MIAMI.- JOSÉ R. RIVERA GONZÁLEZ
Especial
El rechazo de varios congresistas al tratado con Irán podría ser dañino
MIAMI.- JOSÉ R. RIVERA GONZÁLEZ
Especial
Luego del histórico acuerdo entre Irán y las potencias nucleares más Alemania han surgido en el espacio mediático y político voces congresionales que cuestionan el potencial beneficio de este convenio multilateral. Son las mismas voces que, durante el proceso de negociaciones, fomentaron el discurso airado y alarmista, de una hecatombe nuclear que amenazaría la estabilidad de Israel y del Medio Oriente. Son las voces que en momentos críticos del diálogo multilateral pretendían descarrilar el proceso enviando sendas misivas advirtiendo 'tranque y fracaso' sin importar el resultado, en un acto de deslealtad política sin precedentes.
Pero el escepticismo en su esencia no es necesariamente destructivo. No cuestiono tampoco la incredulidad ni la desconfianza que viene del Congreso estadounidense. Después de todo, los pesos y contrapesos son necesarios en la dinámica política del sistema republicano de gobierno y de sociedades que se pretenden abiertas y libres. Igualmente, ese escepticismo es producto de los actos realizados por Irán desde la consolidación de su revolución de 1979. Con lo cual le corresponde a este último recorrer un largo camino para restaurar la confianza y la buena fe de la comunidad internacional y sus contrapartes regionales.
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Pero hasta aquí llega la coincidencia. El escepticismo sólo es saludable en tanto y en cuanto no pretenda colapsar el andamiaje diplomático y político construido con tanto esfuerzo y que rompió la brecha del patrón dañino e inefectivo de la hostilidad histórica entre Irán y EEUU. La renuencia congresional puede ser bienvenida pero debemos señalar los motivos detrás de ella. No es lo mismo cuestionar la nueva ruta diplomática que pretender, por razones ideológicas, hacer quedar mal al Presidente.
¿Cuál es la alternativa?
Hemos de cuestionarnos los motivos de los "escépticos", de los mercaderes del antagonismo permanente como condición "ideal" a cualquier trato con Irán, tanto en la coyuntura presente como en el futuro. Si el acuerdo nuclear es menos que ideal, al menos abre el campo a múltiples posibilidades.
Esto es lo que yo llamo la "amplitud de lo posible". El nuevo marco político-diplomático facilita el montaje de nuevas avenidas políticas, nuevos procesos de diálogo diplomático y una actitud cautelosamente optimista sobre escenarios futuros. No hablo solamente de brindar crédito a un Presidente cuyo liderato en política exterior ha sido hasta el momento abismal. Hablo de pasar la página de un trayecto de relaciones tóxicas y fomentar un intercambio político, comercial y cultural, con Irán.
Uno que produzca vínculos de interdependencia compleja y frene la hostilidad y la posibilidad de un retorno masivo de tropas de EEUU a la región, calmando así las ansiedades de la opinión pública estadounidense que no quiere volver a las incertidumbres producidas por el fiasco militar y estratégico de Irak. Se trata también de procurar un nuevo balance de poder en Medio Oriente haga retroceder el salafismo extremo que el Estado Islámico pretende establecer en Irak y Siria y el wahabismo dañino y desestabilizador que sale de Arabia Saudita.
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Pero más allá de todos los escenarios mencionados, aquel que me parece el ideal y que podría generar una transformación permanente en Irán es la validación y empoderamiento de los grupos políticos moderados dentro de este país.
Es el cambio 'desde adentro' el que brindará solidez al acuerdo pero también a aquellas fuerzas generacionales que sienten hastío, no sólo por el impacto limitante de las sanciones impuestas a su país, sino abrir un espacio de tolerancia y diálogo que permita confrontar la insensatez de los clérigos conservadores y las fuerzas políticas dentro de las estructuras de la República Islámica que le apoyan.
Es esta mutación, imperativa por lo demás, la que brindará solidez en el nuevo marco de relaciones multilaterales, el 'Irán posible'. Ese Irán que tomará su lugar propio en el marco de una sociedad internacional más estable, capaz de abordar las crisis que se le presenten en un marco de diálogo político civil que sustituya lo que hasta ahora ha sido un fallo monumental.
