En la disputa por las gobernaciones, 20 republicanos habían obtenido la administración estatal, mientras 28 demócratas aseguraban ese cargo.
Triunfo demoledor
Los datos dan fe de una victoria contundente e histórica de los demócratas en un ambiente marcado por el descontento hasta cierto punto -incomprensible- con la guerra necesaria contra el régimen terrorista iraní y la oposición de la izquierda a las políticas de inmigración de la administración Trump, más que la inflación que registra un 3,7%. Esta cifra está lejos de ser la causa principal si se compara con el 9,1% bajo el gobierno de Joe Biden.
No obstante, gran parte de los estadounidenses parece haber votado contra la asfixia financiera durante seis años, porque el alivio en 2025 del precio de la gasolina no pasó de febrero de este año tras el comienzo del conflicto armado en el Medio Oriente.
A pesar de las críticas a los aranceles y la propaganda mediática en contra de la agenda “America First”, los estadounidenses ya veían un cambio importante en la economía con precios de la gasolina por debajo de los dos dólares en más de 9 estados y en el resto los conductores no pagaban más de 2.70 como promedio el galón regular, excepto en California donde los impuestos y las regulaciones han disparado los precios desde 2021.
Lo otro que destaca es la fusión de la ultraizquierda con los musulmanes o viceversa. Los islamistas utilizan al Partido Demócrata para ocupar escaños en el Congreso de EEUU, en gobierno locales y en las agencias federales.
En 14 estados del país, los musulmanes han logrado victorias electorales. Y ocurre en la mayoría de las regiones gobernadas por los demócratas, pero destacan zonas republicanas como Texas, Ohio y Georgia.
Entre Michigan y Minnesota, nueve radicales islámicos operan dentro del sistema político estadounidense como parte de un listado de 30.
El alto costo político
Dentro de los posibles análisis de la derrota de los republicanos deben estar las cifras de votantes conservadores que dieron la importancia que requerían estos comicios al igual que las presidenciales y qué por ciento optó por castigar la agenda republicana, donde ya se conoce que una mayoría de independientes decidió por la izquierda.
Históricamente, cuando los conservadores logran el poder presidencial les restan trascendencia a las elecciones de medio término; también ha ocurrido en el bando azul.
El jefe de la ahora mayoría de los demócratas en el Senado en Washington, Chuck Schumer, dijo ya que la guerra con Irán "debe terminar", sin embargo nunca declaró lo mismo en el caso de Ucrania, para lo que pidió decenas de miles de millones de dólares y ayuda militar de todo tipo.
Schumer sugirió además que la mayoría que tendrá en el Congreso su partido a partir de enero podría ser utilizada en el control de los gastos del gobierno para alcanzar ese objetivo, cuando más de 370.000 millones de dólares se han destinado a Kiev, lo que demuestra la simpatía y la defensa de la izquierda de EEUU al régimen terrorista de los ayatolás en Teherán.
"La razón por la que perdimos es la guerra. El propio Presidente lo dijo anoche (martes 3 de noviembre)", afirmó en declaraciones el vicepresidente JD Vance, al referirse a los comentarios de Donald Trump de que la guerra contra Irán incidió de forma directa en la derrota legislativa, pero que seguía estando justificada.
Como ya habíamos analizado en artículos anteriores en DIARIO LAS AMÉRICAS, el presidente Trump y los republicanos sabían el costo político de la guerra. No obstante, decidieron reducir al máximo el poder militar iraní por el bien del país, de los estadounidenses y del resto de la humanidad.
Sin embargo, algunos expertos hacen un análisis diferente. Creo que ceder a la voluntad de negociaciones con los iraníes que impulsó Vance fue lo que complicó y extendió una guerra que -como Trump y los asesores militares previeron- no debió durar más de 4 meses. La ofensiva debió ser [fulminante] contra el régimen terrorista iraní , sin darle el gusto de sentarse a negociar, cuando lo único que se logró -y se sabía- fue perder tiempo y favorocer en muchos aspectos a los extremistas islámicos. "Con los terroristas no se negocia", como plantearon muchos republicanos, pero Trump en su deseo de paz quiso cambiar el curso y el significado legendario y real de esa lapidaria frase.
