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MIAMI.- Político, aviador, militar, prisionero y héroe de guerra, John McCain murió como vivió, al pedirle a sus grandes oponentes en campañas presidenciales, George W. Bush y Barack H. Obama, que hablaran en su funeral.

McCain fue senador de Arizona durante 31 años y aspiró a la presidencia por el partido republicano en 2008, luego de intentarlo por primera vez en el 2000.

Aunque perdió el pulso contra W. Bush primero y Obama después, el fracaso electoral le fortaleció y lo convirtió en una de las figuras más representativas de su partido en el Congreso de la nación.

En sus últimos días enfrentó con valor la cercanía de la muerte, luego de ser diagnosticado con un tumor canceroso en el cerebro, y él mismo decidió suspender el tratamiento médico.

Primeros pasos

McCain, que nació en una base militar estadounidense en Panamá hace 82 años, fue piloto aviador y teniente comandante de la fuerza naval estadounidense.

En 1965, a los 28 años, se casó con la modelo Carol Shepp y a pesar de su reciente matrimonio, solicitó ser enviado a una zona de combate durante la guerra en Vietnam.

De esta manera, McCain fue asignado al portaviones USS Forrestal, donde casi pierde la vida durante un voraz incendio: trató de ayudar a otro piloto cuando estalló una bomba y fue impactado por esquirlas en sus piernas y pecho.

Unos meses después, su avión de caza fue derribado en territorio rebelde. McCain sufrió grandes heridas en las extremidades.

Rescatado y apresado por el Vietcong, McCain afrontó cinco años y medio de prisión, bajo duras circunstancias, en manos de un enemigo que clamaba venganza.

Esa epopeya, unida al carácter rebelde, le valió unos años después su posición ante el escandaloso asunto de la tortura a los prisioneros retenidos en las prisiones de Abu Ghraib, en Irak, y Guantánamo, en la isla de Cuba.

McCain sufrió tortura física y psicológica durante su detención en Vietnam. Sus captores le rompieron los brazos hasta el punto que, desde entonces, no podía levantarlos más arriba de los hombros, tal como lo narró en su autobiografía Faith of My Fathers, La Fe de mis padres, (Random House, 1999).

Sin embargo, meses después, el senador votó en contra de una propuesta de ley de los demócratas que habría ilegalizado el llamado waterboarding, o ahogamiento fingido, que la CIA empleaba entonces como método de interrogatorio.

A punto de ganar la nominación republicana en el 2008, McCain reafirmó su código conservador con sus votos a favor de los gastos militares, su oposición a medidas que facilitarían el aborto o el camino al matrimonio del mismo sexo.

Con respeto

Durante la campaña presidencial McCain se comportó como contrincante agresivo pero decente.

En 2008, las últimas semanas de la campaña se volvieron bastante agresivas. Entonces, el nombre de Obama era calificado con groserías y epítetos.

En una conferencia con vecinos de una localidad, una mujer de cierta edad le dijo a McCain que no le gustaba Obama “porque es un árabe”. McCain tomó el micrófono y le respondió “No señora, no señora. Él es un hombre de familia decente, un ciudadano, con el que tengo serias diferencias en asuntos fundamentales”. Y añadió, “queremos luchar, y yo quiero luchar pero con respeto”.

Tras la derrota ante Obama, McCain se convirtió en la voz de la oposición republicana contra la Casa Blanca.

Su primer voto en contra de Obama fue durante el debate de la propuesta de ley Recovery Act, en 2009, o paquete de estímulos, que supuestamente encaminaría la economía del país, que sufría entonces la alta tasa de 9% de desempleo.

Fuerte opositor a la retirada de tropas de Afganistán e Irak, McCain se opuso abiertamente al plan de salud pública Affordable Care Act, mejor conocido por Obamacare, en 2010.

Su posición contra Obama era innegable. McCain incluso defendió la controversial propuesta de ley Arizona SB 1070, que pretendía establecer una norma más amplia y estricta contra la inmigración ilegal.

Acerca de la guerra civil en Siria, que comenzó en 2011, McCain abogó por la intervención de EEUU en el conflicto, para apoyar a las fuerzas rebeldes contra el régimen de Bashar al-Assad, antes de que otra potencia, Rusia por ejemplo, se entrometiera.

Más tarde el senador republicano abogó por establecer una ley bipartidista, junto al rival demócrata Chuck Schumer, para mejorar la seguridad en la frontera y dar al mismo tiempo recursos a los inmigrantes sin papeles.

La propuesta fue fácilmente aprobada en el Senado pero murió en la Cámara Baja por la inacción.

Durante sus últimos dos años en el Senado expresó “preocupación sobre la seguridad del país si Trump era presidente” y retiró el apoyo a la candidatura republicana de Trump a la Casa Blanca, tras conocer los “comentarios degradantes sobre mujeres y sus alardes sobre agresiones sexuales”. Y no escondió su oposición al nuevo gobierno, cuando optó por votar a última hora en contra de la derogación del Obamacare "porque la propuesta que la sustituiría era insuficiente”.

Desde hace varios meses ya venía preparando su partida: escribió el libro de sus memorias The Restless Wave (Simon & Schuster, 2018), dejó listo un documental y definió cómo serían sus exequias.

Incluso escribió una emotiva carta de despedida: “Mis compatriotas estadounidenses, a quienes con gratitud he servido durante 60 años…gracias por el privilegio de servirles”.

Y dijo mucho más: “Viví y muero como un estadounidense orgulloso. Somos ciudadanos de la más grande república del mundo. Una nación de ideales, no solo sangre y tierra…. Debilitamos nuestra grandeza cuando confundimos nuestro patriotismo con rivalidades que han sembrado resentimiento, odio y violencia en todos los rincones del mundo”.

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