MIAMI- Más allá de las tradicionales batallas políticas en el Congreso para aumentar o mantener el techo de la deuda y los presupuestos anuales, ahora hay muchas cosas en juego para los estadounidenses.

El jueves, los demócratas aceptaron la propuesta republicana de extender la deuda hasta diciembre con una cifra previamente establecida y fija.

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El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, expuso su punto de vista.

“Esto hará que las excusas demócratas sobre la falta de tiempo que ellos mismos crearon sean irrelevantes y le dará al gobierno demócrata tiempo más que suficiente para aprobar una iniciativa independiente al límite de deuda mediante la reconciliación”, declaró.

La extrema izquierda y sus exigencias

El ala radical de la izquierda -que ha presionado al Partido Demócrata con mayor intensidad en los últimos 10 años- comentó:

“Básicamente, me alegra que Mitch McConnell finalmente haya visto la luz”, indicó Bernie Sanders, el autodenominado socialista por Vermont. Los republicanos “finalmente han hecho lo correcto y al menos por ahora tenemos otro par de meses para encontrar una solución permanente”.

Por su parte, el senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut, añadió que “durante los próximos tres meses seguiremos dejando claro que estamos listos para votar para pagar nuestras cuentas, y los republicanos no lo están”.

Ninguna de las tácticas empleadas por los demócratas y el presidente Joe Biden ha funcionado en el Congreso hasta el momento como ellos esperaban en dos temas centrales para la actual administración, envuelta en otra crisis también creada por la Casa Blanca. La deuda pública del país se encuentra en los 28 billones de dólares.

Una solución temporal

El miércoles 6 de octubre, los senadores republicanos –liderados por McConnell- ofrecieron a los demócratas una propuesta de emergencia para salir del atolladero en el Congreso hasta diciembre por la extensión del límite de deuda de Estados Unidos (EEUU) y evitar un “default” o impago de compromisos financieros.

"Para proteger al pueblo estadounidense de una crisis a corto plazo [creada por los demócratas], permitiremos que ellos utilicen los procedimientos normales para aprobar una extensión del límite de deuda de emergencia a un monto fijo en dólares para cubrir los niveles de gasto actuales hasta diciembre", dijo McConnell.

La medida entrega tiempo a los demócratas para aprobar una solución antes de fin de año. Sin embargo, rechazan la sugerencia llamada “reconciliación” en la que tendrían que emplear solo los votos de la izquierda, que comprende muy bien las implicaciones políticas de defender sin respaldo bipartidista la sustancial deuda que enfrenta EEUU, a poco más de un año de las legislativas del 2022.

La visible ansiedad de la izquierda

Ante el bloqueo en el Congreso, Biden intensificó la presión sobre legisladores, se reunió con ejecutivos de los bancos JPMorgan Chase, Citi y Bank of America, de Wall Street y de grandes empresas como Intel y Raytheon para discutir "la necesidad de que el Congreso actuara con apoyo bipartidista".

La presidenta del Nasdaq, Adena Friedman, consideró que los mercados reaccionarían "de forma muy negativa" a una moratoria, que pondría en peligro los ahorros y planes de retiro de millones de estadounidenses.

El tope de gasto, según la secretaria del Tesoro Janet Yellen, sería alcanzado el 18 de octubre y habría problemas de liquidez antes del 2 de noviembre. Con el nuevo convenio, el problema se extiende hasta diciembre.

Biden se encuentra entre varias crisis (inmigración, salida abrupta de Afganistán, desabastecimiento, inflación, deuda) y una encrucijada tejida por el ala más radical del Partido Demócrata conducida por Bernie Sanders, con quien tuvieron que pactar finalmente antes de las elecciones del 3 de noviembre. Ahora el autodefinido socialista, Sanders, dirige el Comité de Presupuesto en el Senado, algo impensable años atrás.

Peligroso pacto con los extremistas

La coalición interna le ha traído serios problemas al gobierno demócrata y sectores moderados de la izquierda avizoran más dificultades políticas y económicas en el futuro cercano, debido a las exigencias de los extremistas (progresistas) de izquierda.