Los éxitos históricos de la administración Trump, los avances que ha tenido el país en inversiones, comercio justo, prioridad de América Latina y el Caribe para Washington por primera vez realmente, seguridad nacional, beneficios sociales y desarrollo no pueden empañarse con una derrota electoral y menos por la incomprensión de votantes.
Trump puso a EEUU primero -como prometió- por encima de las ganancias políticas, que ya había logrado en 2025 a pesar de las críticas a las deportaciones para limpiar y reparar el desastre de los demócratas y su agenda radical socialista. Al parecer, muchos no han entendido o no valoran las verdaderas prioridades para la Gran Nación, su destino y su futuro cercano.
El jefe de la Casa Blanca y los republicanos no han hecho nada diferente por lo que votaron casi 80 millones de estadounidenses en 2024 y la guerra contra Teherán ha sido una prioridad para la seguridad nacional de EEUU, uno de los temas centrales en las presidenciales. Entonces, cabría analizar que sólo una parte de los electores republicanos que participaron en la contienda de 2024 salieran a votar esta vez. Si ocurrió lo contrario, entonces un por ciento del sufragio republicano condenó a Trump.
No obstante de la victoria electoral legislativa, a mediano y largo plazo la alianza con la extrema izquierda y los radicales musulmanes podría ser el entierro definitivo del Partido Demócrata. Su crisis histórica y la falta de liderazgo los ha conducido a esta mortal fusión.
Y ahora... la revancha política
¿Qué viene ahora?... lo de siempre, la izquierda -sin un plan que ofrezca desarrollo, seguridad y paz- se empeña únicamente en “degollar” a Trump y frenar todo lo que huela a conservadurismo. Y por su parte, Trump y los republicanos defendiéndose de los ataques incesantes del extremismo “progresista” y el “wokismo”.
El representante Robert García, que asumirá la jefatura del Comité de Supervisión de la Cámara, lanzó ya la primera amenaza a los republicanos y a la familia Trump: "Busquen un abogado".
"No creo que se haya acabado" la doctrina Donroe, explica Rebecca Bill Chávez, presidenta del Diálogo Interamericano.
"Trump no va a cambiar sus prioridades sólo porque los demócratas ganaron el Congreso. Pero se enfrentará a un escrutinio mayor del que ya tenía", agrega.
Hoy EEUU se ha consolidado como el eje del equilibrio del universo con un freno impensable a Irán, China y Rusia. La inestabilidad del Medio Oriente es para finalmente acercarse al menos a la estabilidad en la región, lo mismo ha hecho el Presidente en Asia y en Europa. Así lo ha declarado el secretario de Estado Marco Rubio: “Queremos un mundo de paz, sin amenazas cada vez mayores, sin el auge del terrorismo y las drogas. EEUU quiere a una Europa fuerte y segura”.
Pero, el odio político, el rechazo y la incomprensión parecen haber primado en millones de electores esta vez.
La nueva guerra a Trump y a los republicanos por parte de la izquierda radical se reanuda otra vez en enero y el Presidente estará obligado a dirigir el país mediante sus poderes presidenciales y decretos que le otorga la Constitución y la rama Ejecutiva. Tampoco es que sea la gloria para los demócratas, porque si quieren convertir en ley sus propuestas tendrán que pactar con el Presidente o se las vetará.
Trump manifestó, tras la dura derrota electoral de su partido, que un nuevo intento de destitución en su contra en el Congreso "destruiría" a la oposición.
"Creo que destruiría al Partido Demócrata si lo hicieran. ¿Destituir por cuál motivo? ¿porque tenemos un país exitoso?", se preguntó Trump ante periodistas.
