Unidos (EEUU) es ahora el mayor desafío que enfrenta la administración de Joe Biden para que el gobierno no cierre.

El otro gran escollo es la aprobación del presupuesto de más de 5 billones de dólares presentado por los demócratas más radicales y el presidente Biden.

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El Congreso de EEUU (Cámara de Representantes y Senado) adoptó este jueves “in extremis” una extensión presupuestal que evita la parálisis de los servicios públicos federales.

Por 254 votos a 175, la Cámara de Representantes aprobó una ley enviada por el Senado que prolonga el actual presupuesto hasta el 3 de diciembre, con la firma del mandatario estadounidense.

El Senado de EEUU aprobó primeramente el texto mediante un acuerdo con los republicanos.

El líder de la mayoría Demócrata en el Senado, Chuck Schumer, dijo en la madrugada del jueves 30 de septiembre que los republicanos aceptaron votar por separado el techo de la deuda, algo que estaba incluido en el mismo proyecto fiscal.

La propuesta de 3,5 billones de dólares del Presidente, rechazada por los republicanos y por varios demócratas moderados en la Cámara de Representantes y en el Senado, depende ahora de la astucia negociadora de Biden y de los líderes de la izquierda Nancy Pelosi y Chuck Schumer.

El plan es financiar el proyecto de la Casa Blanca con un incremento sustancial e histórico de impuestos a quienes ganan más de 400.000 dólares anuales (27% en impuestos) y un alza mayor para los que superen el millón de dólares por año, además de otro rango para las corporaciones con dividendos superiores a los cinco millones de dólares que tendrían que pagar gravámenes entre un 36,9% y 42%.

Califican el plan Biden como un proyecto socialista

Algunos republicanos han tildado el plan Biden como un "gran socialismo gubernamental", mientras que el senador demócrata por Virginia Occidental, Joe Manchin, dijo sobre el plan de 3,5 billones de dólares que "semejante gasto público en momentos de alta inflación y enorme deuda es la definición de [una locura fiscal]”.

Manchin anunció que votaría solamente por un proyecto de gastos sociales de 1,5 billones de dólares, muy por debajo de la propuesta de $3,5 billones de Biden.

Las crisis se multiplican en el gobierno de Biden: Afganistán, el conflicto diplomático con Francia, la desbordada inmigración ilegal y el caos en la frontera sur, la deuda récord, la inflación y los altos precios en espiral, divisiones dentro del Partido Demócrata, la pandemia y hasta ahora las fallidas negociaciones para completar su plan general de presupuesto.

La secretaria del Tesoro, Janet Yellen, firme aliada del presidente Biden y del expresidente Barack Obama, dijo que el 18 de octubre el gobierno dejaría de tener fondos disponibles para sus operaciones y servicios públicos. Con el reciente consenso, el plazo de la actividad federal se extiende hasta diciembre.

Los cierres de gobiernos

La última vez que cerró el Gobierno fue en 2018, a raíz de una disputa entre el entonces presidente Donald Trump y los demócratas del Congreso sobre los fondos para construir el muro de la frontera de Estados Unidos con México. El cierre resultó en un lapso récord de 35 días y se extendió hasta enero del 2019.

Trump también firmó la Ley de Trato Justo para Empleados del Gobierno, que garantiza que los trabajadores federales, esenciales y no esenciales, recibirán el pago perdido por cualquier cierre gubernamental. Por eso, se cree que los republicanos aceptaron la ampliación de fondos contra la paralización, pero no votarán por el aumento de la deuda de EEUU.

Yellen es partidaria junto a Biden de continuar con las ayudas federales y el gasto excesivo en protecciones sociales hasta que la pandemia termine, un pronóstico indeterminado.

Economistas conservadores e incluso liberales coinciden en que la propuesta del Presidente es sumamente costosa y desfavorable en la situación económica actual, con un déficit comercial que supera los $80.000 millones mensuales; casi 10 millones de puestos de trabajo sin cubrir, desabastecimiento de materias primas, caída de la producción nacional de bienes y otros obstáculos.

Los demócratas radicales ("progresistas") exigen más gastos

Los más radicales -liderados por Bernie Sanders y Nancy Pelosi- quieren una mayor suma de dinero para beneficios sociales, incluso ven insuficiente la sugerencia de Joe Biden. También buscan la yuxtaposición del plan de infraestructura de 1,2 billones de dólares al de $3,5 billones para su aprobación definitiva, algo con lo cual algunos demócratas tampoco están de acuerdo.

Las amenazas de un “default” y “shutdown” se utilizan en casi todos los mandatos de la Casa Blanca para presionar por políticas económicas y objetivos presidenciales. El expresidente Donald Trump logró acuerdos bipartidistas para no subir el techo de la deuda. Barack Obama por su parte obtuvo respaldo para incrementar el límite crediticio varias veces y ahora Biden intenta lo mismo.

Desde los años de 1960 el problema es recurrente: el tope de endeudamiento ha sido aumentado o frenado en unas 80 ocasiones. Solo durante el mandato de Trump (2017-2021) fue suspendido tres veces por el Congreso.

Los demócratas quieren los sufragios republicanos, pero están listos para votar el aumento del límite de la deuda mediante un procedimiento que les permite pasar sus proyectos de ley con su estrecha mayoría en el Congreso.

La subida del límite de la deuda es un problema al que se le echa combustible cada vez que el Congreso agranda el margen de operaciones y con un monto ya catastrófico.

Altos intereses de una deuda que corroe a EEUU

EEUU paga anualmente más de 660.000 millones de dólares en intereses. Esta vez, la deuda pasaría de los $30 billones, si se aprueba el proyecto de ley de presupuesto de Biden que finalmente superaría los 5 billones de dólares, un significativo desembolso al sector social, educativo, de infraestructura y salud que la izquierda considera prioritarios, pero que los republicanos lo califican de irracional porque frena la recuperación económica en medio de la recesión causada por la pandemia.

Esta es una de las principales dificultades que enfrenta la Casa Blanca para convencer a legisladores demócratas de centro, republicanos y a la opinión pública acerca de las supuestas bondades de una amplia gama de iniciativas empaquetadas bajo la consiga imprecisa de “Reconstruir Mejor”.

Biden dijo que EEUU "está en un punto de inflexión, donde las decisiones que se toman pueden cambiar la trayectoria del país en los próximos años o décadas". Y es exactamente ese el propósito de la actual administración, pero aún lejos de contar con un apoyo bipartidista.

El destino político de Biden y los demócratas en juego

El líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, ha utilizado la cota de la deuda para protestar contra los planes de gastos del presidente Joe Biden, que insiste en invertir billones de dólares en programas sociales, en financiar instituciones y organizaciones internacionales y en el medio ambiente.

McConnell sostiene que los demócratas deberán subir el techo de la deuda sin apoyo republicano, pero el ala izquierda conoce las implicaciones políticas a las que se enfrentan, cuando en el 2022 hay elecciones legislativas cruciales para ambos partidos.

Para aprobar la medida, necesitarán todos los votos en un Senado dividido por la mitad a 50-50, y todos menos tres de los votos que tienen en la Cámara de Representantes. Ante una aritmética tan apretada, las reacciones internas dentro del Partido Demócrata provocarían que la prioridad legislativa de Joe Biden quede reducida a cenizas.

Las próximas semanas serán decisivas para los objetivos demócratas y el futuro político inmediato de la Casa Blanca, que se empeña en cambiar el rumbo de la nación al estilo liberal y muy poco pragmático.

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