Analistas y algunos sondeos sobre las elecciones legislativas en noviembre del 2022 dan ventaja a los republicanos para lograr la mayoría en ambas Cámaras del Congreso, lo que explica el desasosiego de la extrema izquierda para aprobar proyectos sociales, calificados por conservadores y economistas de “irracionales e irresponsables” en plena recesión causada por la pandemia de COVID-19.

La presión es tan fuerte que el martes 5 de octubre, Biden salió hacia un centro sindical de capacitación en Howell, Michigan, para defender su plan de gastos, bajo las fricciones dentro de su partido.

Un grupo de demócratas moderados se oponen a la controversial propuesta de 3,5 billones de dólares para el clima, salud, educación y cuidado infantil, entre otros asuntos de índole social que impulsan Bernie Sanders, Alexandria Ocasio- Cortez, Ilhan Abdullahi Omar y Nancy Pelosi, entre otros.

La insólita escena de acoso por parte de activistas de la organización de extrema izquierda "Living United for Change" en un baño en la Universidad Estatal de Arizona a la senadora demócrata, Kyrsten Sinema, evidencia el nivel de exasperación.

Las amenazas de un “default” y “shutdown” se utilizan en casi todos los mandatos de la Casa Blanca para presionar por políticas económicas y objetivos presidenciales. El expresidente Donald Trump logró acuerdos bipartidistas para no subir el techo de la deuda. Barack Obama por su parte obtuvo respaldo para incrementar el límite crediticio varias veces, al igual que presidentes anteriores y ahora Biden intenta lo mismo.

Desde la década de 1960, el tope de endeudamiento se ha aumentado o frenado en 80 ocasiones. Solo durante el mandato de Trump (2017-2021) fue suspendido tres veces por el Congreso.

Entre la incertidumbre

Con una inflación del 4,3 interanual, precios desorbitantes en productos esenciales de consumo, combustible y materias primas y un déficit comercial que se mantiene sobre los 70.000 millones de dólares mensuales, la economía estadounidense navega en la incertidumbre, agudizada por una administración que intenta cumplir su agenda de coalición con la extrema izquierda.

Al sumar el desabastecimiento y que gran parte de las empresas no pueden cubrir los puestos vacantes de trabajo (casi 10 millones) debido a las exuberantes ayudas federales desde el inicio de la pandemia, la situación se torna más compleja.

A nueve meses de la llegada al poder de Joe Biden, los demócratas asumen un panorama poco halagüeño. En primer lugar, un gasto presupuestario federal sin precedentes, gracias al costo extra de las crisis nacidas con la administración Biden, sin tomar en cuenta las políticas.

En lo que va de año, el déficit de bienes y servicios se disparó un 33,7% al ralentizarse la recuperación económica que comenzó en julio del 2020 durante el gobierno del expresidente Donald Trump.

En agosto, los estadounidenses pagaron altísimos precios por los productos básicos de consumo que siguieron su ascenso por la baja producción, desabastecimiento y, por consiguiente, un alza de la inflación.

El precio del combustible se ha duplicado tras la cancelación de contratos a petroleras canadienses y el incremento de restricciones a la extracción y procesamiento de crudo con la política sobre el cambio climático. El precio del petróleo roza ya los 80 dólares el barril.

El camino de EEUU

El déficit comercial en septiembre ascendió a 73.300 millones de dólares, un aumento del 4,2% respecto a igual período del 2020. Las importaciones aumentaron un 1,4%, hasta 287.000 millones de dólares, y las exportaciones apenas se levantaron un 0,5%, hasta 213.700 millones.

Por zonas geográficas y sólo para las mercancías, el déficit aumentó un 39,6% con China y un 48% con Canadá.

De aprobarse el plan presupuestario de Biden que sería mayor a los 5 billones de dólares, la deuda superaría los 33 billones de dólares, cifra que pone contra la pared a los contribuyentes estadounidenses, a las futuras generaciones y les clava un puñal a las pequeñas, medianas y grandes empresas con el mayor aumento de impuestos desde 1968 (entre 27% y el 42%).

Más allá de la tradicional guerra política en Washington, ahora hay demasiadas implicaciones sobre la mesa. Lo más claro entre cualquier debate y definición debería ser que las soluciones no están del lado de regalar para controlar y empobrecer, al estilo socialista. Ahogar las fuentes de ingreso, empleo y riquezas nacionales nunca será un camino recomendable para EEUU.

lmorales@diariolasamericas.com

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