El líder republicano ha dicho que trabajará con los demócratas, pero ya se ha demostrado que son los nuevos demócratas quienes no quieren -bajo ningún concepto- trabajar con Trump y los republicanos. Incluso existen declaraciones de congresistas recién elegidos de que el Presidente debe buscarse un buen abogado, presagiando la misma guerra frontal antiTrump y anticonservadora, que comenzó en 2016 con Barack Hussein Obama, Bernie Sanders, Hillary Clinton, Nancy Pelosi y el resto de la cúpula extremista demócrata.
Texas y Ohio, la decepción
La pérdida más significativa en estos comicios ha sido Texas. Y Florida el salvavidas de los republicanos y el pilar principal de los conservadores, que ya la izquierda intenta desarticular.
Similar a lo que ocurrió en Florida, pero a la inversa, ahora la izquierda en Texas, latinos y republicanos inconformes, entregan el segundo estado más importante del país -al menos por dos años- a una izquierda cuya agenda destaca por sus preceptos socialistas y la división política extrema, y no por la unión nacional, la democracia y los valores, el bipartidismo y la seguridad del país con fronteras seguras.
Apenas se conocían los primeros pronósticos electorales, ya las agencias de prensa anunciaban una caravana de migrantes desde Centroamérica, con las claras intenciones de hacer regresar al país a la debacle sufrida durante los cuatro años del cuestionado mandato de Joe Biden. No vienen solos, vienen organizados e impulsados por la izquierda para desestabilizar otra vez al país, para interferir la gestión en los dos años restantes del presidente de EEUU.
El deficiente trabajo del gobernador republicano Greg Abott en los últimos dos años y la pasividad de los conservadores o el rechazo a algunas políticas del presidente Donald J. Trump en los últimos dos años, le permitió a los nuevos demócratas vender su demagogia y hacerla efectiva en un bastión republicano de tres décadas.
Otro elemento que destaca en estos comicios es el romanticismo ignorante de millones de estadounidenses con la peor combinación de la historia: la izquierda socialista subyugada al islamismo radical, como ocurre en Nueva York y en toda Europa.
El primer musulmán en la Cámara Alta
El ascenso del primer musulmán radical antiamericano al Senado de Estados Unidos, Absul El-Sayed, es la segunda señal de alarma en este país después de la alcaldía "ganada" por Zohran Mamdani y los radicales de la Cámara de Representantes liderados por Ilhan Omar y Alexandria Ocasio-Cortes y otros que se han sumado a la lista de más de 100 “progresistas” (socialistas) en el Congreso.
El extremista El-Sayed ganó en Michigan el escaño al Senado federal con el 52.5% de los sufragios contra el 45.5% de su oponente republicano, Mike Rogers. Ya emitió su primer discurso desafiante, con el mismo tono y objetivos antiestadounidenses que expuso durante su campaña.
Sin los resultados oficiales completos, los nuevos demócratas se llevan el control del Congreso y por un amplio margen la Cámara de Representantes, donde los republicanos eran la mayoría.
En el Senado habrá que esperar el informe definitivo, pero la ventaja también sería amplia.
La izquierda logró conquistas clave para los escaños del Senado en Carolina del Norte, Kansas, Georgia, Michigan y Carolina del Sur.
Según CNN y NBC, los demócratas ganarían al menos 244 escaños en la Cámara, de un total de 435 curules, una victoria rotunda.
En el Senado, que renovaba un tercio de su hemiciclo (100 escaños), la izquierda necesitaba voltear cuatro puestos, y lograron mucho más que eso, además mantuvieron el resto de todos sus escaños, algo que genera dudas en cada proceso electivo en los últimos 15 años.
En estos comicios estaban en juego 35 escaños del Senado, los 435 de la Cámara de Representantes junto a 36 gobernaciones estatales.
El Senado
Los demócratas arrebataron a los republicanos el escaño de Carolina del Norte en el Senado, una victoria que las encuestas daban por descontada. Roy Cooper, exgobernador del estado, se impuso al republicano Michael Whatley, expresidente del Comité Nacional Republicano.
