Los demócratas consideran que esta investigación es una maniobra política en pleno año electoral, cuando ellos hicieron varias al presidente Donald Trump desde antes de llegar a la Casa Blanca en 2016 y durante sus cuatro años de mandato.
Los republicanos interrogaron a James Biden, de 74 años, sobre una serie de transacciones financieras que incriminan directamente al mandatario de EEUU.
Los conservadores acusan a Joe Biden, mediante testigos, grabaciones e informaciones, de haber utilizado su influencia cuando era vicepresidente de Barack Obama (2009-2017) para permitir a su familia realizar negocios turbios en Ucrania y China y sumamente cuestionables sobre la seguridad nacional de EEUU. Las personas clave en la investigación son el hermano de Joe Biden y el hijo del presidente, Hunter.
Según la izquierda, la pesquisa republicana ha perdido fuelle por la imputación a mediados de febrero de un antiguo informante del FBI, Alexander Smirnov, sospechoso de haber mentido en las acusaciones de corrupción contra el hijo de Joe Biden, pero Smirnov es apenas una mazorca dentro del granero.
Este hombre de 43 años acusó a Joe y Hunter Biden de haber recibido cada uno cinco millones de dólares en sobornos para permitir que una empresa de gas ucraniana, Burisma, eludiera una acción judicial.
El martes, la fiscalía estadounidense informó de que Alexander Smirnov reconoció haber recibido parte de su información de personas vinculadas a los servicios de inteligencia rusos.
Sistema de justicia de dos niveles
Los demócratas presionan para que cese la pesquisa en medio del hallazgo de nuevos reportes y testigos clave, que indican, como ha reiterado el presidente de la Cámara de Representantes, la tendencia sostenida de corrupción durante años de la familia de Joe Biden.
Hunter Biden es uno de los blancos de los republicanos en Estados Unidos, que bajo luz verde del Congreso investigan los negocios oscuros e informaciones sobre la corrupción de la familia Biden.
Por el momento, la investigación judicial sobre el hijo del presidente sigue su avance en aras de reunir todos los elementos para una acusación formal, ya que el Departamento de Justicia de Joe Biden le ha dado la espalda a todas las acusaciones contra la familia en la Casa Blanca.
Ni de las dos imputaciones formales a Hunger Biden habla la gran prensa de izquierda en EEUU, cuando salen a relucir a diario las del expresidente Donald Trump.
Millones de estadounidenses muestran su escepticismo hasta sobre las sentencias a Hunter por fraude fiscal y por posesión ilegal de un arma de fuego y esperan queden en un limbo, una multa o una amonestación; como mismo ocurrió recientemente con los cientos de documentos secretos hallados en varias propiedades de Biden, tirados en rincones y difundidos de forma ilegal, según la investigación. Ningún vicepresidente tiene el permiso legal para llevarse documentos secretos de la Casa Blanca, en cambio los Presidentes sí y desclasificarlos.
El caso de Biden, que data de cuando era vicepresidente, quedó en un simple llamado de atención del fiscal especial Robert Hur y una alarma sobre el deteriorado estado mental del Presidente. El caso Trump, sin embargo, sigue adelante. Es lo que los republicanos llaman la "justicia" de dos niveles: una para los conservadores y otra para la izquierda y la extrema izquierda.
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FUENTE: Con información de AFP.