Por Benno Schwinghammer

RIAD.- Es un paso en territorio desconocido y, como se sabe, esto no le gusta a Donald Trump. El presidente estadounidense salió del Air-Force-One climatizado para entrar en el calor sofocante de Riad, bajo una temperatura de casi 40 grados.

Arabia Saudí es la primera escala de la primera gira internacional de Trump como presidente. Sin embargo, por muy importante que sea Arabia Saudita para una solución a los problemas de Cercano Oriente, Trump arrastrará en los próximos días sobre todo su convulsa gestión en Washington. El escándalo de la supuesta intromisión de Rusia en la campaña electoral en Estados Unidos proyecta su sombra sobre sus visitas a Riad, Israel y Europa.

No obstante, nada parecía expresar la inmensa presión que actualmente afronta el jefe de Estado norteamericano en su casa cuando Trump, flanqueado por su esposa Melania, puso poco antes de las 10:00 de la mañana del sábado su pie sobre la alfombra roja.

"Me alegra verle", dijo el rey Salman al saludar a su huésped. El monarca, de 81 años, recibió a Trump con un apretón de manos. A su lado estaba Melania sin velo en la cabeza, en contra de lo que dictan las normas en el país árabe.

Cuando la anterior primera dama, Michelle Obama, hizo lo mismo en 2015, provocó no solo un tweet crítico de Trump, sino también indignación en el reino saudí. Esta vez fue diferente: Salman se volteó hacia la primera dama y también le estrechó la mano a ella, un gesto escandaloso para musulmanes ortodoxos.

Sin embargo, en este 2017 algunas cosas son diferentes en Arabia Saudita cuando se trata de recuperar a Estados Unidos como mejor amigo después de la breve era glacial durante el Gobierno de Obama. Arabia Saudí no puede ni quiere ocultar su orgullo por haber sido elegido como primer destino internacional del presidente de Estados Unidos.

En todas partes de la capital saudí aparecen los rostros de los dos jefes de Estado en gigantescas pancartas con el lema "Together we prevail" (Juntos triunfaremos). El lema puede leerse también como una advertencia dirigida a Irán, el enemigo jurado de Arabia Saudita, ya que el país persa estará en el centro de las conversaciones que Trump sostendrá con el rey Salman, el príncipe heredero Muhammad bin Naif y otros miembros del Gobierno saudí.

Arabia Saudí, país gobernado por una dinastía absolutista, tiene un temor enorme: perder su hegemonía en Oriente Medio a manos de Irán. La política exterior de Arabia Saudita es en gran parte un reflejo de ese miedo, que explica, por ejemplo, su apoyo a grupos rebeldes en Siria y los bombardeos contra los insurgentes chiitas en Yemen.

En Trump, los saudíes han encontrado a un líder mundial que comparte ese miedo. En un discurso grabado antes de emprender su viaje al exterior, Trump afirmó que muchos líderes musulmanes le habían expresado su preocupación por el papel de Irán como "patrocinador del terrorismo y de la propagación de ideas radicales".

Estados Unidos no puede solucionar por sí solo todos los problemas, pero sí puede apoyar a sus socios en Cercano Oriente para que desempeñen un mayor papel en la lucha contra el extremismo. Con este mensaje, también dirigido a Arabia Saudita, Trump quiso decir que Estados Unidos espera un mayor compromiso de sus socios regionales pero también está dispuesto a cubrirles las espaldas.

En esta estrategia encaja el gran acuerdo armamentístico entre Estados Unidos y Arabia Saudita, anunciado durante la visita de Trump a Riad, y la intención de Washington de proponer a los países árabes una alianza militar a imagen y semejanza de la OTAN. La idea es esta: cuanto más fuertes se hacen los saudíes con su ayuda, tanto menos tiene que intervenir Estados Unidos en un conflicto con Irán.

Lo que en aras de esta estrategia probablemente se sacrifica es la defensa de los derechos humanos. Los expertos no esperan que Trump aborde en Arabia Saudita la desastrosa situación de los derechos humanos en este país. Tampoco se prevé que Trump pida a los saudíes que pongan fin a su devastadora intervención militar en Yemen.

En Riad, Trump seguramente pasa por alto el problema de que la exportación de la interpretación ultraconservadora saudí del islam constituye un caldo de cultivo para el terrorismo islámico e ignora las voces que denuncian el uso de fondos saudíes para financiar a los yihadistas.

En cambio, Trump subrayó en Twitter que para él es "fantástico" poder estar en Riad, una metrópoli situada en el desierto que en este momento sin duda es un lugar más benévolo para él que Washington, donde día a día se revelan nuevos detalles escabrosos de sus aparentes relaciones de complicidad con Rusia. Pero Trump no podrá evitar que la sombra de este escándalo lo persiga también en su primera salida al exterior, especialmente en Europa.

FUENTE: dpa
 

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