NUEVA YORK — Una serie de leyes en 15 estados que permiten a la gente denunciar abusos sexuales ocurridos décadas atrás podría generar una ola sin precedentes de demandas a la Iglesia Católica, mucho peor de lo que ha sufrido el clero hasta ahora por los abusos de los curas.

Una investigación de la Associated Press determinó que podría haber miles de casos nuevos contra la iglesia, con compensaciones por más de 4.000 millones de dólares.

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Sería una rendición de cuentas financiera en bastiones del catolicismo como Nueva York, California y Nueva Jersey, tres de los ocho estados que llegaron más lejos con las legislaciones que permiten demandar sin importar hace cuánto tiempo se produjo el abuso.

Abogados de las presuntas víctimas están difundiendo avisos publicitarios por televisión y carteles que preguntan, “¿La iglesia abusó de ti?”.

Varias diócesis consideran la posibilidad de declarase en bancarrota, de crear fondos para pagar compensaciones a las víctimas e incluso de vender valiosas propiedades para mantenerse a flote.

“Esto es como empezar de nuevo para mí”, dijo Nancy Holling-Lonnecker, de 71 años, de San Diego, quien planea aprovechar el período de tres años aprobado en California para radicar demandas. Dice que en la década de 1950 un cura la violó numerosas veces en un confesionario cuando tenía siete años.

“Los sobrevivientes que están dando la cara mantuvieron en secreto esta experiencia horrible todas sus vidas”, expresó. “Se guardaron estas emociones todos estos años porque no tenían dónde exponerlas”.

Entrevistas de la AP con más de una docena de abogados y agrupaciones que estudian los abusos de los clérigos ofrecen distintos estimados, pero muchas anticipan al menos 5.000 denuncias tan solo en Nueva York, California y Nueva Jersey, con compensaciones que podrían superar los 4.000 millones de dólares desde que salió a la luz el primer abuso sexual de un cura en los años 80.

Un jurado investigador dijo el año pasado que 300 curas abusaron de más de 1.000 menores tan solo en Pensilvania a lo largo de siete décadas.

“El público en general está más molesto que nunca con los abusos sexuales de los curas y su encubrimiento, y eso se verá reflejado en los veredictos”, afirmó Mitchell Garabedian, abogado de Boston que lleva adelante varias demandas contra la iglesia.

Ya comenzaron las demandas desde que 15 estados cambiaron sus leyes en los dos últimos años.

Más de 400 demandas fueron radicadas en un solo día después de que el estado de Nueva York dispuso a mediados de año un período de un año para denunciar abusos viejos. Ya hay más de 1.000 demandas, mayormente contra la iglesia. Esta semana entra en vigor un período de dos años para radicar demandas en Nueva Jersey y con la llegada del año nuevo los californianos podrán hacer lo propio durante tres años. En el caso de California, la compensación se triplicará si se demuestra que la iglesia encubrió los abusos.

También abrieron este año períodos para radicar demandas Arizona, Montana y Vermont.

Un abogado especialista en abusos de los curas, Michael Pfau, de Seattle, dice que ya tiene 800 clientes en Nueva York, Nueva Jersey y California. Su colega Garabedian, de Boston, dice que espera radicar 225 demandas en Nueva York y otras 200 al menos en media docena de estados. Otro veterano de estas lides, James Marsh, afirma que ya tiene más de 200 clientes en Nueva York tan solo.

“Un chorrito se transforma en un río y termina inundando todo”, dijo Marsh.

Líderes eclesiásticos que por años trataron de impedir que las legislaturas estatales anulasen las prescripción de estos delitos dicen que este frenesí de demandas es precisamente lo que temían. Algunos se quejan de que será muy difícil rechazar denuncias de abusos ocurridos hace tanto tiempo, cuyos testigos se han desperdigado y cuyos perpetradores probablemente ya murieron.

“Los muertos no pueden defenderse”, dijo Mark Chopko, ex consejero de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos.

La respuesta de la iglesia tomará la forma de compensaciones y bancarrotas.

El arzobispo de Nueva York Timothy Dolan creó un primer fondo con estos fines en el 2016, diciendo que ayudarían a compensar a las víctimas sin causar estragos en la iglesia, obligándola a suspender programas. Desde entonces se ha pagado más de 67 millones de dólares a 338 presuntas víctimas, un promedio de 200.000 dólares a cada una.

La idea prendió en otros estados. Las cinco diócesis de Nueva Jersey y tres de Colorado crearon un fondo y lo mismo hicieron siete diócesis de Pensilvania y seis de California, incluida la arquidiócesis de Los Ángeles, que es la más grande de Estados Unidos.

Más drástica y cada vez más frecuente es la opción de la bancarrota. Menos de un mes después de que entrase en vigor la ventana de un año para radicar demandas de abusos ocurridos hace tiempo, la diócesis de Rochester se declaró en bancarrota. Fue la 20ma diócesis u orden religiosa que lo hizo en Estados Unidos.

Cuando una diócesis se declara en bancarrota, las demandas de los sobrevivientes a los abusos quedan en suspenso y los pagos son congelados, a la espera de que un juez federal decida cuánto debe cobrar cada uno. Generalmente las víctimas reciben menos de lo que hubieran recibido de salir airosas en un juicio.

La bancarrota puede además generar en los sobrevivientes la sensación de que no se hizo justicia porque la iglesia no se ve obligada de dar explicaciones y entregar documentos, tal vez implicando a la jerarquía católica que encubrió los abusos.

Eso es crucial para muchos de los clientes del abogado neoyorquino Adam Slater.

“Quieren saber por qué la iglesia permitió que abusasen de ellos, que arruinasen sus vidas”, manifestó. “Es algo distinto a la bancarrota, en que no se revela todo y no hay programas de compensación. La verdad nunca sale a la luz”.

Uno de los clientes de Slater es Ramón Mercado, de 57 años, quien guardó silencio en torno a los abusos que dice haber sufrido en los años 70 en parte porque no quería ofuscar a su madre, una católica devota. La madre falleció hace poco y él está dispuesto a hablar sobre el sacerdote que lo invitó a subirse a su Plymouth para escaparle al frío y terminó abusando de él cientos de veces en los tres años siguientes.

“Estaba sentado en mi casa y en la TV alguien dice ‘si lo molestaron, haga algo’”, relató Mercado. “Después de tantos años, me dije, ‘¿por qué no?”.

Cuando reciben esas llamadas, los asistentes legales saben cómo manejarse, con tacto.

“¿Qué edad tendría?”.

“¿Diez u 11 años? Muy bien. Reconocería la cara si la viese?”.

"¿Lo llevaba a la cama? ¿Qué le decía?”.

“¿Quiere tranquilizarse? ¿Está bien? ¿Está seguro?”.

El paso siguiente es conseguir un abogado para ver si se puede llevar la denuncia a los tribunales. Slater dice que su firma recibió más de 3.000 llamadas y que ya representa a casi 300 personas. Calcula que le saldrán otros 200 clientes.

FUENTE: Con información de AP

DLA Clasificados

 

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