El demócrata James Talarico se convirtió en el primer senador demócrata elegido por Texas en 38 años, otro de los grandes triunfos de la izquierda.
Pero las cosas no quedaron ahí y en Kansas, Adam Hamilton ganó el escaño al Senado de EEUU y ahora es el primer demócrata elegido en este estado desde 1932.
El senador demócrata Jon Ossoff logró asimismo una victoria clave para el control del Senado de Estados Unidos al retener su escaño en Georgia frente al candidato republicano Mike Collins, según las proyecciones de los principales medios del país.
La candidata demócrata al senado por Carolina del Sur, Annie Andrews, dio la sorpresa al imponerse a la republicana Darline Graham, que ocupaba temporalmente el escaño de su hermano, el fallecido Lindsey Graham, que lo había mantenido como plaza conservadora desde 2003.
Los republicanos retuvieron varios de los escaños del Senado en los que tradicionalmente se imponen, entre ellos los de Virginia Occidental, Wyoming y Tennessee y Florida. Ashley Moody también se impuso frente a la demócrata Angie Nixon.
Los demócratas retuvieron también los escaños del Senado en varios estados de la costa este, los primeros en cerrar los colegios electorales. Según los resultados preliminares ganaron en Virginia, Massachusetts, Delaware, Nueva Jersey, Rhode Island e Illinois.
Para alcanzar la mayoría de 51 escaños en la Cámara Alta, los demócratas, que tenían 46 contaron con el apoyo de los dos independientes, mientras los republicanos poseían 53 asientos, de los seis estados en disputa: Alaska, Iowa, Kansas, Maine Ohio y Texas.
Cámara de Representantes
La congresista estadounidense Kathy Castor conservó uno de los últimos feudos demócratas en Florida al vencer en el distrito 14 de Florida, rediseñado para favorecer a los republicanos por orden del presidente Donald Trump, según proyectan medios como el Washington Post.
El demócrata Jared Moskowitz revalidó su escaño en la Cámara de Representantes al imponerse al republicano Scott Singer en el distrito 25 de Florida, pese a competir bajo un nuevo mapa electoral aparentemente favorable a los conservadores.
Entre las contiendas que definían el control de la Cámara destacaban los distritos 22 y 48 de California. En el primero, el demócrata latino Randy Villegas aspiraba al escaño del republicano David Valadao; en el segundo, redibujado, los demócratas buscaban otra oportunidad de sumar un asiento.
Después del redibujo de los mapas electorales que le favorecía a los conservadores, la derrota de los republicanos es histórica porque al menos podían sumar 16 nuevos puestos, pero perdieron los asientos que supuestamente tenían garantizados.
Las gobernaciones
En Texas, el republicano Greg Abbot perdió la gobernación frente a su oponente Gina Hinojosa, después de tres décadas de dominio rojo.
En California se imopuso Xavier Becerra con un triunfo arrasador frente a Steve Hilton, de 66% contra el 36%.
El republicano Byron Donalds fue elegido este martes nuevo gobernador de Florida tras imponerse al demócrata David Jolly, y se convertirá en el primer mandatario negro en la historia del estado, según las proyecciones de los canales Fox News y NBC.
La demócrata Keisha Lance Bottoms será a su vez la primera gobernadora negra tras vencer en las elecciones en Georgia, estado del sur del país que es clave por ser uno de los más disputados de los comicios presidenciales, según proyecciones.
La demócrata Kathy Hochul fue reelegida gobernadora del estado de Nueva York con una amplia ventaja frente al candidato republicano Bruce Blakeman.
En Ohio, otro estado clave para los republicanos, que las encuestas daban como favorito a Vivek Ramaswamy, el triunfo fue para Amy Acton. En el escaño al Senado ganó el demócrata Sherrod Brown.
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FUENTE: Con información de AFP, EFE y otras fuentes.