MIAMI.- El cubano Yariel Valdés González espera que el “sueño americano” de vivir en “absoluta libertad”, lejos de las amenazas, la persecución, la violencia y la tortura psicológica a que lo sometió la dictadura cubana por su labor periodística, no se deshaga en Louisiana, un estado que muchos consideran profundamente “antiinmigrante”.

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El recibimiento de otros emigrados de la isla que también solicitan protección del gobierno estadounidense en Bossier Parish Medium Security Facility, uno de los tantos centros de detención de inmigrantes en EEUU, fue como para nunca olvidar. “Abrieron los brazos y me dijeron: ‘¡Bienvenido al infierno!’”, recordó Yariel con voz afligida.

La historia de este comunicador de 28 años, egresado de la Universidad Central Marta Abreu, en Santa Clara, en la central provincia cubana de Villa Clara, está llena de altibajos. “Salí de una cárcel horrible para ahora estar en esta, que me tiene muy deprimido”, afirmó el joven, quien tiene presente todo el tiempo, y no puede quitarse del pensamiento, la “pesadilla” que está viviendo en aras de lograr su “anhelada libertad”.

El comienzo

Desde niño quiso ser periodista. Ingresó a la universidad y se destacó como un buen estudiante. Se graduó en 2014 y fue enviado a realizar el denominado “servicio social” en el periódico Vanguardia, órgano oficial del Partido Comunista en la provincia de Villa Clara, donde estuvo por dos años.

Como es ya “costumbre” en un país gobernado por una dictadura marxista, la formación del nuevo periodista estuvo enmarcada en el “respeto” y “acatamiento” de las directrices que traza el régimen sobre los medios de comunicación oficiales.

Valdés González no estaba de acuerdo con el “sometimiento”. Por ende, al poco tiempo comenzó a colaborar con medios independientes en internet como OnCuba y elToque, lo que le acarreó problemas con sus jefes inmediatos. “Me decían que no podía estar con esos medios porque son enemigos de la revolución y estaba, según ellos, contribuyendo con la subversión en Cuba“Me decían que no podía estar con esos medios porque son enemigos de la revolución y estaba, según ellos, contribuyendo con la subversión en Cuba”, explicó.

La situación empeoró con el paso del tiempo. De tal suerte, se vio obligado a asistir a sucesivas reuniones con los “jefes” y la “presión laboral” se le hizo más severa, a tal punto que recibió una sanción el 23 de agosto de 2016. El castigo infligido por el régimen lo mantuvo un mes sin trabajar y sin cobrar su salario. Sin embargo, siguió vinculado con varios medios independientes.

Los ataques al periodista siguieron en ascenso. La Unión de Jóvenes Comunistas también tomó la determinación de sancionarlo. “Me dijeron que no era digno de pertenecer a sus filas”, recordó.

Ese mismo año fue cuando, a sabiendas de que todo es posible para quienes ejercen el poder en Cuba, fue expulsado de Vanguardia y le pusieron fin a su relación de trabajo con emisoras de radio y televisión. “Me dejaron sin nada”, resumió.

Una pesadilla

Abrirse camino en los medios independientes era una determinación que venía aplazando porque sabía, de antemano, que habría inmensos riesgos.

Sin embargo, inició una nueva etapa de su vida profesional en medios como Tremenda Nota, Yucabyte y Cubanet, al que todavía está vinculado. Las puertas también se le abrieron en el Washington Blade, el periódico de la comunidad LGBT más antiguo de EEUU.

“A raíz de eso estuve bajo una presión muy grande y llegué a estar en prisión unas nueve veces. Me decían que era un contrarrevolucionario y ‘regularon’ mis salidas del país”.

Confesó que, además de las “detenciones arbitrarias”, se sentía a merced de los agentes de la dictadura.

“Temía por mi vida en Cuba. Decían que podían encarcelarme basados en el Código Penal y la Ley 88, que sanciona el hecho de colaborar con medios extranjeros, especialmente de EEUU” “Temía por mi vida en Cuba. Decían que podían encarcelarme basados en el Código Penal y la Ley 88, que sanciona el hecho de colaborar con medios extranjeros, especialmente de EEUU”, comentó.

La única opción viable para poner a salvo su vida era escapar de la isla. La gran oportunidad: un curso de periodismo que estaba programado para el 29 de septiembre del año pasado en la Universidad EAFIT, de la ciudad colombiana de Medellín.

El escollo que tenía en frente para poder salir de Cuba era la prohibición que le habían impuesto las autoridades. “Yo me reuní con ellos, me dijeron que sabían que quería ir a Colombia y les dije que, si me quitaban la prohibición, se librarían de mí. Y así fue”, indicó.

Momentos duros

Una vez terminado el curso que tuvo una duración de 15 días, el comunicador se lanzó a la “gran aventura” de tratar de alcanzar la frontera entre Estados Unidos y México. Llegó en avión hasta la capital mexicana y de ahí se desplazó por tierra hasta un punto fronterizo, con el propósito de solicitar asilo político en EEUU.

Primero estuvo cuatro días en un centro de detención de inmigrantes en California, a los pocos días pasó a otro sitio similar en Mississippi, donde permaneció por espacio de un mes, y de ese lugar fue trasladado a Louisiana, un estado en el que hay jueces que han negado la mayoría de los pedidos de asilo.

“Yo llegué borracho de ilusión pues una oficial de asilo que me había entrevistado en Mississippi, el 28 de marzo, había determinado que sufría de ‘miedo creíble de persecución o tortura’ en Cuba y solo bastaba una primera audiencia con un juez de Inmigración para obtener mi libertad condicional y continuar mi proceso fuera de la cárcel, tal como lo establece la ley estadounidense”, explicó.

“Otra vez las voces de mis coterráneos se encargaron de apagar la esperanza cuando también me dijeron que de Louisiana no sale nadie” “Otra vez las voces de mis coterráneos se encargaron de apagar la esperanza cuando también me dijeron que de Louisiana no sale nadie”, enfatizó.

La audiencia final para decidir el asilo político de Valdés González será el próximo 6 de septiembre. El joven aseguró que trata de ser optimista y no dejarse vencer por una depresión que crece a diario, al sentirse preso en un país en el que todavía tiene confianza.

“Yo no represento ningún peligro para este país, vine buscando libertad y sin embargo estoy aquí preso ya desde hace cuatro meses”, subrayó. “Solo las lágrimas debajo de la cobija, cuando nadie me ve, logran limpiar por unos minutos mi desesperación al pensar en mi familia, que aún reside en Cuba”, confesó.

“Estoy preso aquí, preso sin retorno. Me siento acorralado”, dijo, y en ese momento la llamada desde la prisión se cortó. Una grabación indicó que la tarjeta telefónica del reo se había quedado sin saldo para seguir hablando…

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